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Comedia y Periodismo

October 31, 2010

Fui al conocido Mall de Washington el sábado 30 de octubre para ver con mis propios ojos qué tipo de reacción popular tendría el llamado de los cómicos John Stewart y Stephen Colbert en su acto público llamado “ Para restaurar la cordura/Mantener vivo el miedo”. Por lo general, muchos medios periodísticos dicen que hubo “decenas de miles de personas”. La cantidad era sin duda mucho mayor que eso. El diario The Guardian de Londres estima la asistencia en alrededor de doscientas cincuenta mil personas. Eso creo que está mucho más cerca de la realidad. A pesar de que la guerra en Irak era un tema muy impopular durante el último período del Presidente Bush, ninguna manifestación contra el conflicto pudo, ni de lejos, atraer a tanta gente a Washington. Algunos van más allá y sitúan el número de asistentes al evento de Stewart y Colbert en medio millón de personas.

Para quienes no estén familiarizados con Stewart o Colbert, diremos que son los padres de los noticieros “falsos” y hechos a base de humor. Ambos trabajan en el canal humorístico Comedy Central. Tienen unos niveles de audiencia muy elevados, igual que otro cómico llamado Bill Maher, cuyo programa se ve en la cadena HBO.

Todos son en lo que EEUU se llama liberales o simpatizantes con el Partido Demócrata. Por lo general, los republicanos (y más recientemente el nuevo movimiento del “Tea Party”, aunque los cómicos dicen que ambos son lo mismo) son el centro de sus ataques e ironías. Sin embargo, también atacan a los demócratas. Un ejemplo lo dio Stewart cuando entrevistó el pasado 28 de octubre al Presidente Obama en su programa. Sí, como lo oyen, el Presidente Obama fue al programa cómico y se abrió a la ironía y el castigo de Stewart.  ¿Por qué un Presidente haría eso? Primero porque sabe que es una audiencia que simpatiza con él y segundo porque es muy consciente del poder de ese programa, especialmente entre los más jóvenes. Y eso significa votos.

Stewart  atacó a Obama diciendo, básicamente, que había defraudado a quienes  votaron por él porque no creó una reforma de salud lo suficientemente amplia y profunda. Que fue demasiado tímida. El Presidente respondió que “30 millones de personas con seguro de salud que antes no lo tenían no tiene nada de tímido”, pero el punto es que Stewart, un cómico, tiene el poder para conseguir que el Presidente vaya a su programa y que le hace preguntas con un nivel de irreverencia que periodistas seguramente no se atreverían a hacer.

Por supuesto, Stewart es un comediante y no un periodista. Un periodista no está para hacer chistes, sino para obtener información y después pasársela a su audiencia de una forma profesional y objetiva. No para dar su opinión. Dicho esto,  si cientos de miles de personas se presentan a un evento como el de Stewart y Colbert y millones más siguen casi religiosamente lo que dicen en sus “noticieros” por televisión, me parece claro que el fenómeno va mucho más allá de unos buenos chistes. Es un verdadero fenómeno sociológico.

Los comediantes dijeron que el evento en el Mall no era político. Eso es básicamente ridículo. Todo era política en ese evento y por supuesto era más fácil encontrar una aguja en un pajar que no a un republicano asistiendo al mismo. Sin embargo, ellos insistieron que ese evento no se hizo para apoyar a nadie en concreto, sino para traer de nuevo un clima de civismo en el discurso político del país. Ambos son muy críticos especialmente con los canales políticos televisivos de cable, que dicen, por lo general, no hacen más que envenenar la mente del público difundiendo odio, miedo y mucha información parcial o completamente falsa. Todo con un solo objetivo: aumentar sus índices de audiencia sin importarles las consecuencias que esa información imprecisa o falsa y ese clima de miedo y odio puedan tener en la nación. Sus críticas suelen centrarse en los canales conservadores, como la cadena Fox.  

