Posts Tagged ‘Golfo de México’

Ahorra el centavo, gástate el dólar

April 23, 2011

Se cumple el primer aniversario de la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México. El accidente se cobró la vida de 11 personas y ocasionó un derrame marítimo de cinco millones de barriles de petróleo, el peor en la historia de EEUU.

Desde el punto de vista de relaciones públicas, resulta sorprendente como empresas tan importantes como BP reaccionaron de forma tan incompetente al desastre. De hecho, el caso de BP se toma ahora como manual de referencia respecto a todo lo que NO hay que hacer durante una crisis.

Antes del accidente, el entonces CEO de BP, Tony Hayward, había reducido el presupuesto de la empresa para relaciones públicas, dejándose asesorar por consultores que obviamente no estaban capacitados para ese trabajo. Y mucho menos para la crisis que se avecinaba. El resultado fue un enorme daño a la reputación de BP y, por lo tanto, también a su negocio. De paso, Hayward perdió su propio trabajo como CEO.

Una empresa que en el 2009 ganó 14 mil millones de dólares comenzó a ahorrar dinero en un terreno para ellos tan vital como son las relaciones públicas y al final pagaron su error. Es lo que se suele decir, ahorrarse el centavo para después acabar pagando el dólar.

Una decisión irresponsable y poco inteligente porque ciertamente una empresa petrolera sabe que, tarde o temprano, puede sufrir un accidente de este tipo y cuando eso sucede tiene que tener un equipo de relaciones públicas de primera categoría listo para bregar de forma inmediata y eficiente con esa crisis. Aunque cualquier empresa o gobierno puede sufrir una crisis por muchos motivos distintos, el mismo caso aplica especialmente para compañías que trabajan en áreas con un contenido especial de riesgo, como por ejemplo las aerolíneas o las  empresas químicas. Es sólo cuestión de tiempo que haya un accidente, por no hablar de un ataque terrorista. Y si esa crisis no se soluciona satisfactoriamente, podría ocasionar incluso el propio fin de la empresa.

Por eso sorprende que una corporación de la relevancia de BP fuera tan miope.

El otro incidente reciente que por desgracia nos recuerda la total falta de preparación frente a situaciones catastróficas es lo ocurrido en Japón.

Yo he estado en Japón varias veces. He tratado profesionalmente con japoneses y empresarios japoneses. Lo último que uno se imaginaría es que un país tan organizado y profesional como Japón no estaría preparado para algo que es completamente predecible.

Japón es uno de los países del mundo más sacudidos por terremotos. En esa zona, obviamente, los terremotos ocasionan tsunamis, con lo cual éste es un factor también completamente predecible. ¿Y es para alguien una sorpresa el potencial peligro que puede generar un accidente nuclear? El gobierno japonés y la empresa dueña de la planta nuclear deberían estar preparados para todo este tipo de situaciones, pero resulta claro que no lo estaban. Algo realmente imperdonable porque estamos hablando de situaciones en las que están en juego cientos de miles de vidas humanas.

Es cierto que la catástrofe fue de dimensiones mayúsculas y que cuando eso ocurre no es fácil reaccionar. Hay un shock psicológico colectivo. Sin embargo, repito, estamos hablando de situaciones completamente predecibles.

Al desastre físico y humano, se añadió el informativo. Hubo un total vacío de información fiable y precisa. El gobierno japonés falló completamente cuando la población más necesitaba de esa información fiable y precisa para tomar decisiones potencialmente de vida o muerte.

Nadie parecía saber cómo tratar con la prensa, qué información dar, qué recomendar. La información que recibía el público era incompleta, verdades a medias o completamente incorrecta. La prensa japonesa decía una cosa y la internacional otra distinta. La empresa dueña de la planta nuclear afirmaba algo y los  expertos independientes desmentían inmediatamente esa información. El gobierno japonés emitía un comunicado y el estadounidense contradecía lo dicho. A todo esto hay que añadir el escepticismo tradicional de muchos japoneses hacia lo que dicen algunas corporaciones de su país, conocidas por ser muy poco transparentes. El resultado fue un total caos informativo agravado por un ambiente de extrema tensión física y emocional. Una tormenta perfecta.

