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Estupidez electoral en EEUU

November 1, 2012

Hoy fui a votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Al elegir a mi candidato, cuál fue mi sorpresa al ver que todo el proceso es electrónico y que no queda absolutamente ningún record en papel de lo que yo voté. Sólo se me ofreció la posibilidad de votar electrónicamente. Esto atenta contra el más básico sentido común. Una cosa es que sigamos un proceso electrónico para ser más rápidos y eficientes y otra muy distinta que confiemos completamente en ese sistema y no podamos contrastar los resultados finales con  ninguna otra fuente de información para garantizar que son fidedignos. Eso no sólo es ridículo, sino muy peligroso y hasta me atrevería a decir estúpido.

EEUU insiste sistemáticamente a muchos países del mundo en que tenga unas elecciones transparentes y fiables, ¿pero lo son las estadounidenses? ¿Está totalmente descartado un fraude cibernético en Estados Unidos? ¿Podría incluso un simple error no intencional modificar los resultados? ¿Es el sistema de voto electrónico fiable al cien por cien? ¿Es posible pensar que en algún momento un presidente pueda llegar a la Casa Blanca debido a fallos en el sistema de voto electrónico y no por haber ganado legítimamente las elecciones?

Yo fui asesor de comunicación del Tribunal Supremo Electoral de Guatemala durante las elecciones presidenciales del 2011. En Guatemala se votó con papel, pero los colegios electorales enviaron la información electrónicamente al Tribunal Supremo Electoral para que los votos fueran tabulados más rápidamente y el pueblo guatemalteco supiera lo antes posible quién sería su próximo presidente. Sin embargo, tras enviar el recuento de votos electrónicamente, las papeletas fueron transportadas al tribunal para ser contadas una a una y verificar que la información electrónica fue correcta. La tarea se realizó frente a representantes de los distintos partidos políticos para garantizar la imparcialidad. Eso es un ejemplo de adaptarse a los tiempos y usar los medios cibernéticos de forma razonable e inteligente, pero, al mismo tiempo, conservando el sentido común.

Si estamos eligiendo al líder de los Estados Unidos durante los próximos cuatro años, ¿no es necesario tomar todas las medidas necesarias de precaución para asegurarnos de que el resultado refleje la voluntad de los votantes? ¿Por qué Guatemala puede usar votos de papel y después recontarlos y Estados Unidos no? ¿Cuál es el inconveniente para hacerlo y despejar así cualquier duda sobre un posible fraude o error? ¿Y no es eso especialmente importante cuando la realidad ha demostrado que una elección presidencial puede perderse en EEUU por apenas 537 votos, como ocurrió en la contienda entre Gore y Bush?

Este año la policía austríaca arrestó a un joven de quince años acusándolo de haber penetrado las operaciones cibernéticas de 259 empresas. Pero la lista es larga. Todo tipo de grandes empresas internacionales han sido penetradas por los llamados hackers, incluso las expertas en operaciones cibernéticas. Y la lista se amplía a gobiernos. El propio Pentágono ha admitido que ha sido penetrado cibernéticamente repetidas veces. Y si el Pentágono, con cientos de miles de millones de dólares de presupuesto y con una unidad de élite especializada específicamente en evitar que hackers logren penetrar al Departamento de Defensa, es penetrado, ¿por qué no sería factible poder alterar cibernéticamente los resultados de unas elecciones? ¿Y si fuera un gobierno extranjero enemigo de Estados Unidos el que quisiera hacerlo? Podría usar recursos ilimitados a tal fin.

En un tema tan importante como unas elecciones hay que usar el sentido común y, al final del día, es necesario contar votos en papel para asegurarse de que coinciden con la tabulación cibernética. Estoy completamente a favor de que se pueda votar electrónicamente por los motivos antes mencionados, pero el votante tiene que obtener un record en papel de lo que votó y dejarlo en el colegio electoral para que al final del día haya un recuento de votos fiable. No hay otra forma para que el votante se vaya tranquilo pensando que su voto realmente se contó bien. Es la legitimidad de las mismas elecciones la que está en juego. Es realmente increíble que el gobierno federal tenga un presupuesto de más de 3 billones (trillion) de dólares y que sin embargo no haya invertido una cantidad que sería irrisoria comparada al total en un sistema que despeje cualquier duda sobre la legitimidad del próximo presidente estadounidense.

Hoy fui a votar y cuando vi que no quedaba ningún record en papel de mi voto no pude dejar de pensar que las elecciones de Guatemala podrían ser más fiables que las de los EEUU.

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Tucson: manejo exitoso de crisis

January 17, 2011

Cuando uno lee un editorial en The Washington Post del senador republicano John McCain titulado “Un discurso admirable del Presidente Obama”, queda claro que ese discurso tuvo que ser realmente memorable. El senador McCain, además, fue el candidato republicano en las últimas elecciones presidenciales. El rival directo de Barack Obama. En el editorial, McCain se refiere al discurso que el Presidente pronunció en el servicio conmemorativo por las víctimas del tiroteo en Tucson, Arizona, y, entre otras cosas, califica a Barack Obama de “patriota”.

El objetivo del discurso del Presidente era unir al país ante la tragedia. Es el deber de los presidentes en momentos como estos. Y el comentario general es que lo consiguió.

Obama criticó el ambiente de hostilidad política verbal que hay en Washington. El motivo es que los comentarios iniciales culparon a ese tenso clima político del ataque a la congresista Gabrielle Giffords en Tucson.

Muchos líderes, así como el Presidente, repitieron que tenemos que regresar a un escenario político en el cual se puede disentir activa y apasionadamente con otra persona, pero dentro de un marco de civismo.

Yo pienso que ese clima de ataque y contraataque políticos no es ni mucho menos un monopolio de los Estados Unidos. Eso ocurre en todos y cada uno de los países en los que he trabajado y vivido. Disentir agresivamente es algo inherente a la política. Es más, lo peligroso sería la falta de ese vivo debate, ya que significaría que no existe democracia.

