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De mineros a celebridades y pasando por la caja registradora

October 16, 2010

“Chile será recordado y reconocido no por Pinochet, sino como un ejemplo de unidad, liderazgo y coraje, fe y éxito”, declaró el Presidente de Chile Sebastián Piñera a The Times de Londres.

Chile ha escrito un capítulo que será muy difícil de superar en el terreno no sólo de los rescates en accidentes de minería, sino también en el campo de las  relaciones públicas.

Como dice el refrán chino, de toda crisis surge una oportunidad y las autoridades chilenas han realizado una tarea magistral durante esta crisis para posicionar a su país no sólo como una nación solidaria, valiente y luchadora, sino especialmente eficaz. Que sabe hacer las cosas bien. Un modelo a seguir. Ninguna campaña de relaciones públicas, incluso con un presupuesto ilimitado, hubiera podido conseguir jamás esos resultados. Ni de lejos.

Las labores de rescate en la mina San José de Copiapó fueron de manual. Rescatar a todos los mineros con vida ha sido sin duda un milagro, pero un milagro que se ha materializado gracias a una labor planeada al milímetro y ejecutada con un altísimo nivel de profesionalismo. Nada se dejó a la improvisación.

Hoy, después de esta epopeya, cualquier ciudadano común alrededor del mundo pensaría que Chile tiene uno de los sectores de minería más seguros del mundo. Estarían equivocados. Según CNN, el año pasado hubo 50 muertos en las minas de Chile. Aunque la minería representa el 40% de los ingresos del país, sólo es un 1% del mercado mundial. Y con un 1% del mercado mundial, Chile sufre el 8% de los accidentes. Es decir, Chile tiene un número claramente alto de accidentes mineros. El gobierno asegura que ese problema se centra en las compañías pequeñas y sin tantos recursos. CNN también apunta que en la zona del accidente hay únicamente tres inspectores del gobierno para 800 minas y que ese accidente nunca debió haber ocurrido porque la poca seguridad de la mina era algo conocido. La mina incluso había sido cerrada en el 2007. De hecho, una de las primeras cosas que hicieron los propios mineros tras ser rescatados fue pedir al Presidente que se tomen medidas inmediatas para evitar más accidentes de este tipo.

No obstante, la percepción es que el sector de minas chileno es excelente en el tema de la seguridad y, como todos sabemos, la percepción es a efectos prácticos el 90% de la realidad. Y eso el gobierno de Santiago lo ha conseguido, aparte de organizando este exitoso rescate, con un show mediático que ha bordado la perfección.

En primer lugar, y antes de ser rescatados, las autoridades dieron un entrenamiento a los mineros sobre cómo tratar con la prensa. Sí, como lo escuchan. Los mineros recibieron esa clase a 700 metros de profundidad. Y en segundo lugar, el gobierno brindó una cobertura televisiva de acceso completo a todo lo que estaba ocurriendo. Esa fue una decisión no sólo inteligente, sino también valiente porque el rescate fue un éxito, pero también hubiera podido ser un fracaso. Un fracaso con 2,000 periodistas y millones de televidentes como testigos.

Las cámaras estaban en todas partes y, lo que es más importante, todos los participantes en el rescate cooperaron al máximo en la cobertura. Se notaba claramente que los habían instruido para ese momento decisivo. Lo hicieron incluso los médicos, que gentilmente volvían a abrir la puerta del hospital de campaña para que los camarógrafos pudieran filmar mejor a los mineros que entraban en camillas.

Y cuando digo que las cámaras estaban en todas partes, es que estaban en todas partes, incluso, por increíble que parezca, en la propia mina. A 700 metros de profundidad. Uno veía a los mineros en vivo y también a los primeros rescatistas que bajaron a ayudarles. Eso permitió que el nivel de emoción subiera a niveles estratosféricos y que, por lo tanto, el mundo se enganchara a sus televisores y computadores para ver el milagro en directo.