Conozco a personas con familia en la zona afectada de Japón. Me dicen que nadie sabía cuál era realmente el perímetro de seguridad alrededor de la central nuclear, qué hacer, adónde ir a refugiarse o dónde conseguir agua no contaminada o alimentos. No precisamente la imagen que alguien tendría de un país como Japón.

¿Qué ocurrió? ¿No tenía el gobierno japonés un plan de crisis para situaciones como ésas, de nuevo, completamente predecibles? Si lo tenía, ¿por qué no se ejecutó? ¿No realizó el gobierno japonés entrenamientos para su personal clave para saber cómo bregar con la prensa, conocidos como media training, especialmente en situaciones de crisis? Y si hizo esos cursos, ¿por qué actuaron de una forma tan pobre y peligrosa para la población?

¿Cómo es posible que corporaciones multimillonarias como BP o gobiernos tan desarrollados y ricos como el japonés hayan estado tan pésimamente preparados para este tipo de situaciones? ¿Cómo es posible que hayan cometido un error estratégico de semejante magnitud?

No cabe duda de que en desastres como de los que hemos hablado la principal prioridad de gobiernos y empresas es la seguridad física de las personas y del medio ambiente. Sin embargo, en esos momentos, el flujo de información fiable y correcta no es secundario sino también prioritario porque impacta directamente en esa seguridad de los seres humanos y del medio ambiente. Durante catástrofes saber comunicar con efectividad salva vidas.

Desgraciadamente, en el futuro ocurrirán más accidentes o desastres naturales. Vamos a ver si tanto BP como el gobierno japonés y otras instituciones y empresas han aprendido de estos errores o habrá que tropezar otra vez en la misma piedra.

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La burbuja de la Casa Blanca

May 30, 2010

Ningún presidente se libra. A todos, en algún momento de su Administración, les dicen que se han encerrado en la “burbuja de la Casa Blanca”. Es decir, que, inmersos en su trabajo diario y pasando el mayor tiempo aislados en la residencia presidencial,  se han alejado de lo que es la realidad del país. Que no entienden realmente lo que ocurre en la calle. Que han perdido la sensibilidad respecto a las preocupaciones diarias del ciudadano común. Ahora esas críticas son para el Presidente Obama. ¿El motivo? El derrame de petróleo en el Golfo.

La Casa Blanca está a la defensiva en este tema. En las primeras semanas de la crisis, las encuestas decían que el público veía un claro responsable del desastre, British Petroleum (BP), y aprobaba el manejo de la situación por parte del gobierno. Sin embargo, esa situación ha ido cambiando sustancialmente y la confianza en la labor de la Administración ha decaído de forma importante.

Muchos comentaristas criticaron al Presidente Obama por, aparentemente, no elevar esta crisis desde el principio al nivel de importancia que se merecía.  El accidente del 20 de abril ya ha provocado el mayor derrame de petróleo en la historia de Estados Unidos.

El Presidente respondió convocando una conferencia de prensa el jueves 27 de mayo y dijo que su Administración siempre ha liderado la respuesta a la crisis y que quien lo pusiera en duda, simplemente, “no conocía los hechos”.

Sin embargo, incluso reconocidos activistas demócratas como James Carville, residente en la zona afectada, se han enfrentado abiertamente a la Casa Blanca acusándolos de lentitud en la respuesta. Carville incluso añadió que si la crisis hubiese sido en las cosas de California o en las playas cercanas a la capital Washington, la respuesta hubiera sido completamente distinta: rápida, eficiente, contundente, coordinada. Carville, una persona clave durante la presidencia de Bill Clinton, se ha ido mostrando cada vez más agresivo contra la forma en la que la Casa Blanca está manejando la situación. Y lo hace en público, plenamente consciente del resentimiento que eso está creando en la Administración. Sin embargo, Carville no está solo. La senadora demócrata por Luisiana, Mary Landrieu, también afirmó que “El presidente no ha estado todo lo visible que hubiera debido en este tema y, desafortunadamente, va a pagar un precio político por eso”.

Los republicanos afirman que si en vez de al Presidente Obama, esto le hubiera ocurrido al ex Presidente Bush, los demócratas estarían criticándolo sin piedad durante las veinticuatro horas del día. Lo acusarían de incompetente y de no ser más activo en la crisis por lo que dirían son sus lazos con la industria petrolera.