Según los cómicos, muchos periodistas se centran en partes concretas de la realidad y las generalizan, dando una impresión equivocada de esa realidad. Añaden que el único objetivo es levantar debate, polémica, ataques, polarizar a la sociedad.

La audiencia de esos programas suelen ser personas progresistas y con un nivel de formación respetable. Los comediantes, entre los invitados a sus programas, incluyen a personas del más alto nivel académico, como economistas, políticos, ex presidentes, profesores universitarios o historiadores. Entre ellos, muchos conservadores.  Personas como Stewart dicen que muchas de los llamados expertos que salen opinando en los medios (tanto liberales como conservadores) no tienen la preparación necesaria para poder hablar con autoridad sobre los temas que tocan y que por lo tanto muchos programas políticos acaban convirtiéndose en una verborrea sin fin plagada de gritos y muy poca información objetiva.

Estos programas cómicos se hicieron muy populares por la guerra en Irak. Muchas personas los veían afirmando que eran los únicos lugares donde realmente se daba información completa de lo que ocurría en la guerra. No fueron pocos los que criticaron a los medios tradicionales por no ser más críticos con el gobierno en ese terreno. Tanto a la hora de investigar la veracidad de las acusaciones del gobierno contra Bagdad para ir a la guerra como, posteriormente, en el desarrollo de la guerra en sí. En especial, en el costo humano y material de la misma. Esas personas añadían que esos medios se habían impuesto una autocensura respecto a cuestiones importantes porque eran tiempos de guerra y no era popular criticar al gobierno cuando los soldados estaban muriendo por el país en los campos de batalla iraquíes.

Sean o no ciertas las acusaciones contra los medios tradicionales, lo cierto es que esos programas cómicos crearon una audiencia fiel y masiva. Y sean ciertas o no esas acusaciones, quienes los siguen piensan que viendo a los medios tradicionales no obtienen toda la información que necesitan para enterarse completamente de lo que está pasando en su país y en el mundo. Para eso, tienen que ver Comedy Central o HBO.

No es cierto que no haya lugares en Estados Unidos adonde una persona no pueda ir para ver información completamente seria y de primera categoría. Los noticieros  de las cadenas públicas de radio y televisión (NPR y PBS) son un ejemplo de ese periodismo serio y en profundidad. También es cierto que mucha gente critica las disputas verbales y el nivel de animadversión de los programas de cable, pero después son los primeros en verlos porque disfrutan con esas pugnas dialécticas.

Sin embargo, también es cierto que debería haber muchas más opciones que PBS y NPR para recibir noticias en una forma seria y profunda y que ése debería ser también el papel de los medios tradicionales. Está bien tener programas populares dentro de la programación de, por ejemplo, cualquier canal televisivo. No hay nada de malo en divertirse, además el éxito de esos programas es clave para la supervivencia general de esos canales, pero  también debería ser una obligación contar con un departamento de noticias cuyo objetivo principal no fueran los niveles de audiencia, sino el servicio público a sus televidentes.

Estamos hablando de temas muy serios, como las guerras en Irak o Afganistán o la crisis económica. Temas que afectan, de una forma u otra, a la vida de todas las personas de este país, por no hablar de las personas en los propios Irak y Afganistán, entre otros muchos lugares.

Yo soy un periodista y si nuestra profesión no es capaz de satisfacer la necesidad de información por parte del público hasta el punto de que millones de personas ven programas cómicos para enterarse de lo que está pasando, creo que tenemos un serio problema. Repito que esas personas no ven esos programas sólo para reírse, sino también para obtener información que no encuentran en otros lugares. Si una parte importante del público opta por un cómico en vez de un periodista como yo para enterarse de lo que está pasando, no creo que sea una buena señal para mi profesión.

Esos comediantes son brillantes, hacen unos chistes y unos análisis realmente graciosos. Sin embargo, si ellos se convierten en una fuente importante de información para el  público y no sólo de comedia, tenemos un serio problema en nuestra profesión.