También había cámaras en los cascos de los mineros, de forma que podía verse el ascender de la nave de rescate Fénix por el estrecho túnel hasta la superficie. Por supuesto también había cámaras ofreciendo las imágenes de las grúas y de los rescatistas en acción, de los emocionados familiares esperando y de chilenos por todo el país (y el mundo) llorando de emoción mientras ondeaban la bandera chilena con orgullo. Y, naturalmente, una cámara era testigo de las primeras imágenes de los mineros saliendo del Fénix y abrazando y besando a sus familiares para después fundirse también en abrazos con el Presidente, el Ministro de Minas y los rescatistas. Imposible no emocionarse.

Si el gobierno de Chile no hubiera sido tan inteligente y no hubiera proporcionado esas imágenes, el nivel de interés por la historia no habría sido ni mucho menos el mismo. A pesar de que todo eran imágenes del gobierno y no se permitió otras cámaras, lo cierto es que esas imágenes se brindaron a todo el mundo y todas las cadenas las pudieron utilizar. Aunque limitar el acceso a sólo las cámaras del gobierno nunca es el escenario perfecto porque puede haber parcialidad, también es fácil deducir que no puedes dejar entrar a la zona de rescate a 2,000 periodistas. Porque fueron 2,000 los periodistas que se desplazaron a cubrir este evento a esa remota parte de Chile. Hay un factor de seguridad y distracción que no se puede obviar.

Todo el mundo vivió en directo la odisea. Las palabras, las emociones, los abrazos, las lágrimas de alegría. Chile logró crear una conexión emocional con millones y millones de personas alrededor del planeta. Todos éramos chilenos y nos emocionábamos como si estuviéramos allí mismo, junto a ellos.

Sin embargo, ha habido muchos accidentes de minas que no han conseguido ninguna cobertura mediática. Al facilitar el gobierno esta cobertura, logró aprovechar una oportunidad de oro para conseguir apoyo a la operación y reforzar la imagen del país como un lugar donde las cosas se hacen bien. El rescate ha costado entre 20 y 30 millones de dólares y no hay que olvidar que un tercio será cubierto por donaciones.

Todos, menos posiblemente los dueños de la mina, han ganado en esta historia. Los mineros fueron rescatados y Chile es admirado en todo el mundo. Hasta el punto de que Laurence Golborne, el Ministro de Minas, tiene un 87% de popularidad y ya se especula que puede ser el sucesor del Presidente en las elecciones del 2013.

Esto nos enseña que hay que ser abiertos. Hay que ser transparentes. Hay que ayudar a la prensa a que pueda hacer su trabajo. Ocultar cosas, no proveer información es lo peor que se puede hacer. Entre otras cosas, porque al final los periodistas obtendrán la información de todas formas.

En enero del 2006 cubrí el accidente de la mina Sago en West Virgina, Estados Unidos. Fue un desastre informativo. Los periodistas recibíamos la información con cuentagotas, pero eso se agravó cuando nos proporcionaron información errónea. Hasta el punto de que las autoridades informaron incorrectamente de que 12 mineros habían sobrevivido al accidente. Todos los medios dimos la noticia con entusiasmo. Tras la extrema tensión del no saber qué había pasado con ellos, las familias comenzaron a celebrar el milagro. Sin embargo, luego esa información fue desmentida. Sólo se había salvado un minero. No hace falta extenderse mucho en la reacción de las familias ante semejante noticia.

También viene a la memoria el accidente en Pasta de Conchos, México, en febrero del 2006. Se estima que 65 mineros quedaron atrapados bajo tierra. La compañía dijo que estaban a 150 metros de profundidad. El accidente se produjo el 19 de febrero. El 25 de febrero, la empresa dueña de la mina anunció que “no había posibilidad alguna de supervivencia tras la explosión del metano”. El día siguiente las autoridades anunciaron que la mina sería cerrada indefinidamente.