El Presidente Obama insistió en la conferencia de prensa en que ésta es una clara prioridad para su gobierno y que desde el principio han volcado todo tipo de expertos y recursos para solucionar cuanto antes el vertido de petróleo. Según él, esto es lo primero que piensa al despertarse y en lo último al acostarse.

No vamos a poner en duda las palabras del Presidente con respecto a su esfuerzo, pero lo cierto es que muchos piensan que el gobierno no ha hecho lo suficiente y que ha dejado la iniciativa de un tema tan importante a BP. Esas personas califican este derrame como una crisis nacional y añaden que por lo tanto el gobierno hubiera tenido que tener una actitud de claro liderazgo. Según ellos, ese liderazgo o no ha existido o no se ha sabido comunicar al público estadounidense. Y como todos sabemos, en política la percepción es el noventa por ciento de la realidad.

Creo que esa conferencia de prensa del Presidente se produjo demasiado tarde. No fue proactiva, sino reactiva. Pienso que si el Presidente Obama nombró inmediatamente al almirante de la Guardia Costera Thad Allen como el  encargado de coordinar la respuesta federal al desastre, Allen tenía que haber estado desde el principio al lado del representante de BP en sus comparecencias diarias frente a la prensa. Igual que las autoridades locales y federales. Pero el público estadounidense veía solo a una persona: el representante de BP. Pienso que el Presidente no puede comparecer ante una conferencia de prensa sin antes haber sido informado de por qué una persona clave en este tema ha sido despedida o ha renunciado. Hablo de Elizabeth Birnbaum, ex directora del Servicio de Administración de Minerales y que respondía al Secretario del Interior, Ken Salazar. Ese es el departamento del gobierno que el mismo Presidente Obama criticó como responsable por permitir que la industria petrolera tuviera una influencia indebida en el área de control ambiental y de seguridad con respecto a las explotaciones petrolíferas.

El Presidente viajó el viernes una vez más a la zona afectada para ver en persona los efectos del desastre. Ahora el gobierno afirma que no son 5 mil barriles de petróleo diarios los que se vierten en el derrame, como se dijo durante semanas, sino 19 mil.

El Presidente Obama fue a una de las playas afectadas y luego se reunió con las autoridades encargadas de luchar contra el vertido. Tras la reunión,  se fue del estado. Se fue sin ni siquiera hablar con los pescadores y los habitantes de la zona. Es decir, los más directamente afectados por el desastre. Fue un viaje celérico. Teniendo en cuenta las críticas, justas o no, respecto a su actuación hasta el momento, ¿por qué no aprovechar el fin de semana largo de Memorial Day para quedarse dos o tres días más en el área y familiarizarse así de forma más profunda con la situación in situ? ¿Por qué no quedarse para escuchar de primera mano los testimonios de los afectados? ¿Por qué no quedarse y transmitir así el claro mensaje de que no hay prioridad más importante para él que ésa? Pienso que fue una gran oportunidad perdida para el Presidente y que eso ha acentuado aún más la percepción en Luisiana de que Washington realmente no entiende la gravedad de la situación para ese estado. Un estado ya muy resentido contra el gobierno federal por la respuesta en la desgracia de Katrina.

El Presidente Obama fue universalmente aplaudido por ser un maestro de  la relación con la prensa durante la campaña presidencial. Es sin duda un gran comunicador. Uno de los mejores. También pasó a la historia como el primero que supo movilizar un apoyo popular masivo para su campaña a través de las redes sociales. Algo que le permitió recaudar más dinero que nadie en la historia del país y con un promedio de contribuciones de cien dólares o menos. También ha demostrado que no tiene miedo a coger al toro por los cuernos. En apenas un año ha liderado la lucha por la reforma del seguro de salud, la reforma financiera y los significativos paquetes de estímulo económico.

El Presidente dijo en Luisiana que ha triplicado la ayuda para la crisis del vertido de petróleo. Barack Obama ha dado su teléfono en la Casa Blanca a las autoridades de las comunidades afectadas para que le llamen directamente en caso de que algo de todo lo prometido no se esté cumpliendo. Sus asesores confirman que  está siendo constantemente informado de todo lo que ocurre y que finalizar el vertido de petróleo es una de sus mayores prioridades. Que le ocupa muchas horas al día.