¿Separamos suficientemente lo que es opinión de lo que es información? ¿Nos hemos convertido en activistas en vez de en periodistas? ¿No somos lo suficientemente agresivos a la hora de pedir cuentas a un gobierno o institución? ¿Han perdido muchos medios de comunicación su vocación de servicio público? ¿Se trata ya todo de únicamente de subir los niveles de audiencia? ¿Y se han convertido las  redacciones de los noticieros en otro simple brazo más para subir esos niveles de audiencia en vez de centrarse en informar sobre temas vitales para la población? ¿Por qué los políticos y las instituciones no exigen a los canales que tengan noticieros responsables si quieren obtener una licencia para, por ejemplo, tener un canal de televisión?

A mí me encanta reírme con un buen programa cómico. Sin embargo, me temo que el éxito de eventos como el del Mall en Washington tienen un ángulo preocupante: es una clara prueba de nuestra  incapacidad como periodistas para hacer bien nuestro trabajo. Y no por falta de profesionales dispuestos a hacerlo bien cada día. Hay muchos que a diario demuestran su valía como periodistas. Personas preparadas, con vocación y que trabajan interminables horas para informar a su público de lo que está pasando. Periodistas que, además, han tenido que enfrentarse a enormes desafíos para poder seguir entregando un material de calidad. El problema es que no les dan los medios necesarios para poder hacer bien su trabajo.  Como dije, me encantan los programas cómicos, pero espero que, al menos en lo que al relato de noticias se refiere, podamos ofrecer a la audiencia lo que necesitan y que Comedy Central se vea estrictamente para reírse de la realidad, no para informar sobre la misma.

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Comedy and Journalism

October 31, 2010

I went to Washington, DC’s famous Mall on Saturday, October 30, to witness the reaction of participants to the call by comedians Jon Stewart and Stephen Colbert to their rally to “Restore Sanity/Keep Fear Alive.”  Most press coverage stated that “tens of thousands” attended the event.  The amount of people attending was, undoubtedly, much larger.  London’s The Guardian newspaper estimated attendance at around 250,000.  I think that amount comes closer to reality.  Despite the lack of support for the Iraq war during President George W. Bush’s last years in office, there never was a protest against the war that ever came close to bringing so many people to Washington.  Some go further and say that as many as 500,000 attended the Stewart-Colbert’s event.

For those who are not familiar with Stewart or Colbert, we can call them the fathers of “fake” news shows that are designed from a comedic point of view.  They both work on the basic cable channel Comedy Central.  Their audience levels are quite high, as are those of another comedian called Bill Maher, whose show is broadcast on pay-cable’s HBO.

In the United States, all three are what are known as liberals or sympathizers with the Democratic Party.  In general, the target of their attacks and ironic comments is the Republican Party (and more recently, the new Tea Party movement, although they say that both are the same).  However, they also attack Democrats.  A recent example was when Stewart interviewed President Obama during his October 28 show.  Yes, that’s right; President Obama went to the comedy program and let himself be the target of Stewart’s irony and chastisement.  Why would a President do this?  First of all because he knows that Stewart’s audience is a friendly one and secondly, because he is very cognizant of the show’s power, especially among young viewers.  And those viewers translate into votes.

Stewart confronted Obama by basically saying that he had disappointed those who’d voted for him because the health care reform had not been sufficiently wide reaching and encompassing.  That it had been too timid.  The President disagreed with the term timid and responded by stating that “you’ve got thirty million people that will be getting health insurance as a consequence of this.” But the point is that Stewart, a comedian, has the power to have the President as a guest on his show and that he asked him questions of a level of irreverence that journalists would surely not dare ask.

Of course, Stewart is a comedian, not a journalist.  A journalist is not there to make jokes, but to find out information and later share it with the audience in a professional and objective manner.  Not to give his or her opinion.  That being said, if hundreds of thousands of people attend an event such as the one held by Stewart and Colbert and millions more religiously follow what they say on their “newscasts” on TV, it seems to me that the phenomenon goes beyond some well-written and told jokes.  It is a true sociological phenomenon.