Afortunadamente, y aunque todos recordamos dolorosas excepciones, en Estados Unidos esas disputas se resuelven en las urnas. Tucson fue una excepción. No queda ni siquiera claro si fue un intento de asesinato político contra una congresista basado en motivos ideológicos o simplemente la obra de un perturbado que se enfocó en la legisladora como se hubiera podido obsesionar con cualquier otra persona y por cualquier otro motivo. Todos los expertos coinciden en que el supuesto atacante, Jared Lee Loughner, sufre severos problemas mentales. De hecho, estudios del Servicio Secreto de Estados Unidos determinan que la gran mayoría de los así llamados “asesinatos políticos” en este país no tienen nada que ver con política. Tras muchas entrevistas con personas que han atentado, con y sin éxito, contra líderes políticos, los estudios concluyen que casi todos los atacantes sufren de problemas mentales y que ésa es la verdadera causa de los atentados. No la disensión política.

Hablando estrictamente desde el punto de vista comunicacional, lo que me parece claro es que la crisis se manejó magistralmente por todas las partes.

El país estuvo pegado a las pantallas de televisión durante varios días para informarse de todos los detalles de lo sucedido. La tragedia realmente impactó a la nación. Todas y cada una de las víctimas fueron pérdidas irreparables, pero el caso de la pequeña Christina-Taylor Green tocó sin duda de forma especial el corazón de los estadounidenses. Una niña de apenas nueve años nacida, paradójicamente, el 11 de septiembre del 2001. El día de los ataques terroristas contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y el Pentágono. Una pequeña a quien le atraía la política y que quería ver y escuchar en persona a la congresista.

La tarea del Presidente de unir a la nación en su discurso no era fácil debido al clima de división política al que me he referido. Sin embargo, no sólo hizo eso bien, sino que manejó la crisis de forma magistral.

El Presidente reaccionó enseguida ante lo ocurrido. Emitió rápidamente un comunicado de prensa. Después, compareció frente a las cámaras de televisión para dar su pésame a los familiares de las víctimas y expresar sus deseos de pronta recuperación para los heridos. Obama incluso envió al propio director del FBI a Arizona a liderar la investigación y ofreció todos los recursos federales que fueran necesarios. Su siguiente paso fue desplazarse personalmente junto a la Primera Dama a Tucson y asistir al servicio conmemorativo. En todo momento se vio a un presidente muy activo y en tono con el dolor del resto del país.

La oposición política republicana, de igual forma, actuó sin partidismos y enfocándose en lo importante, las víctimas, y dejando de lado cualquier lucha partidista. Un ejemplo es el editorial por parte del senador McCain. Algo interpretado como un ejemplo de elegancia, clase, responsabilidad y liderazgo político de primer nivel por parte del senador republicano.

Alguien que sí levantó controversia fue la ex candidata a vicepresidenta por el Partido Republicano, Sarah Palin.  La ex gobernadora de Alaska, en un mensaje en video lanzado a través de su página en Facebook, usó un término históricamente interpretado como antisemita y que sin duda distrajo a su audiencia de su mensaje principal. Otros también la criticaron por hablar demasiado de política y de no centrarse más en las víctimas.

Algunos la habían acusado de crear un clima político propicio para la confrontación en lugares como Arizona. Los líderes políticos nacionales, tanto demócratas como republicanos, repitieron que el único responsable de una tragedia semejante es quien apretó el gatillo.

Muchos de los defensores de Palin dicen que ella no entendió el contexto de la frase que utilizó. Pocos se explican, de todas formas, cómo ninguno de sus asesores dio una señal de alarma al respecto. Algo que sólo echó aún más leña al fuego de las personas que la acusan de no tener la preparación intelectual necesaria para ser presidenta.

No obstante, la crisis fue en general, muy bien manejada por todas las partes involucradas.

La actuación del Presidente fue alabada hasta por sus más feroces críticos republicanos. La oposición republicana fue alabada por los demócratas. La clase política mostró una unión poco habitual en Washington. No se enfocaron en ellos sino en la tragedia en sí y urgieron a un tono político más respetuoso.

Los partidarios del uso de armas, a pesar de la tragedia, no perdieron terreno. De hecho tan sólo días después del tiroteo hubo una feria de armas en Arizona a la que acudieron miles de personas. Ellos insisten en que el problema no son las armas y que cualquier ciudadano tiene el derecho constitucional a tenerlas. Según ellos, el problema es controlar que criminales y personas desequilibradas mentalmente no tengan acceso a las mismas. Aunque el tema de las armas obviamente se tocó durante las coberturas periodísticas de la tragedia, el tiroteo no motivó realmente un profundo debate nacional sobre el uso de armas en Estados Unidos. Sin duda los grupos pro armas supieron también tratar con éxito esta crisis. Dieron su posición, pero respetando el dolor de las víctimas. Lograron evitar que se produjera un sentimiento popular en su contra que pudiera propiciar legislación federal significativa contra sus intereses.

Otro de los grupos que manejaron muy bien la situación fueron los médicos involucrados en la tragedia. Se hicieron siempre disponibles, dieron partes constantes de la evolución de los heridos, comunicaron con efectividad y de forma entendible todos los procedimientos médicos y mostraron clara simpatía con el sufrimiento de los familiares. Se manejaron con enorme profesionalidad en una situación ciertamente agotadora tanto física como mentalmente. Y frente a cientos de periodistas de todo el mundo.

Esto nos indica que una de los puntos principales para manejar con éxito cualquier crisis es prepararse para ella antes de que ocurra. Los médicos y el hospital sin duda lo hicieron. Algo así puede ocurrir desgraciadamente cualquier día y esa capacidad de comunicar efectivamente no se puede improvisar.