Sin embargo, lo cierto es que la percepción de que no ha habido suficiente liderazgo presidencial en este tema continúa entre muchos.  Hasta el día de hoy, muchos aún no saben quién realmente está a cargo de esta crisis.  Sí, el Presidente afirma que él es el último responsable, pero ¿quién es el responsable de la situación en el día a día?  ¿BP? ¿El almirante del Servicio de Guarda Costas? ¿El gobernador de Luisiana? ¿Las autoridades locales? ¿El Secretario del Interior, Ken Salazar? ¿Alguien en Washington?  ¿Quién?  Yo, que he seguido de cerca este tema, admito que tampoco lo sé.  La Administración aún no ha puesto una cara que todos podamos identificar como la persona responsable del tratamiento diario de la crisis. Algo fundamental para la percepción pública.

Y es que no basta con hacer cosas, sino que hay que saber comunicar con eficacia lo que se hace. Es difícil entender cómo una Administración como ésta, tan conocedora de la importancia de la opinión pública, haya permitido que se creara esa percepción en un asunto tan importante como éste. Ahora, además de solucionar el problema, van a tener que comunicar extremadamente bien todo lo que se hace para evitar que este desastre ecológico también se convierta en político para la Casa Blanca.

BP: desastre de relaciones públicas

May 22, 2010

Estaba esperando para pedir un café en el Starbucks del supermercado Giant. La dependienta le dice al cliente que pide delante de mí que Giant tiene un nuevo acuerdo con la compañía Shell según el cual por cada cierto dinero gastado en el supermercado, puede conseguir gasolina gratis allí. El hombre se ríe y dice que en muy poco tiempo no hará falta comprar gasolina. Añade que lo único que necesitará es ir la playa de Virginia (estado donde vivo) con un cubo y recoger algo del petróleo del vertido de BP (British Petroleum). Luego añadió enfadado “nunca más volveré a comprar gasolina en BP”. El Golfo de México y el estado de Luisiana, donde ocurrió el accidente de BP, están a más de mil millas de Virginia.

No es ningún chiste. BP ha tenido un verdadero desastre de relaciones públicas con el vertido de petróleo en el Golfo de México. Ya le está costando muy caro, pero el precio final podría ser aún mucho mayor. La actitud del cliente del Giant es el ejemplo.

BP gana dos mil millones de dólares al mes. En los primeros tres meses de este año, generó seis mil millones de dólares en beneficios. Uno se pregunta cómo es posible que una empresa tan poderosa y con tantos medios haya manejado tan mal la vertiente de relaciones públicas de este desastre ecológico.

Esta catástrofe va a pasar a los libros de texto como todo lo que no se tiene que hacer durante una crisis.

Estados Unidos no es Corea del Norte. En Estados Unidos no se va a poder ocultar la información relacionada al accidente y a la respuesta de BP frente al mismo. Tarde o temprano, la verdad se va a saber. El Congreso ya lo está investigando. Y si la verdad se va a saber, ¿por qué no decir todo abiertamente desde el principio y dar una imagen de total transparencia frente a lo que ocurre? Como muy bien sabemos quienes vivimos en Washington, ahora la historia en la que se centra la prensa no es el vertido en sí, sino, especialmente, en el posible encubrimiento que BP ha hecho sobre el tema. Algo que podría acabar no ya en un desastre de relaciones públicas, sino en cargos criminales.

Lo primero que se enseña en una crisis de este tipo es que hay que ser transparente y decir lo que está ocurriendo. Intentar ocultar cosas es lo peor. Como dije, al final, de todas formas, todo se sabrá y si la empresa no es totalmente transparente y oculta información importante, dejará una impresión pésima entre el público.