The shows’ audiences tend to be progressive and fairly well educated.  Their guests include academicians such as economists and historians, as well as politicians and former presidents.  Many of them are conservatives as well.  People such as Stewart say that many of the so- called experts featured on news shows (be they liberals or conservatives) aren’t qualified to speak authoritatively about the subjects they discuss and, therefore, many of the shows where political issues are discussed end up turning into an endless stream of consciousness full of screams where very little objective information is discussed.

These comedy shows became very popular because of the war in Iraq.  Many people watched them because they say these shows were the only place where they could truly get the real story of what was happening in the war.  Many criticized traditional news media because it was not more critical of the government.  Both when it came to finding out the truth about the government’s accusations against Baghdad as justification for the war, as well as, later, the development of the war itself.  Especially, the human and financial cost of the war.  These critics added that the media had censored itself regarding important issues because it was wartime and it was not popular to criticize the government when US soldiers were dying in the Iraqi battlefield.

Whether or not these charges against mainstream media are true, the reality is that these comedy shows built a loyal and massive audience.  And whether the accusations are true or not, those who watch the shows believe that watching mainstream media they do not get the whole story that they need to find out what is happening in their country and the world.  For that they have to go to Comedy Central or HBO.

It isn’t true that there is nowhere in the United States where someone can’t go to get first-rate and completely serious news information.  The news programs produced by public television and radio (PBS and NPR) are an example of this serious and in-depth news reporting.  It is also true that many people criticize the verbal disputes and the level of entertainment on cable television, but they are the same people who are first in line to enjoy those dialectic matches.

However, it is also true that there should be many more options than PBS and NPR to get news in a serious and in-depth manner and that should also be the role of the mainstream media.  It is fine to have popular programs as part of a channel’s schedule.  There is nothing wrong with wanting to be entertained, especially when the success of that type of programming is key to the general survival of those channels.  But it should also be an obligation to have a news department whose principal objective is not the audience levels, but to providing a public service to its viewers.

We are dealing with very serious matters, such as the wars in Iraq or Afghanistan or the economic crisis.  Issues that affect, in one way or another, the lives of every person in this country, not to mention people in Iraq and Afghanistan, and many other parts of the world.

I am a journalist and if our profession isn’t able to satisfy the public’s need for information to the point where millions of people watch comedy shows to find out what is really happening, I think we have a very serious problem.  I reiterate that these people don’t only watch these shows to laugh, but to find out information that they say they can’t find out anywhere else.  I don’t think it’s a good sign for my profession if a large portion of the public chooses a comedian instead of a journalist like me to find out what is going on.

These comedians are brilliant, make jokes and analysis that are truly hilarious.  However, if they become an important source of information to the public, and not only a source of comedy, there is a truly serious problem for our profession.

Do we clearly differentiate opinion from information?  Have we become activists instead of journalists? Are we not sufficiently aggressive when it comes time to make governments or institutions accountable?  Have many media outlets lost their vocation of public service?  And, have newsrooms become another way to raise audience levels instead of focusing on informing the public about issues of vital importance to them?  Why don’t politicians and institutions make it a requirement that to be able to secure a broadcasting license a channel must have professional newscasts that are not ratings-driven in its programming?

I love to laugh watching a good comedy show.  However, I fear that the success of events such as yesterday’s on the Mall in Washington, DC has a worrisome angle:  they are clear proof of our inability, as journalists, to do our job well.  And this isn’t because of lack of professionals who are willing to do their jobs well on a daily basis.  There are many who, day-to-day, show their worth as journalists.  Well-educated people, for whom journalism is a vocation and who work endless hours to inform the public about what’s going on.  Journalists who, in addition, have had to face enormous challenges to be able to bring quality stories on air.  The problem is that they don’t have the necessary resources at hand to do their job well.  As I said before, I love comedy shows, but I hope that, at least regarding news reporting, we can offer our audience what they need and that Comedy Central can be watched to laugh at reality, not to inform about it.