Este es un ejemplo de lo bien que se ha manejado una crisis, pero hay una larga lista de crisis muy mal manejadas a todos los niveles que han impactado muy negativamente en la reputación no sólo de los involucrados directamente en la crisis sino, por ejemplo, en líderes políticos al más alto nivel.  Si estudian con atención cómo se reaccionó en Tucson, sin duda podrán estar mejor preparados para las futuras crisis, que, sin duda, tendrán que afrontar algún día.

Comedia y Periodismo

October 31, 2010

Fui al conocido Mall de Washington el sábado 30 de octubre para ver con mis propios ojos qué tipo de reacción popular tendría el llamado de los cómicos John Stewart y Stephen Colbert en su acto público llamado “ Para restaurar la cordura/Mantener vivo el miedo”. Por lo general, muchos medios periodísticos dicen que hubo “decenas de miles de personas”. La cantidad era sin duda mucho mayor que eso. El diario The Guardian de Londres estima la asistencia en alrededor de doscientas cincuenta mil personas. Eso creo que está mucho más cerca de la realidad. A pesar de que la guerra en Irak era un tema muy impopular durante el último período del Presidente Bush, ninguna manifestación contra el conflicto pudo, ni de lejos, atraer a tanta gente a Washington. Algunos van más allá y sitúan el número de asistentes al evento de Stewart y Colbert en medio millón de personas.

Para quienes no estén familiarizados con Stewart o Colbert, diremos que son los padres de los noticieros “falsos” y hechos a base de humor. Ambos trabajan en el canal humorístico Comedy Central. Tienen unos niveles de audiencia muy elevados, igual que otro cómico llamado Bill Maher, cuyo programa se ve en la cadena HBO.

Todos son en lo que EEUU se llama liberales o simpatizantes con el Partido Demócrata. Por lo general, los republicanos (y más recientemente el nuevo movimiento del “Tea Party”, aunque los cómicos dicen que ambos son lo mismo) son el centro de sus ataques e ironías. Sin embargo, también atacan a los demócratas. Un ejemplo lo dio Stewart cuando entrevistó el pasado 28 de octubre al Presidente Obama en su programa. Sí, como lo oyen, el Presidente Obama fue al programa cómico y se abrió a la ironía y el castigo de Stewart.  ¿Por qué un Presidente haría eso? Primero porque sabe que es una audiencia que simpatiza con él y segundo porque es muy consciente del poder de ese programa, especialmente entre los más jóvenes. Y eso significa votos.

Stewart  atacó a Obama diciendo, básicamente, que había defraudado a quienes  votaron por él porque no creó una reforma de salud lo suficientemente amplia y profunda. Que fue demasiado tímida. El Presidente respondió que “30 millones de personas con seguro de salud que antes no lo tenían no tiene nada de tímido”, pero el punto es que Stewart, un cómico, tiene el poder para conseguir que el Presidente vaya a su programa y que le hace preguntas con un nivel de irreverencia que periodistas seguramente no se atreverían a hacer.

Por supuesto, Stewart es un comediante y no un periodista. Un periodista no está para hacer chistes, sino para obtener información y después pasársela a su audiencia de una forma profesional y objetiva. No para dar su opinión. Dicho esto,  si cientos de miles de personas se presentan a un evento como el de Stewart y Colbert y millones más siguen casi religiosamente lo que dicen en sus “noticieros” por televisión, me parece claro que el fenómeno va mucho más allá de unos buenos chistes. Es un verdadero fenómeno sociológico.

Los comediantes dijeron que el evento en el Mall no era político. Eso es básicamente ridículo. Todo era política en ese evento y por supuesto era más fácil encontrar una aguja en un pajar que no a un republicano asistiendo al mismo. Sin embargo, ellos insistieron que ese evento no se hizo para apoyar a nadie en concreto, sino para traer de nuevo un clima de civismo en el discurso político del país. Ambos son muy críticos especialmente con los canales políticos televisivos de cable, que dicen, por lo general, no hacen más que envenenar la mente del público difundiendo odio, miedo y mucha información parcial o completamente falsa. Todo con un solo objetivo: aumentar sus índices de audiencia sin importarles las consecuencias que esa información imprecisa o falsa y ese clima de miedo y odio puedan tener en la nación. Sus críticas suelen centrarse en los canales conservadores, como la cadena Fox.  

Según los cómicos, muchos periodistas se centran en partes concretas de la realidad y las generalizan, dando una impresión equivocada de esa realidad. Añaden que el único objetivo es levantar debate, polémica, ataques, polarizar a la sociedad.

La audiencia de esos programas suelen ser personas progresistas y con un nivel de formación respetable. Los comediantes, entre los invitados a sus programas, incluyen a personas del más alto nivel académico, como economistas, políticos, ex presidentes, profesores universitarios o historiadores. Entre ellos, muchos conservadores.  Personas como Stewart dicen que muchas de los llamados expertos que salen opinando en los medios (tanto liberales como conservadores) no tienen la preparación necesaria para poder hablar con autoridad sobre los temas que tocan y que por lo tanto muchos programas políticos acaban convirtiéndose en una verborrea sin fin plagada de gritos y muy poca información objetiva.

Estos programas cómicos se hicieron muy populares por la guerra en Irak. Muchas personas los veían afirmando que eran los únicos lugares donde realmente se daba información completa de lo que ocurría en la guerra. No fueron pocos los que criticaron a los medios tradicionales por no ser más críticos con el gobierno en ese terreno. Tanto a la hora de investigar la veracidad de las acusaciones del gobierno contra Bagdad para ir a la guerra como, posteriormente, en el desarrollo de la guerra en sí. En especial, en el costo humano y material de la misma. Esas personas añadían que esos medios se habían impuesto una autocensura respecto a cuestiones importantes porque eran tiempos de guerra y no era popular criticar al gobierno cuando los soldados estaban muriendo por el país en los campos de batalla iraquíes.

