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Fotos políticamente correctas

April 20, 2012

Hace unos años encontré en un mercado callejero, o flea market, un libro como nunca antes había visto. El libro era una colección de macabras fotos de soldados muertos en la guerra. Las fotos representaban fielmente lo que es cualquier conflicto armado.



Los soldados habían sufrido muertes horribles y los cadáveres reflejaban perfectamente ese último sufrimiento. Cabezas partidas por la mitad, cuerpos destrozados, extremidades abandonadas en los campos de batalla, rostros con el pánico grabado en su semblante, uniformes inundados de sangre. 


Ese libro jamás podría ser publicado hoy en día. Nadie osaría poner esas fotos en ninguna publicación. Hoy las fotos de las guerras tienen que ser asépticas, políticamente correctas. Es decir, no pueden reflejar lo que son las guerras. 
 


El libro me causó una gran impresión, pero lejos de pensar que es algo inapropiado, yo más bien lo sugeriría como lectura obligatoria para cualquier persona que esté a favor de enviar tropas a una guerra. Es un cliché, pero yo sí creo que, en muchas ocasiones, es cierto el dicho de que si quienes declaran las guerras tuvieran que lucharlas, sin duda habría muchas menos guerras. 


Lo mismo aplica para la población en general. Las guerras tienen que ser absolutamente el último recurso de un país y demasiadas veces vemos que ése no es el caso. Por eso es necesario que quienes están a favor de ir a una guerra al menos vean claramente el costo a nivel humano de las mismas, porque una cosa es saberlo a nivel intelectual y otra muy distinta ver los cadáveres destrozados en una foto.

Ojalá que quienes están a favor de una guerra pudieran ir a los campos de batalla a ver esos cadáveres en persona, pero ya que eso no es posible, al menos que puedan ver en una fotografía las consecuencias de esa guerra. Esa es la realidad a la que se enfrentan los jóvenes y valientes soldados que se envían a pelear esos conflictos. Lo menos que podemos hacer por esos patriotas es reflejar fielmente la extremadamente difícil situación a la que se enfrentan. Eso también nos permitiría comprender mucho mejor los problemas a los que posteriormente se enfrentan cuando regresan a la vida civil.

Por desgracia, las guerras a veces son inevitables, pero otras muchas veces no y hay demasiadas personas que cantan alegremente el grito de guerra para resolver un problema sin tener ni la más remota idea de lo que implica ir a una guerra. O sin importarles porque ni ellos ni su familia las van a luchar. Su único contacto con esa guerra son las fotos asépticas que ven en los diarios y los vídeos políticamente correctos que emiten los noticieros. No, necesitamos libros como los que encontré en el flea market que supongan una verdadera bofetada visual en el rostro de quienes los lean para que entiendan bien que una guerra no es un video juego, sino una verdadera tragedia, la peor situación imaginable.


Aunque Estados Unidos ha perdido a muchos soldados en diferentes conflictos, no ha sufrido una guerra en su propio territorio desde su Guerra Civil. La única excepción de un ataque fue el japonés a Pearl Harbor, que motivó la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, muchas familias han perdido a sus seres queridos en las dos Guerras Mundiales o los conflictos en Vietnam o Corea, pero para la mayoría de la población, afortunadamente, esos conflictos no han supuesto pérdidas de familiares. A menos que se trate de una familia con miembros en las Fuerzas Armadas, eso hace que muchas veces la población vea esas guerras como algo distante, no como algo que afecte directamente a sus vidas diarias y a las de sus familias. 


Ahora estamos en una polémica porque el diario Los Angeles Times publicó las fotos de unos soldados estadounidenses posando junto a cadáveres de talibanes muertos en Afganistán. Ese es un tema distinto, ya que las propias Fuerzas Armadas estadounidenses afirman que ése ha sido un comportamiento inapropiado. Sin embargo, también toca el tema de fondo de si las imágenes de la guerra deben ser enseñadas a través de los medios de comunicación de forma aséptica o bien real.


Como dije antes, a veces las guerras son necesarias. Unas diplomáticas y suaves palabras no hubieran servido para detener a Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Hubo que ir a la guerra y el precio a pagar fue enorme: más de cincuenta millones de muertos. No obstante, el pueblo estuvo dispuesto al sacrificio y había millones de voluntarios dispuestos a luchar y a morir para detener a Hitler.