En Chile, también había gran pesimismo inicial sobre la situación de los mineros. El 12de agosto el Ministro de Minas dijo que las posibilidades de encontrar a los mineros con vida eran escasas. Hay que recordar que no hubo ningún contacto con los mineros hasta 17 días después del accidente. ¡Diecisiete! Sin embargo, las autoridades, a pesar de ese pesimismo inicial, prometieron no rendirse y no lo hicieron. Cumplieron con su palabra. Y el premio fue que finalmente hubo contacto y, tras 69 días de tensa espera, todos los mineros fueron rescatados con vida. Treinta y tres.

Sin dudar en ningún momento de la convicción y compromiso del gobierno chileno con este rescate sin importar si hubiera cobertura mediática o no, ¿alguien duda de que la presencia y el interés de la prensa ayudan a que en situaciones similares los esfuerzos prosigan sin descanso? ¿Qué pasaría en estos desastres si ninguna cámara llega al lugar y explica a través de las imágenes la lucha titánica para salvar con vida a esos mineros atrapados entre toneladas de piedras? Lo que pasa es que muchas veces el esfuerzo no es tan fuerte y por lo tanto bajan mucho las posibilidades de que se salven esas vidas. En el caso de México hubo mucha cobertura, pero no se puede comparar con el despliegue que hizo el gobierno de Chile. Los chilenos se convirtieron en maestros de la comunicación. La labor de la prensa es esencial en ese tipo de situaciones y el inteligente gobierno chileno lo entendió a la perfección. Y ahora la imagen de Chile en el mundo se ha reforzado de manera increíble.

Otra decisión muy inteligente fue dar entrenamiento a los mineros sobre cómo tratar con la prensa. En primer lugar por cuestiones psicológicas, en segundo por cuestiones prácticas.

¿Recuerdan el accidente en 1972 en el cual el avión de un equipo de rugby uruguayo se estrelló en la cordillera de los Andes? Tras otra épica histórica de cómo sobrevivir  en temperaturas bajo cero cuando habían sido dados por muertos, 16 personas sobrevivieron. Pues bien, algunos de esos supervivientes visitaron la mina en Chile para explicar a los mineros su experiencia tras el rescate. Pasar de de ser un minero anónimo a convertirse en famoso a nivel internacional  de un día para otro no siempre es una transición fácil.

Las autoridades chilenas les explicaron que había mucha prensa esperándolos, que todos querrían entrevistas y que serían muy insistentes para conseguir esas entrevistas. Que sus vidas serían aireadas públicamente, para bien o para mal. Ahora sabemos hasta quiénes son las amantes de los mineros. El entrenamiento les sirvió para al menos estar un poco más preparados para lo que les venía encima.

Pero hay otro ángulo, el del dinero. Los mineros cobraban 1,600 dólares al mes por su duro trabajo. No cabe duda de que este rescate se contará en libros, películas y que los mineros darán la vuelta al mundo explicando de primera mano qué ocurrió.

Los equipos de fútbol Real Madrid y Manchester ya los han invitado a ir a sus estadios. Una empresa minera griega también los ha invitado a pasar sus vacaciones en las paradisíacas islas de ese país. Y habrá muchas más invitaciones tanto de cortesía como pagándoles para que vayan. No cabe duda de que algunos medios les pagarán mucho dinero por ser entrevistados.

Los mineros dicen que llegaron a un acuerdo por el cual se repartirían cualquier dinero obtenido al contar sus experiencias en el accidente. Incluso si eso finalmente ocurre, ¿quién va a conseguir más dinero? Obviamente la persona que sepa explicar mejor todo lo ocurrido, que se exprese mejor, la que comunique más. Esa persona será la que viaje y dé conferencias, esa persona será la preferida de las cadenas televisivas para ser entrevistada. Aunque haya sido un entrenamiento muy básico por motivos obvios, entender un poco mejor cómo comunicar un mensaje de forma efectiva, es algo que puede marcar ahora una diferencia fundamental en las vidas de estos mineros. Si son hábiles ya no tendrán que trabajar más por el resto de sus vidas.