Sean o no ciertas las acusaciones contra los medios tradicionales, lo cierto es que esos programas cómicos crearon una audiencia fiel y masiva. Y sean ciertas o no esas acusaciones, quienes los siguen piensan que viendo a los medios tradicionales no obtienen toda la información que necesitan para enterarse completamente de lo que está pasando en su país y en el mundo. Para eso, tienen que ver Comedy Central o HBO.

No es cierto que no haya lugares en Estados Unidos adonde una persona no pueda ir para ver información completamente seria y de primera categoría. Los noticieros  de las cadenas públicas de radio y televisión (NPR y PBS) son un ejemplo de ese periodismo serio y en profundidad. También es cierto que mucha gente critica las disputas verbales y el nivel de animadversión de los programas de cable, pero después son los primeros en verlos porque disfrutan con esas pugnas dialécticas.

Sin embargo, también es cierto que debería haber muchas más opciones que PBS y NPR para recibir noticias en una forma seria y profunda y que ése debería ser también el papel de los medios tradicionales. Está bien tener programas populares dentro de la programación de, por ejemplo, cualquier canal televisivo. No hay nada de malo en divertirse, además el éxito de esos programas es clave para la supervivencia general de esos canales, pero  también debería ser una obligación contar con un departamento de noticias cuyo objetivo principal no fueran los niveles de audiencia, sino el servicio público a sus televidentes.

Estamos hablando de temas muy serios, como las guerras en Irak o Afganistán o la crisis económica. Temas que afectan, de una forma u otra, a la vida de todas las personas de este país, por no hablar de las personas en los propios Irak y Afganistán, entre otros muchos lugares.

Yo soy un periodista y si nuestra profesión no es capaz de satisfacer la necesidad de información por parte del público hasta el punto de que millones de personas ven programas cómicos para enterarse de lo que está pasando, creo que tenemos un serio problema. Repito que esas personas no ven esos programas sólo para reírse, sino también para obtener información que no encuentran en otros lugares. Si una parte importante del público opta por un cómico en vez de un periodista como yo para enterarse de lo que está pasando, no creo que sea una buena señal para mi profesión.

Esos comediantes son brillantes, hacen unos chistes y unos análisis realmente graciosos. Sin embargo, si ellos se convierten en una fuente importante de información para el  público y no sólo de comedia, tenemos un serio problema en nuestra profesión.

¿Separamos suficientemente lo que es opinión de lo que es información? ¿Nos hemos convertido en activistas en vez de en periodistas? ¿No somos lo suficientemente agresivos a la hora de pedir cuentas a un gobierno o institución? ¿Han perdido muchos medios de comunicación su vocación de servicio público? ¿Se trata ya todo de únicamente de subir los niveles de audiencia? ¿Y se han convertido las  redacciones de los noticieros en otro simple brazo más para subir esos niveles de audiencia en vez de centrarse en informar sobre temas vitales para la población? ¿Por qué los políticos y las instituciones no exigen a los canales que tengan noticieros responsables si quieren obtener una licencia para, por ejemplo, tener un canal de televisión?

A mí me encanta reírme con un buen programa cómico. Sin embargo, me temo que el éxito de eventos como el del Mall en Washington tienen un ángulo preocupante: es una clara prueba de nuestra  incapacidad como periodistas para hacer bien nuestro trabajo. Y no por falta de profesionales dispuestos a hacerlo bien cada día. Hay muchos que a diario demuestran su valía como periodistas. Personas preparadas, con vocación y que trabajan interminables horas para informar a su público de lo que está pasando. Periodistas que, además, han tenido que enfrentarse a enormes desafíos para poder seguir entregando un material de calidad. El problema es que no les dan los medios necesarios para poder hacer bien su trabajo.  Como dije, me encantan los programas cómicos, pero espero que, al menos en lo que al relato de noticias se refiere, podamos ofrecer a la audiencia lo que necesitan y que Comedy Central se vea estrictamente para reírse de la realidad, no para informar sobre la misma.

El periodismo en la sala de emergencias

July 24, 2010

Salvo honrosas excepciones, para mí, el periodismo está en claro declive. Cada vez menos relevante a la hora de ejercer sus funciones principales como mecanismo de control e investigación de temas vitales para la sociedad. El último ejemplo lo tenemos en el surrealista caso de Shirley Sherrod.

Surrealista, para empezar, porque el Presidente Obama la telefoneó dos veces, no pudo localizarla y ésta ni le devolvió la llamada hasta el día siguiente. ¿Cómo? ¿Qué me dice? ¿El Presidente Obama? ¿El mismo al que líderes internacionales cortejan constantemente y hacen todo tipo de esfuerzos y piruetas políticas para que los reciba fugazmente en la Casa Blanca? Sí, el mismo. Como lo oye. Y cuando al fin pudo hablar con ella, fue para pedirle perdón. Y éste es sólo el último de los giros de esta historia de casi periodismo-ficción.

¿Qué había originado esa disculpa presidencial? La señora Sherrod era una empleada del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. El pasado 27 de marzo, Sherrod pronunció un discurso frente a la organización NAACP, que defiende los derechos civiles de las minorías en Estados Unidos. Hace unos días, un bloguero y activista conservador, Andrew Breitbart, puso en YouTube un vídeo con parte de lo que la señora Sherrod dijo en ese evento.

En el vídeo, la mujer admitió que hace 24 años dudó sobre si ayudar a un granjero blanco quien acudió a ella para poder conservar su granja. ¿El motivo? Que era blanco. Sherrod, de aquella, trabajaba en el sur del país para una agencia sin ánimo de lucro establecida para ayudar a granjeros negros. La señora Sherrod es negra.

Cuando el vídeo llegó a los medios de comunicación, ardió Troya.  Un extraño y esquizofrénico virus se apoderó de los medios, la Administración y, todo hay que decirlo, también del propio público. Hasta un alumno de primero de periodismo de cualquier universidad se hubiera comportado de forma más profesional, ética y responsable que muchos de los periodistas que cubrieron esta noticia.