Las personas más reacias a entrar en una guerra son generalmente quienes las han vivido. El motivo es porque entienden muy bien lo que eso significa. A veces es necesario, pero incluso si ése es el caso, me parece necesario que la población entienda lo mejor posible lo que implica esa guerra para quienes tienen que mutilar su cuerpo o morir en los campos de batalla, por no hablar de los efectos psicológicos de estar expuestos a un infierno semejante. Ojalá que de vez en cuando las fotografías que enseñan los medios de comunicación reflejaran esa realidad. 


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El General en su Laberinto

June 24, 2010

La nueva víctima de la falta de Media Training es un general del Ejército de los Estados Unidos y se llama Stanley McChrystal. A pesar de haber tenido una exitosa carrera de 35 años en las Fuerzas Armadas, su fin llegó precipitadamente por no estar preparado para saber tratar con la prensa.

Un general de cuatro estrellas y encargado principal de la guerra en Afganistán difícilmente puede ser un estúpido. La pregunta inmediata es: ¿cómo pudo cometer entonces semejante fallo?

Yo he cubierto muchos conflictos y jamás he visto ningún ejército en el mundo donde los militares puedan hablar con más libertad que en el de los Estados Unidos. Son siempre muy accesibles en el campo de batalla y los altos mandos permiten que se les entreviste. A veces aplauden las decisiones que toman sus jefes y otras veces no, dando su punto de vista del por qué. También opinan si están de acuerdo o no en combatir en un conflicto determinado. Por supuesto, aunque no estuvieran de acuerdo, acatan las órdenes y las cumplen. Esa apertura no es habitual en otras fuerzas armadas.

Sin embargo, McChrystal claramente se excedió. En una entrevista con la revista Rolling Stone llamó “payaso” al Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirmó que el Presidente Obama parecía “intimidado y ausente” ante la cúpula militar estadounidense, se refirió al Vicepresidente Joe Biden con una expresión figurativa cuya traducción no podría publicarse en este blog pero que definitivamente no es ninguna alabanza y, para colmo, calificó de poco menos que de traidor al embajador de Washington en Kabul.

Me parece obvio que McChrystal no pretendía realizar estas críticas y después renunciar a su puesto en desacuerdo con cómo se está ejecutando la guerra en Afganistán. Si ése hubiera sido el caso, al leer la entrevista, no hubiera llamado inmediatamente al Vicepresidente Joe Biden para pedirle excusas ni hubiese esperado a que el Presidente Obama decidiera si lo despedía o no. El se hubiera adelantado renunciando. El asesor de prensa de McChrystal también perdió su trabajo.

El problema de McChrystal es que jamás fue entrenado bien para saber cómo tratar con la prensa.

¿Fue suficientemente claro el periodista que lo entrevistó al decir que todo lo que le estaban diciendo iba a ser utilizado en un artículo? ¿Pensaron McChrystal y sus asesores que podían hablar en confianza con ese periodista y que lo que le dijeran no sería publicado y que eran sólo comentarios entre “amigos”? ¿Dejaron claro los militares al periodista que todos esos comentarios eran “off the record”? ¿Entiende McChrystal que la lealtad principal de un periodista no son sus “nuevos amigos militares” sino conseguir buenas historias para su publicación o canal?

Ni McChrystal ni sus asesores niegan que hicieran esas declaraciones, pero sospecho que jamás pensaron que saldrían publicadas textualmente. Nadie quiere acabar una carrera tan gloriosa de forma tan desafortunada.

Un simple cursillo de Media Training hubiera ahorrado a McChrystal este vergonzoso final a su carrera y todavía sería el máximo mando de la OTAN en Afganistán. Tony Hayward, el CEO de  BP, también se hubiera ahorrado muchos disgustos y dinero si hubiese recibido ese entrenamiento. Los fallos cometidos por Hayward durante la crisis del Golfo de México son demasiado numerosos como para poder resumirlos aquí. Su actitud sólo hizo aumentar la gravedad de una situación ya muy difícil de por sí.