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From Miners to Celebrities… and All the Way to the Bank

October 16, 2010

 “Chile will be remembered and recognized not for Pinochet, but as an example of unity, leadership and valor, faith and success,” stated Chile’s President Sebastián Piñera to the Times of London.

Chile has written a story that will be very difficult to overcome not only in the field of mine disaster rescues, but of public relations.

As the Chinese proverb so well states, every crisis is an opportunity and the Chilean authorities have masterfully positioned their country during this crisis as not only an empathetic, brave and hard-working nation, but as an especially effective one.  That knows how to do things correctly.  A model to be followed.  No public relations campaign, not even one with an unlimited budget, would have been able to get these results.  Not by a long shot.

The rescue work at the San José de Copiapó mine was done by the book.  Rescuing all the miners was undoubtedly a miracle, but a miracle that became a reality thanks to a minutely planned strategy that was executed with the utmost level of professionalism.  Nothing was left to chance.

Today, after this epic rescue, any average observer from around the world would think that Chile has one of the safest mining industries in the world.  But they would be wrong.  According to CNN, last year 50 people lost their lives in Chile’s mines.  Even though mining represents 40% of the national income, it is only 1% of the world’s market.  And with this 1%, Chile contributes 8% of the world’s mining accidents.  That is, Chile has a clearly high number of mining accidents.  The government states that this is a problem limited to small companies which lack the resources to prevent them.  CNN also points out that the area where this accident took place only has three government inspectors for 800 mines, adding that this accident should never have happened because the safety issues at the mine were well-known.  The mine had actually been shut down in 2007.  And, one of the first things that the miners did after being rescued was to ask the President to take the necessary measures to prevent similar accidents from happening in the future.

Nonetheless, the perception is that Chile’s mining industry is excellent in terms of security and, as we all know, perception is for all practical purposes 90% of reality.  And this has been achieved by the Santiago government, apart from having organized a successful rescue mission, through a perfectly executed media show. 

First of all, and prior to their rescue, the authorities provided media training to the miners to teach them how to deal with the media.  Yes, you read it right.  The miners learned about how to deal with the media at 700 meters below the earth’s surface.  Secondly, the government provided full-access coverage to everything that was happening.  This was a decision that was not only intelligent, but also brave because the rescue mission was a success – it could have been a failure.  A failure covered by 2,000 reporters and millions of television viewers as witnesses.

TV cameras were everywhere and, most importantly, all the participants in the rescue cooperated 100% with the coverage.  It was clear that they had been told what to do.  Even the doctors at the hospital where the miners were being treated opened the doors over and over again so that the cameras could better film the miners on their gurneys. 

And when I say that the cameras were everywhere, I mean they were everywhere.  Even, as incredibly as this may seem, inside the mine: 700 meters below the surface.  Viewers could see the miners in real time, as well as the first rescuers who descended to help them.  This allowed for the levels of emotion to reach stratospheric heights and, therefore, had viewers all over the world glued to their television sets and computers to watch the miracle live.

There were also cameras on the miners’ helmets, which allowed us to view their ascent on the Phoenix rescue capsule over the narrow tunnel from the mine to the surface.  Of course, there were cameras following every move of the above-ground rescue equipment and rescuers, of the awaiting families and of Chileans all over the country (and the world) crying as they proudly waved the Chilean flag.  And, naturally, a camera witnessed the first moments when each miner emerged from the Phoenix, hugging and kissing their relatives and immediately after hugging President Piñera, the Mining Minister and their rescuers.  It was impossible to remain unmoved.