En especial los canales conservadores comenzaron a atacar ferozmente a Sherrod acusándola de racista. Como pólvora encendida, el vídeo invadió la Internet y los ataques aumentaron, hasta que el Secretario de Agricultura decidió despedirla de su trabajo. Es decir, se quedó en la calle y con la etiqueta de racista a cuestas. Algunos comentaristas han dicho que la Casa Blanca reaccionó de forma tan rápida y contundente por temor a que acusaran a la Administración de un presidente afroamericano de racismo contra los blancos.

Pequeño problema. Resulta que el vídeo que subieron a YouTube era un extracto muy concreto de lo que ella dijo en el acto de NAACP. En realidad la historia que contó Sherrod fue completamente contraria: de arrepentimiento, de reconciliación racial.

En el evento, Sherrod reconoció sus prejuicios de entonces, sus luchas interiores y afirmó que finalmente decidió que tanto el granjero como ella eran seres humanos y que no había diferencia entre ellos. Sherrod no sólo ayudó al granjero blanco a conservar su granja sino que forjó una sólida amistad con él. El granjero, Roger Spooner, y su familia confirmaron que todo lo que dijo Sherrod es verdad. Es decir, que ocurrió exactamente lo contrario a la imagen que el mundo recibió de la señora Sherrod. Sin embargo, allí estaba ella: despedida de su trabajo, calumniada y criticada constantemente por unos y otros.

Posteriormente, el bloguero conservador reconoció que el vídeo que subió a YouTube era en realidad una versión editada del discurso. Según él, los que se la pasaron nunca le dijeron que eran extractos seleccionados. Sea o no cierto, el daño ya estaba hecho y el periodismo en general sufrió un duro revés. Otros acusan al bloguero de saber perfectamente que se trataban de citas seleccionadas y que lo subió a YouTube de todas formas para crear controversia atacando a la Administración Obama y potenciar su blog.

¿Nadie verificó que la historia y las acusaciones fueran correctas? ¿Dónde está la ética periodística? ¿Dónde está la objetividad, el sentido de equidad y justicia informativa? ¿Nadie se molestó en pedir la copia completa del discurso para ver si las citas reflejaban el espíritu de lo que se dijo? ¿O sería que, tal y como sucedió, esas citas estaban fuera de contexto? ¿Se contactó a alguien que fuera físicamente al evento para verificar la autenticidad de lo que se dijo? ¿Se consultaron diversas fuentes para contrastar la información? ¿Algún editor de experiencia repasó la noticia antes de ponerla al aire o imprimirla? ¿Nadie sospechó que una organización que pide la armonía social como la NAACP invitara una supuesta racista a hablar frente a ellos? ¿No levantó, ese simple hecho, señales de alarma? ¿Alguien se molestó en hablar con ella para que se defendiera de las acusaciones? ¿Alguien exigió que la historia no se hiciera pública hasta que todos los datos estuvieran confirmados, para no causar un daño irreparable en la reputación de una persona si las acusaciones no fueran ciertas? Madre mía, podría seguir escribiendo preguntas de este tipo todo el día. Estos puntos son los pilares básicos del periodismo.

Sin embargo, como dije, esto va más allá. ¿Cómo puede la Administración Obama despedir a alguien de su trabajo sin verificar que esas acusaciones son ciertas, basándose sólo en informes de la prensa? ¿Es que en el gobierno no saben que lo que sale en los medios no siempre es necesariamente verdad? Entonces, ¿es cierto, como insisten algunos, que el Presidente Obama nació en realidad en Kenia y que además no es cristiano sino musulmán? ¿Es cierto también que Elvis Presley estaba desayunando esta mañana en Las Vegas un suculento plato de huevos revueltos con jamón? ¿Y cómo es posible que la población en general también se deje influenciar de semejante forma por los medios sin mostrar el más mínimo espíritu crítico? ¿Dijo alguien, “un momento, ¿es esto cierto? ¿No se estará exagerando el tema? ¿No serán acusaciones falsas con motivación política? ¿Han dado oportunidad a que ella se defienda?”?  No, nadie dijo nada y la vida de una señora que luchó durante décadas por los derechos civiles de muchos, sin importar su color de piel, cambió radicalmente en apenas unos días. De repente, el país la consideraba una racista.

Cuando todos se dieron cuenta el enorme error cometido, surgió un gran sentimiento de vergüenza colectiva. El Secretario de Agricultura pidió perdón durante una conferencia de prensa y le ofreció otro trabajo. Algunos medios también pidieron excusas y el propio Presidente Obama la llamó para disculpar a su Administración.

Sin embargo, de nuevo, esto va mucho más allá del caso concreto de una persona. En este caso, la señora Sherrod. Esto es la consecuencia de lo que vemos en el periodismo de hoy en día. Por una parte, los medios despiden a una gran cantidad de periodistas muy experimentados para sustituirlos por recién graduados que cobran una tercera parte de salario, pero que, claro, no tienen ninguna experiencia. Las redacciones cada vez tienen menos profesionales y los que se quedan tienen un volumen de trabajo enorme. No se pueden concentrar debidamente en su trabajo. No es su culpa. Ahora uno tiene que hacer el trabajo de dos o tres, cooperar en la parte digital e incluso A VECES filmar y editar vídeo de los eventos que cubre. Con esas condiciones, es imposible realizar un buen trabajo como periodista.

Por otra parte, ha surgido la llamada blogosfera, que no es necesariamente periodismo. Muchas veces, todo lo contrario. Un extraño mundo donde vemos verdaderos profesionales, pero también un ejército de personas sin la más mínima preparación y que sin embargo se anuncian como periodistas serios. Eso, por supuesto, sin contar la catarata de lunáticos, activistas políticos que se hacen pasar por periodistas y personas que no tienen ni la más remota idea de lo que están hablando.  El resultado es que en la Web uno encuentra de todo, pero el lector no siempre sabe o puede distinguir qué es buena información o pura propaganda.