BP tardó 23 días en ofrecer a los medios de comunicación 30 segundos de vídeo del pozo vertiendo petróleo en el fondo del Golfo de México. Eso, a pesar de que BP tenía cámaras en el fondo marino que recogían en vivo 24 horas al día todo lo que ocurría. La prensa los criticó duramente. BP exigió a los voluntarios que iban a limpiar el vertido que firmaran un documento eximiendo de cualquier responsabilidad por daños secundarios al limpiarlo. Es decir, ¿primero se vierte petróleo en las costas estadounidenses y luego se prohíbe a los voluntarios demandar ante posibles futuros efectos daños a la salud que pueda originar la limpieza del petróleo? La prensa criticó tan fuertemente a BP que la empresa tuvo que cancelar ese documento a carácter retroactivo. El presidente de BP dijo que se quedaría en Estados Unidos hasta que el problema se hubiera solucionado. Según la prensa británica, a pesar de la gravedad de la crisis, regresó a Londres para una reunión ejecutiva y para celebrar su cumpleaños. El mensaje es claro: tengo cosas más importantes que hacer que estar en persona en Estados Unidos para supervisar personalmente tanto la limpieza del vertido como el cierre del pozo. La prensa, por supuesto, machacó al presidente de BP. El mismo dijo en una entrevista que el daño ecológico del vertido sería “modesto”. Hoy en día ya vemos las capas de petróleo en las costas de Luisiana. El daño aún no puede ser calculado pero, al menos quienes lo están sufriendo allí, definitivamente no lo califican de modesto. Al momento de escribir este artículo los expertos calculan que ya se han vertido seis millones de galones de petróleo en el Golfo. Inicialmente BP repitió que se vertían cinco mil barriles de petróleo diarios, pero no permitió a científicos independientes verificar esos números. Ahora muchos científicos dicen que la cantidad de petróleo vertida es mucho mayor a la que dice BP. Algunos periodistas han dicho que BP no permitió acceso al video del petróleo saliendo del pozo para que los expertos independientes no pudieran refutar las declaraciones de BP diciendo que se vertían cinco mil barriles diarios.

El gobierno estadounidense tampoco ha quedado muy bien parado. Este no es un problema de BP, sino un problema nacional del país. Muchos no se explican por qué el gobierno no ha sido más activo en el proceso para detener el flujo de petróleo, en vez de dejar la iniciativa a BP.  Esta crisis también podría costarle caro a la Administración Obama.

Todos sabemos que los accidentes son inevitables. Las empresas de aviación, por ejemplo, se entrenan constantemente para la crisis que se va a originar cuando uno de sus aviones, desgraciadamente, tenga un accidente. Quizás eso nunca ocurra, pero una empresa aérea tiene que asumir que, tarde o temprano, algo así va a suceder. Esas empresas se preparan para esas crisis porque es de puro sentido común. Uno de los principios básicos en esas crisis, además de muchos otros, es la imperiosa necesidad de transparencia ante lo que ocurre. Hay vidas humanas involucradas, igual que en el caso de BP. Once personas murieron en el accidente de la plataforma petrolera. No se puede ocultar nada. Este caso es aún peor debido al daño ecológico causado por el vertido. Hay que ser proactivo y decir lo que está pasando antes de que sea la prensa la que lo haga.

Las compañías de petróleo también saben que los accidentes son inevitables en su área de trabajo. ¿Qué pasó con BP? ¿Olvidaron lo que ocurrió después del accidente del Exxon Valdez?  ¿No se entrenaron para una crisis? ¿No se entrenaron para tratar con los medios de comunicación en el evento de una crisis? Y si lo hicieron, ¿cómo es posible que la reacción fuera tan funesta? Para muchas compañías, tengan o no entrenamiento, la reacción natural es ocultar información. Sin embargo, al final lo único que eso provoca es un daño aún mayor. Es precisamente por eso el valor de los entrenamientos para situaciones de crisis.

El accidente ha causado un gran daño a BP, pero las consecuencias para su imagen pública van a ser todavía peores. Me temo que el cliente de Giant podría no ser el único que deje de poner gasolina en BP. Estoy seguro que las otras grandes compañías de petróleo han tomado muy buena nota de lo ocurrido. Al fin y al cabo, tan solo en el Golfo de México, hay otros cuatro mil pozos de petróleo activos como el del accidente de BP. De ahí viene el 30% del petróleo que consume Estados Unidos. Es sólo cuestión de tiempo que haya otro accidente en una instalación petrolera. ¿Caerá la siguiente empresa en los mismos fallos de BP?