If Chile’s government had not been as intelligent and hadn’t provided those images, the level of interest about this story would not have been the same.  Even though all the images were provided by the government and no other cameras were allowed to transmit, the truth is that those images were made available to everyone.  Limiting access to only the government’s cameras is never the ideal situation, because it can be perceived as biased, it is easy to understand that it was impossible to allow 2,000 reporters direct access to the rescue zone.  It really was a total of 2,000 international reporters that traveled to that remote region of Chile to cover this story.  There is a factor of security and distraction that cannot be ignored. 

Everyone lived the odyssey live. The words, the emotions, the hugs, the tears of joy.  Chile was able to create an emotional connection with millions and millions of people all over the globe.  We were all Chileans at that time and we were moved just as if we were witnessing the rescue on site with them.

However, there have been many mining accidents that have been completely ignored by the media. By facilitating coverage, the government was able to take advantage of a golden opportunity to receive support for the rescue operation and reinforce the country’s image as a place where things are done correctly.  The rescue mission has cost between 20 and 30 million dollars, a third of which will be covered by donations.

Everyone, with the possible exception of the mine’s owners, has come out a winner.  The miners were rescued and Chile is admired all over the world.  Such is the case of Laurence Golborne, the Mining Minister, who has an 87% approval rating and is already being touted as a possible successor to President Piñera in the 2013 elections.  

This story teaches us the importance of openness.  Of transparency.  We must help the media to do their job.  Hiding facts and not providing information is the worst thing to do.  Because, among other things, the media always finds out what it needs to find out.

In January 2006, I covered the accident at the Sago mine in West Virginia, USA.  It was an information disaster.  Journalists received information piecemeal, and then to make matters worse we were provided erroneous information.  The authorities even said, mistakenly as it turned out, that 12 miners had survived the explosion.  All the news outlets relayed the news enthusiastically.  After the tense hours of not knowing what had happened to their loved ones, the families began to celebrate the miracle.  However, the information was subsequently refuted.  Only one miner survived.  It is not difficult to imagine the families’ reaction once they found out the news.

I also remember the accident at the Pasta de Conchos mine in Mexico in February 2006.  It was estimated that 65 miners were trapped below ground.  The mining company said that they were 150 meters below the surface.  The accident took place on February 19.  On February 25, the company announced that “there was no chance of any survivors after the methane explosion.”  The next day the authorities announced that the mine would be closed indefinitely.

In Chile there was also great pessimism about the situation with the miners.  On August 22, the Mining Minister said that the possibilities of finding the miners alive were slim.  We have to remember that it wasn’t until 17 days after the accident that contact was made with the miners.  Seventeen days!  However, the authorities, despite the initial pessimism, promised not to give up and they didn’t.  They were true to their word.  And the prize was when the miners were heard from and, after a tense 69 days of wait, all the miners were rescued safe and sound.  All 33 miners.

Without putting into question the Chilean government’s conviction and compromise with the rescue mission, whether or not there was media coverage, does anyone put in doubt that the media’s presence and interest help in similar situations to ensure that full-blown rescue efforts continue?  What would happen in these disasters if no cameras reached the area to explain in images the titanic struggle to save the miners trapped under tons of stones?  What happens is that many times the effort is not as strong and the possibilities of saving those lives are greatly reduced.  In Mexico’s case there was quite a bit of coverage, but it cannot be compared with the Chilean government’s deployment. The Chileans became masters of communication.  The media’s work is essential in this type of situations and the intelligent Chilean government understood this perfectly.  And now, Chile’s image in the world has been incredibly strengthened.

Another very intelligent decision was to train the miners about how to deal with the media.  First of all because of psychological issues, and secondly because of practical matters.

Do you remember the accident in 1972 when a plane carrying the Uruguayan rugby team crashed in the Andes?  After another epic story of how to survive in below zero temperatures after they had been given for dead, 16 people survived.  Well, some of those survivors visited the mine in Chile to share with the miners their experiences after being rescued.  To go from being an anonymous miner to being known internationally practically overnight, is not always an easy transition.