Los medios siempre han luchado por salir antes que la competencia con una noticia. Es la naturaleza del periodismo. Anticiparse. Sin embargo, con la llegada de la Web y los canales de noticias de 24 horas, ahora la lucha muchas veces es por salir tan solo segundos antes que esa competencia. La presión a salir primero es muy fuerte y, como vemos, no siempre se hace el trabajo adecuado antes de publicar esa noticia. La velocidad prima sobre la veracidad.

Un medio de comunicación tiene que ser un lugar donde hay periodistas de peso, verdaderos profesionales. Personas que dedican su vida a investigar y a informar de forma veraz y objetiva a sus lectores, televidentes o radioescuchas. Tiene que ser un lugar de referencia, en el que se pueda confiar. No puede ser un ejemplo del vodevil que hemos visto en el caso de la señora Sherrod. Yo admiro profundamente a los periodistas que se toman en serio su profesión. Son vitales para la sociedad. Una verdadera democracia no puede funcionar sin una prensa fuerte, independiente, veraz, preparada, valiente. No obstante, me parece que los periodistas que no están en ese grupo hacen un enorme daño a la sociedad y tenemos que protegernos de ellos.

Algunos considerarán este episodio una anécdota, pero el problema es que no lo es. Es una tendencia muy peligrosa. ¿Recuerdan la guerra en Irak? ¿Recuerdan las armas de destrucción masiva que supuestamente había en Irak? La prensa hizo un muy pobre papel en la cobertura previa a la guerra. ¿Y qué me dicen de la crisis económica que vivimos hoy en día? ¿Cómo es posible que los periodistas especializados no averiguaran el enorme problema que se estaba creando? Ahora sabemos que no fueron pocos quienes lo predijeron, pero, ¿dónde estaban esos periodistas para revelar esas preocupaciones, el peligro inminente de una catástrofe financiera? Seguramente, debido a la creciente falta de medios, esos periodistas estaban cubriendo varias historias al día y sin demasiado tiempo para hacer bien ninguna de ellas.

Desde mi punto de vista, sólo quedan contados medios con los recursos necesarios y el personal capacitado para realmente marcar una diferencia en el mundo periodístico actual. La mayoría está haciendo el trabajo varias personas o bien enfrascados en buscar el escándalo irrelevante más grande del día para subir el índice de audiencia de la cadena o el número de ejemplares que se venden de su diario. A muchos blogueros ni les importa si lo que dicen es verdad o mentira. Todo se centra en provocar escándalo y confrontación para obtener más entradas en su página. Y con ello, notoriedad. Fama. A otros con motivaciones políticas, tanto de la derecha como de la izquierda, ni siquiera les importa eso, sino dañar políticamente a su oponente. De nuevo, sin importar si las acusaciones sean verdad o una simple fabulación. Ya sabe, una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad.

Todo esto representa un gran peligro para la democracia y para el bien general de la sociedad. Las crisis provocan serios problemas económicos para millones de familias. Las guerras provocan muertos y enormes deudas. El público tiene el derecho a estar bien informado para tomar decisiones importantes. La misión del periodismo es proveer esa información. Siempre se decía que el periodismo “informa, educa y entretiene”. Desde mi punto de vista el periodismo actual informa poco, educa menos y cada vez entretiene más.

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El General en su Laberinto

June 24, 2010

La nueva víctima de la falta de Media Training es un general del Ejército de los Estados Unidos y se llama Stanley McChrystal. A pesar de haber tenido una exitosa carrera de 35 años en las Fuerzas Armadas, su fin llegó precipitadamente por no estar preparado para saber tratar con la prensa.

Un general de cuatro estrellas y encargado principal de la guerra en Afganistán difícilmente puede ser un estúpido. La pregunta inmediata es: ¿cómo pudo cometer entonces semejante fallo?

Yo he cubierto muchos conflictos y jamás he visto ningún ejército en el mundo donde los militares puedan hablar con más libertad que en el de los Estados Unidos. Son siempre muy accesibles en el campo de batalla y los altos mandos permiten que se les entreviste. A veces aplauden las decisiones que toman sus jefes y otras veces no, dando su punto de vista del por qué. También opinan si están de acuerdo o no en combatir en un conflicto determinado. Por supuesto, aunque no estuvieran de acuerdo, acatan las órdenes y las cumplen. Esa apertura no es habitual en otras fuerzas armadas.

Sin embargo, McChrystal claramente se excedió. En una entrevista con la revista Rolling Stone llamó “payaso” al Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirmó que el Presidente Obama parecía “intimidado y ausente” ante la cúpula militar estadounidense, se refirió al Vicepresidente Joe Biden con una expresión figurativa cuya traducción no podría publicarse en este blog pero que definitivamente no es ninguna alabanza y, para colmo, calificó de poco menos que de traidor al embajador de Washington en Kabul.

Me parece obvio que McChrystal no pretendía realizar estas críticas y después renunciar a su puesto en desacuerdo con cómo se está ejecutando la guerra en Afganistán. Si ése hubiera sido el caso, al leer la entrevista, no hubiera llamado inmediatamente al Vicepresidente Joe Biden para pedirle excusas ni hubiese esperado a que el Presidente Obama decidiera si lo despedía o no. El se hubiera adelantado renunciando. El asesor de prensa de McChrystal también perdió su trabajo.

El problema de McChrystal es que jamás fue entrenado bien para saber cómo tratar con la prensa.

¿Fue suficientemente claro el periodista que lo entrevistó al decir que todo lo que le estaban diciendo iba a ser utilizado en un artículo? ¿Pensaron McChrystal y sus asesores que podían hablar en confianza con ese periodista y que lo que le dijeran no sería publicado y que eran sólo comentarios entre “amigos”? ¿Dejaron claro los militares al periodista que todos esos comentarios eran “off the record”? ¿Entiende McChrystal que la lealtad principal de un periodista no son sus “nuevos amigos militares” sino conseguir buenas historias para su publicación o canal?