El General McChrystal viene del mundo de las Fuerzas Especiales. Unas fuerzas que siempre se mueven en secreto y con muy poco perfil público. McChrystal era venerado por sus soldados porque lideraba con el ejemplo. En el 2005, por ejemplo, lideró un pequeño grupo de comandos en Irak en un ataque antes del amanecer contra uno de los escondites de Abu Musab al-Zarqawi, líder de Al Qaeda que posteriormente cayó muerto en combate. Los insurgentes rodearon al pequeño grupo de soldados estadounidenses y comenzó una dura batalla en la que McChrystal luchó con valentía. No es habitual que un general de cuatro estrellas se arriesgue de esa forma.

McChrystal estaba habituado al mundo de las operaciones encubiertas. A vivir en la sombra. Sin embargo, cuando se le nombró para un puesto de tanta relevancia y perfil como el de máximo jefe militar en el terreno para la guerra en Afganistán, entró a un mundo completamente nuevo y desconocido para él. Y uno de los cambios más drásticos es la continua exposición frente a la prensa.

Me parece obvio que nadie lo entrenó para tratar con efectividad con la prensa. Un fallo que echa por tierra sus 35 años de carrera y sacrificio por su país. Se va por la puerta de atrás acusado por el Presidente de cuestionar la autoridad civil sobre el Pentágono y de dividir al equipo encargado de la guerra en Afganistán. Acusaciones muy fuertes, especialmente ahora que el conflicto en ese país se recrudece y aumenta el número de muertos estadounidenses. La mayor parte del pueblo norteamericano, según las encuestas, ya no ve razón para seguir en esa guerra. El incidente con McChrystal, definitivamente, no ayuda a la Administración en un momento tan delicado como éste.

En una sociedad como la nuestra, con un ciclo continuo de información durante las 24 horas del día, Media Training no es un lujo sino una necesidad para cualquiera que es parte de ese ciclo o quiere serlo.

Media Training debería ser una asignatura más en los estudios académicos. Ya sea para militares, científicos, médicos, economistas o básicamente cualquier profesional.

Una persona puede pasar años, por ejemplo, en una escuela de negocios preparándose para ser un excelente mánager. Sin embargo, si no sabe comunicarse con efectividad pierde un gran valor añadido. No sólo porque pierde ocasiones de obtener publicidad positiva gratuita a través de los medios de comunicación o porque no estará preparado para comunicarse bien durante una crisis importante en su organización, sino también porque todas esas técnicas para comunicarse con efectividad con la prensa también se aplican a la comunicación interna de su organización. Y por supuesto, de igual forma, con otros sectores externos a la empresa que no sean necesariamente la prensa, como gobiernos, inversores, etc.

Las víctimas de la falta de Media Training son continuas. McChrystal ha sido sólo la más reciente. La siguiente ya está a punto de caer. Manténgase en sintonía.

Rusia-Georgia: ¿Quién ganó la guerra de la información?

September 1, 2008

Rusia ganó la guerra decisivamente a Georgia, pero, a nivel internacional, fue Georgia la que ganó la batalla de la información a Moscú. La acción militar fue apoyada por un gran segmento de la opinión pública rusa. Es decir, a nivel doméstico las autoridades del Kremlin salieron fortalecidas. Sin embargo, internacionalmente Rusia no organizó una campaña como cabría esperarse para defender su postura. Al menos eso fue lo que yo humildemente deduje viendo, desde Washington, la continua cobertura de la crisis. El resultado ha sido un serio daño a la imagen de Rusia, especialmente en países como Estados Unidos.

En el caso de Georgia, fue todo lo contrario. El joven presidente Mikheil Saakashvili enseguida supo que la batalla no se libraría únicamente con fusiles y tanques, sino también con micrófonos, así que pasó de inmediato a la acción. Saakashvili no sólo estudió en la ex Unión Soviética, sino también en Estados Unidos. Obtuvo un título en Derecho por la Universidad de Columbia, en Nueva York. Es decir, vivió en Estados Unidos varios años, entiende muy bien el poder de los medios de comunicación en este país y, además de otros idiomas, habla inglés perfectamente.