The Chilean authorities explained to the miners that there were many reporters waiting for them, that all of them wanted to interview them and that they would be very persistent to get those interviews.  That their lives would be open to scrutiny, for better or worse.  We now even know the names of one of the miners’ mistress.  The training served to at least be a bit more ready for what was to come.

But there is another angle – the money.  The miners made $1,600 a month for their hard work.  Undoubtedly, this rescue will be told in books and movies, and the miners will travel the world telling their stories in person.

The Real Madrid and Manchester soccer teams have invited them to their games.  A Greek mining company has invited them to vacation in Greece’s paradisiacal islands.  And they will get many more invitations, both as prizes and paying them for their attendance.  Some outlets will even pay them a lot of money to interview them.

The miners said that they reached an agreement among themselves to share all their earnings from sharing their experiences about the accident.  Even if this does finally happen, who will make the most money?  Obviously, the person who best knows how to explain what happened, who best articulates the story, the one who communicates the most.  That person will be the one to travel and give speeches, that person will be preferred by television networks for interviews.  Even if the training they received was, for obvious reasons, very basic, knowing just a little better how to effectively communicate a message is something that can make a fundamental difference in the lives of the miners.  If they are skillful, they will never have to work another day in their lives.

Toyota podria haberse ahorrado cientos de millones de dólares: el valor del Media Training

February 26, 2010

A veces me pongo en contacto con un posible cliente y la respuesta es esta: “¿Media Training? Lo siento, no tengo presupuesto para eso”. Bien, si el presidente de Toyota, el señor Akio Toyoda, hubiera sido entrenado por expertos en Media Training hace un año, su compañía podría haberse ahorrado cientos de millones de dólares. Por ahora, la crisis ya le ha costado a Toyota dos mil millones de dólares y las pérdidas aumentan continuamente.

Uno de los conceptos fundamentales que se explican en el Media Training es que lo peor que se puede hacer es mentir a los medios. Se puede decir que uno no está seguro de algo, que está intentando averiguar la causa de un problema o que simplemente no sabe la respuesta. Sin embargo, si miente y luego la prensa lo descubre, se cebará en usted hasta destruir su reputación. Y, por lo general, tarde o temprano, todo acaba sabiéndose.

Toyota tiene un problema mecánico o eléctrico que, con o sin Media Training, habría traído un gran dolor de cabeza a la empresa. Sin embargo, la masa crítica contra la compañía japonesa se creó en Estados Unidos cuando la prensa comenzó a investigar y descubrió que Toyota no había sido todo lo sincera que  hubiese debido ser respecto a la existencia del problema. En ese momento, la prensa centró sus cañones en Toyota y comenzó a lanzar toda su artillería pesada contra la corporación japonesa. El daño que ha sufrido su reputación podría incluso provocar que su presidente tenga que renunciar. Una persona que es nieto del fundador de la compañía, que lleva apenas un año en el cargo y que entró en Toyota cargado de nuevos planes para modernizar a su empresa.

Cuando el señor Toyoda testificó frente al Congreso estadounidense, no cabe duda de que, entonces sí, ya había sido entrenado por especialistas de primer orden mundial en Media Training. Hizo un buen papel. Mostró pesar, aceptó responsabilidad, pidió disculpas inmediatamente y lamentó cualquier accidente causado por sus coches. Eso consiguió que la nota sobre la comparecencia ante el

Congreso apareciera el día siguiente hundida en la página 16 del Washington Post. Si no hubiera sido entrenado y hubiese seguido negando la existencia del problema, la nota estaría en primera página y la prensa seguiría con su implacable labor de acoso y derribo, dañando aún más si cabe la imagen de la Toyota. Y ahora muchos americanos se preguntan: ¿Es seguro conducir mi coche Toyota? Una empresa modelo en el mundo y que había duplicado su producción en apenas unos años, ahora está contra la espada y la pared. Pagaron muy caro el no entender cómo funcionan los medios de comunicación. Como suele decirse, se ahorraron el centavo para gastarse el dólar. O ni siquiera comprendieron jamás el valor del Media Training.