Ni McChrystal ni sus asesores niegan que hicieran esas declaraciones, pero sospecho que jamás pensaron que saldrían publicadas textualmente. Nadie quiere acabar una carrera tan gloriosa de forma tan desafortunada.

Un simple cursillo de Media Training hubiera ahorrado a McChrystal este vergonzoso final a su carrera y todavía sería el máximo mando de la OTAN en Afganistán. Tony Hayward, el CEO de  BP, también se hubiera ahorrado muchos disgustos y dinero si hubiese recibido ese entrenamiento. Los fallos cometidos por Hayward durante la crisis del Golfo de México son demasiado numerosos como para poder resumirlos aquí. Su actitud sólo hizo aumentar la gravedad de una situación ya muy difícil de por sí.

El General McChrystal viene del mundo de las Fuerzas Especiales. Unas fuerzas que siempre se mueven en secreto y con muy poco perfil público. McChrystal era venerado por sus soldados porque lideraba con el ejemplo. En el 2005, por ejemplo, lideró un pequeño grupo de comandos en Irak en un ataque antes del amanecer contra uno de los escondites de Abu Musab al-Zarqawi, líder de Al Qaeda que posteriormente cayó muerto en combate. Los insurgentes rodearon al pequeño grupo de soldados estadounidenses y comenzó una dura batalla en la que McChrystal luchó con valentía. No es habitual que un general de cuatro estrellas se arriesgue de esa forma.

McChrystal estaba habituado al mundo de las operaciones encubiertas. A vivir en la sombra. Sin embargo, cuando se le nombró para un puesto de tanta relevancia y perfil como el de máximo jefe militar en el terreno para la guerra en Afganistán, entró a un mundo completamente nuevo y desconocido para él. Y uno de los cambios más drásticos es la continua exposición frente a la prensa.

Me parece obvio que nadie lo entrenó para tratar con efectividad con la prensa. Un fallo que echa por tierra sus 35 años de carrera y sacrificio por su país. Se va por la puerta de atrás acusado por el Presidente de cuestionar la autoridad civil sobre el Pentágono y de dividir al equipo encargado de la guerra en Afganistán. Acusaciones muy fuertes, especialmente ahora que el conflicto en ese país se recrudece y aumenta el número de muertos estadounidenses. La mayor parte del pueblo norteamericano, según las encuestas, ya no ve razón para seguir en esa guerra. El incidente con McChrystal, definitivamente, no ayuda a la Administración en un momento tan delicado como éste.

En una sociedad como la nuestra, con un ciclo continuo de información durante las 24 horas del día, Media Training no es un lujo sino una necesidad para cualquiera que es parte de ese ciclo o quiere serlo.

Media Training debería ser una asignatura más en los estudios académicos. Ya sea para militares, científicos, médicos, economistas o básicamente cualquier profesional.

Una persona puede pasar años, por ejemplo, en una escuela de negocios preparándose para ser un excelente mánager. Sin embargo, si no sabe comunicarse con efectividad pierde un gran valor añadido. No sólo porque pierde ocasiones de obtener publicidad positiva gratuita a través de los medios de comunicación o porque no estará preparado para comunicarse bien durante una crisis importante en su organización, sino también porque todas esas técnicas para comunicarse con efectividad con la prensa también se aplican a la comunicación interna de su organización. Y por supuesto, de igual forma, con otros sectores externos a la empresa que no sean necesariamente la prensa, como gobiernos, inversores, etc.

Las víctimas de la falta de Media Training son continuas. McChrystal ha sido sólo la más reciente. La siguiente ya está a punto de caer. Manténgase en sintonía.

La burbuja de la Casa Blanca

May 30, 2010

Ningún presidente se libra. A todos, en algún momento de su Administración, les dicen que se han encerrado en la “burbuja de la Casa Blanca”. Es decir, que, inmersos en su trabajo diario y pasando el mayor tiempo aislados en la residencia presidencial,  se han alejado de lo que es la realidad del país. Que no entienden realmente lo que ocurre en la calle. Que han perdido la sensibilidad respecto a las preocupaciones diarias del ciudadano común. Ahora esas críticas son para el Presidente Obama. ¿El motivo? El derrame de petróleo en el Golfo.

La Casa Blanca está a la defensiva en este tema. En las primeras semanas de la crisis, las encuestas decían que el público veía un claro responsable del desastre, British Petroleum (BP), y aprobaba el manejo de la situación por parte del gobierno. Sin embargo, esa situación ha ido cambiando sustancialmente y la confianza en la labor de la Administración ha decaído de forma importante.

Muchos comentaristas criticaron al Presidente Obama por, aparentemente, no elevar esta crisis desde el principio al nivel de importancia que se merecía.  El accidente del 20 de abril ya ha provocado el mayor derrame de petróleo en la historia de Estados Unidos.

El Presidente respondió convocando una conferencia de prensa el jueves 27 de mayo y dijo que su Administración siempre ha liderado la respuesta a la crisis y que quien lo pusiera en duda, simplemente, “no conocía los hechos”.

Sin embargo, incluso reconocidos activistas demócratas como James Carville, residente en la zona afectada, se han enfrentado abiertamente a la Casa Blanca acusándolos de lentitud en la respuesta. Carville incluso añadió que si la crisis hubiese sido en las cosas de California o en las playas cercanas a la capital Washington, la respuesta hubiera sido completamente distinta: rápida, eficiente, contundente, coordinada. Carville, una persona clave durante la presidencia de Bill Clinton, se ha ido mostrando cada vez más agresivo contra la forma en la que la Casa Blanca está manejando la situación. Y lo hace en público, plenamente consciente del resentimiento que eso está creando en la Administración. Sin embargo, Carville no está solo. La senadora demócrata por Luisiana, Mary Landrieu, también afirmó que “El presidente no ha estado todo lo visible que hubiera debido en este tema y, desafortunadamente, va a pagar un precio político por eso”.