El presidente de Georgia no perdió tiempo y rápidamente se puso a disposición de todos los medios de comunicación estadounidenses que quisieran escucharlo. También dio entrevistas a periodistas de otras naciones, especialmente europeas. En un lenguaje sencillo y directo expuso su punto de vista. Habló de agresión, de campos de concentración, de abusos, de holocausto y de limpieza étnica por parte de las fuerzas rusas. Comparó a los líderes rusos con Stalin y dijo que la causa de Georgia era la de la democracia contra la dictadura. Una causa que todos debían respaldar. Un mensaje que repitió continuamente. Sin descanso. Todos los días. En vivo.

Rusia, en cambio, no entendió lo importante que es expresar su punto de vista con efectividad en el extranjero. Saakashvili prácticamente monopolizó el mensaje en los medios y también en internet. Organizaciones pro Saakashvili, igualmente, se movilizaron para expresarle su apoyo en la web. Posters, artículos, fotos, blogs.

Usaron de todo. El embajador ruso ante las Naciones Unidas sólo apareció de vez en cuando para hablar en nombre de Moscú. Un diplomático muy hábil y que se expresaba muy bien, pero cuyas apariciones frente a la prensa, repito, fueron muy pocas. Algún medio estadounidense también entrevistó a políticos rusos en Moscú, pero, igual que en el caso del embajador, fueron intervenciones esporádicas y muy escasas. Rusia nunca comprendió que tenía que haber puesto un ejército de funcionarios que hablaran inglés a continua disposición de la prensa de Estados Unidos, Europa y el resto del mundo para contrarrestar lo que decía el presidente de Georgia.

Moscú tenía que haber sido proactivo. Llamar continuamente a todos los medios de comunicación internacionales para darles su punto de vista sobre lo ocurrido, que era completamente diferente al que ofrecía Mikheil Saakashvili. Y no hacerlo fue un error grave. Porque el presidente de Georgia fue enormemente efectivo y, con sus continuas apariciones, consiguió que su mensaje fuera el que más se escuchara, por ejemplo, aquí en Estados Unidos. Resultado: su versión de los hechos fue, a nivel popular, la más aceptada. Los rusos brillaron por su ausencia. No supieron defender sus intereses.

Repito, esto no es una reflexión sobre quién tuvo la culpa de la guerra o quién la inició, sino sólo sobre cómo se manejó el mensaje por parte de ambos bandos. Desde mi punto de vista, Mikheil Saakashvili aprovechó hasta el último segundo que le brindó la prensa y promovió su causa con una gran eficacia. Rusia, en cambio, no supo reaccionar en el campo de la opinión pública internacional. No ofreció portavoces, no fue proactiva para distribuir su mensaje y, en el extranjero, nunca fue capaz de defender de forma eficaz y continuada el por qué de su decisión. Si hubo una estrategia de comunicación por parte del Kremlin, yo no la vi.

Es cierto que tanto Vladimir Putin como el presidente ruso Dmitry Medvedev afirmaron con gran articulación algunas veces frente a las cámaras que ellos sólo respondieron a una agresión por parte de Georgia. Sin embargo, la audiencia internacional no tiene la obligación de estar sentada frente a un televisor las 24 horas del día para poder escuchar las contadas intervenciones por parte de los líderes del Kremlin. Ese mensaje no se puede dar sólo dos o tres veces. Hay que repetirlo hasta la saciedad para asegurarse de que es escuchado. Georgia lo hizo, Rusia no.

En un mundo globalizado como el nuestro y con un tema tan importante, no basta con creer que uno tiene la razón sobre algo. Hay que saber comunicarlo. Las autoridades rusas se reivindicaron frente a su pueblo, pero perdieron la batalla para dar su punto de vista de forma eficaz a millones de ciudadanos comunes y corrientes de países como Estados Unidos.

Y eso tiene consecuencias negativas para Rusia. Ahora Europa habla de sanciones contra Moscú. Polonia firmó un tratado de misiles frente al que antes se mostraba muy reticente. Países de la ex Unión Soviética presionan para acelerar su entrada en la OTAN. Muchos políticos estadounidenses dicen que Rusia es una nueva amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y que hay que tomar medidas contra Moscú. ¿Cuánto de esto hubiera podido evitar Moscú con una campaña de relaciones públicas masiva y eficiente? ¿Manejó el Kremlin esta crisis?

Por: Pablo Gato, Gato Communications