El Media Training tiene un enorme valor estratégico para cualquier compañía, organización o gobierno. No sólo porque tarde o temprano se enfrentará a una crisis y tendrá que encarar a los medios de comunicación, sino porque, en circunstancias normales, ofrece formas efectivas para elevar su perfil público y reputación de forma  gratuita y creíble.

Muchos líderes públicos y empresariales nunca han recibido ningún entrenamiento de este tipo. Los ejemplos del precio que hay que pagar por no entender la importancia de este tema son innumerables y no cabrían en la memoria de mi computadora.

Los más conocidos son los más anecdóticos, como por ejemplo el hablar cuando hay un micrófono cerca y asumir que está apagado.

En el debate de presupuestos de España en el 2003, un micrófono abierto permitió escuchar al entonces responsable de economía del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Jordi Sevilla, decir a su jefe José Luis Rodríguez Zapatero: “Se te nota todavía inseguro. Has cometido un par de errores, pero son chorradas”, aunque consideró que “con dos tardes” el entonces Secretario General del PSOE tendría suficiente para aprender “lo que necesitaba” sobre economía. Hoy, con España en una seria crisis económica, su oposición le recuerda este tema a menudo, diciéndole que mejor hubiera dedicado más de dos tardes al tema económico.

El 11 de octubre del 2008, en vísperas del día de las Fiesta Nacional, un micrófono abierto permitió escuchar en un acto del Partido Popular (PP) las quejas de su presidente, Mariano Rajoy, por tener que acudir al día siguiente al “coñazo” del desfile militar. Un comentario no muy apropiado teniendo en cuenta que hay tropas españolas jugándose la vida en lugares como Afganistán.

Recientemente, la presidenta de la Comunidad de Madrid, la conservadora Esperanza Aguirre, se alegró de haber podido conseguir un puesto en la entidad financiera Caja Madrid al partido Izquierda Unida quitándoselo así “al hijo puta”, refiriéndose a Fernando Serrano, un miembro del su propio partido, el PP, pero aliado de su contrincante político, Alberto Ruiz Gallardón, también del PP. Sus palabras se filtraron a través de un micrófono mal cerrado. El tema, lógicamente, trajo tensión al partido.

En marzo del 2008, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, admitió tras una entrevista con el periodista Iñaki Gabilondo y sin saber que su micrófono todavía estaba abierto, que “nos conviene que haya tensión”, en referencia a las futuras elecciones. Minutos antes había urgido al diálogo para, precisamente, evitar la tensión.

El ex presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, creyendo que la cámara ya no estaba rodando tras una entrevista con la cadena Bloomberg dijo “todos los argentinos son una maga de ladrones, desde el primero hasta el último”. El tema creó una tensión diplomática de primer orden y Vázquez tuvo que ir a disculparse personalmente a Buenos Aires.

Este es realmente un tema que afecta a todos los partidos políticos.

Sin embargo, los ejemplos de los micrófonos abiertos, aunque originan situaciones graves, son en el fondo anecdóticos porque lo único que se requiere para evitarlos es ser consciente de que nunca hay que hablar de algo confidencial si hay un micrófono cerca.

El Media Training es algo mucho más complejo que eso. Se trata de ser capaz de transmitir de forma efectiva el mensaje que se quiere dar y eso requiere preparación y práctica. Y en tiempos de crisis como estos, eso se vuelve mucho más importante aún, ya que comunicar lo que ocurre y por qué es vital para garantizar estabilidad.

Estoy seguro de que el presidente de la Toyota, el señor Akio Toyoda, entiende ahora perfectamente el valor del Media Training y jamás se le ocurría decir: “¿Media Training? Lo siento, no tenemos presupuesto para eso”.