Los republicanos afirman que si en vez de al Presidente Obama, esto le hubiera ocurrido al ex Presidente Bush, los demócratas estarían criticándolo sin piedad durante las veinticuatro horas del día. Lo acusarían de incompetente y de no ser más activo en la crisis por lo que dirían son sus lazos con la industria petrolera.

El Presidente Obama insistió en la conferencia de prensa en que ésta es una clara prioridad para su gobierno y que desde el principio han volcado todo tipo de expertos y recursos para solucionar cuanto antes el vertido de petróleo. Según él, esto es lo primero que piensa al despertarse y en lo último al acostarse.

No vamos a poner en duda las palabras del Presidente con respecto a su esfuerzo, pero lo cierto es que muchos piensan que el gobierno no ha hecho lo suficiente y que ha dejado la iniciativa de un tema tan importante a BP. Esas personas califican este derrame como una crisis nacional y añaden que por lo tanto el gobierno hubiera tenido que tener una actitud de claro liderazgo. Según ellos, ese liderazgo o no ha existido o no se ha sabido comunicar al público estadounidense. Y como todos sabemos, en política la percepción es el noventa por ciento de la realidad.

Creo que esa conferencia de prensa del Presidente se produjo demasiado tarde. No fue proactiva, sino reactiva. Pienso que si el Presidente Obama nombró inmediatamente al almirante de la Guardia Costera Thad Allen como el  encargado de coordinar la respuesta federal al desastre, Allen tenía que haber estado desde el principio al lado del representante de BP en sus comparecencias diarias frente a la prensa. Igual que las autoridades locales y federales. Pero el público estadounidense veía solo a una persona: el representante de BP. Pienso que el Presidente no puede comparecer ante una conferencia de prensa sin antes haber sido informado de por qué una persona clave en este tema ha sido despedida o ha renunciado. Hablo de Elizabeth Birnbaum, ex directora del Servicio de Administración de Minerales y que respondía al Secretario del Interior, Ken Salazar. Ese es el departamento del gobierno que el mismo Presidente Obama criticó como responsable por permitir que la industria petrolera tuviera una influencia indebida en el área de control ambiental y de seguridad con respecto a las explotaciones petrolíferas.

El Presidente viajó el viernes una vez más a la zona afectada para ver en persona los efectos del desastre. Ahora el gobierno afirma que no son 5 mil barriles de petróleo diarios los que se vierten en el derrame, como se dijo durante semanas, sino 19 mil.

El Presidente Obama fue a una de las playas afectadas y luego se reunió con las autoridades encargadas de luchar contra el vertido. Tras la reunión,  se fue del estado. Se fue sin ni siquiera hablar con los pescadores y los habitantes de la zona. Es decir, los más directamente afectados por el desastre. Fue un viaje celérico. Teniendo en cuenta las críticas, justas o no, respecto a su actuación hasta el momento, ¿por qué no aprovechar el fin de semana largo de Memorial Day para quedarse dos o tres días más en el área y familiarizarse así de forma más profunda con la situación in situ? ¿Por qué no quedarse para escuchar de primera mano los testimonios de los afectados? ¿Por qué no quedarse y transmitir así el claro mensaje de que no hay prioridad más importante para él que ésa? Pienso que fue una gran oportunidad perdida para el Presidente y que eso ha acentuado aún más la percepción en Luisiana de que Washington realmente no entiende la gravedad de la situación para ese estado. Un estado ya muy resentido contra el gobierno federal por la respuesta en la desgracia de Katrina.

El Presidente Obama fue universalmente aplaudido por ser un maestro de  la relación con la prensa durante la campaña presidencial. Es sin duda un gran comunicador. Uno de los mejores. También pasó a la historia como el primero que supo movilizar un apoyo popular masivo para su campaña a través de las redes sociales. Algo que le permitió recaudar más dinero que nadie en la historia del país y con un promedio de contribuciones de cien dólares o menos. También ha demostrado que no tiene miedo a coger al toro por los cuernos. En apenas un año ha liderado la lucha por la reforma del seguro de salud, la reforma financiera y los significativos paquetes de estímulo económico.

El Presidente dijo en Luisiana que ha triplicado la ayuda para la crisis del vertido de petróleo. Barack Obama ha dado su teléfono en la Casa Blanca a las autoridades de las comunidades afectadas para que le llamen directamente en caso de que algo de todo lo prometido no se esté cumpliendo. Sus asesores confirman que  está siendo constantemente informado de todo lo que ocurre y que finalizar el vertido de petróleo es una de sus mayores prioridades. Que le ocupa muchas horas al día.

Sin embargo, lo cierto es que la percepción de que no ha habido suficiente liderazgo presidencial en este tema continúa entre muchos.  Hasta el día de hoy, muchos aún no saben quién realmente está a cargo de esta crisis.  Sí, el Presidente afirma que él es el último responsable, pero ¿quién es el responsable de la situación en el día a día?  ¿BP? ¿El almirante del Servicio de Guarda Costas? ¿El gobernador de Luisiana? ¿Las autoridades locales? ¿El Secretario del Interior, Ken Salazar? ¿Alguien en Washington?  ¿Quién?  Yo, que he seguido de cerca este tema, admito que tampoco lo sé.  La Administración aún no ha puesto una cara que todos podamos identificar como la persona responsable del tratamiento diario de la crisis. Algo fundamental para la percepción pública.

Y es que no basta con hacer cosas, sino que hay que saber comunicar con eficacia lo que se hace. Es difícil entender cómo una Administración como ésta, tan conocedora de la importancia de la opinión pública, haya permitido que se creara esa percepción en un asunto tan importante como éste. Ahora, además de solucionar el problema, van a tener que comunicar extremadamente bien todo lo que se hace para evitar que este desastre ecológico también se convierta en político para la Casa Blanca.