Archive for the ‘Comunicando el mensaje’ Category

Gato Communications en los sellos de correos

October 18, 2011
La empresa de asesoría en comunicación Gato Communications está estrenando un sello de correos. El sello ha sido diseñado especialmente para esa compañía y puede ser usado para enviar cartas a cualquier parte del mundo a través del servicio de correos de Estados Unidos, el USPS. El sello recoge el logo de Gato Communications.

Sellos de Gato Communications

Gato Communications es una empresa que asesora a gobiernos, instituciones, corporaciones, expertos y organizaciones sin ánimo de lucro a cómo comunicarse mejor para elevar su impacto, reputación e imagen. En el caso de las corporaciones, para aumentar su clientela y desarrollo de negocio. La especialidad de Gato Communications son los cursos de Media Training o  entrenamientos para aprender a construir mensajes eficaces y que tengan gran impacto público.

Gato Communications imparte estos cursos en español e inglés en todo el mundo. Para más información, por favor visítenos en www.gatocommunications.com.

“Este sello nos llena de alegría porque es una herramienta de marketing perfecta para continuar diseminando el nombre de la empresa. Nuestro logo estará a partir de ahora viajando por cartas que vayan a todos nuestros clientes en Latinoamérica,  Europa, Asia y África”, declaró Pablo Gato, CEO de Gato Communications.

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Gato Communications on postage stamps

October 18, 2011

The consulting firm Gato Communications debuts a postage stamp. The stamp was designed especially for the company and can be used to mail letters anywhere in the world through the US Postal Service. The stamp depicts Gato Communications’
logo.

Gato Communications stamps

Gato Communications advises governments, institutions, corporations, experts and non-profit organizations how to communicate better to raise their impact, reputation and image. Regarding corporations, this assists them to increase their client base and further develop their business. Gato Communications specializes in Media Training where our clients learn how to build effective messages that result in greater public impact.

Gato Communications offers its media training courses in English and Spanish all over the world. For additional information, please visit us at www.gatocommunications.com.

 “We are thrilled with this stamp because it’s the perfect marketing tool to continue spreading our name nationally and internationally. From now on our logo will be traveling on letters to our clients in Latin America, Europe, Asia and Africa,” said Pablo Gato, CEO at Gato Communications.

La primera impresión, vital para una comunicación efectiva

September 20, 2011

Lo dice el refrán: “Nunca tienes una segunda oportunidad para dar una buena primera impresión”. Eso aplica no sólo para el ámbito profesional, sino también para el personal. Todos los estudios psicológicos indican que una vez que una persona se ha hecho una idea inicial sobre ti, es ya después muy difícil cambiarla. Por eso es necesario dar una magnífica primera impresión.

En un trabajo, esa primera impresión es vital. Si en las primeras semanas en tu nuevo empleo demuestras ser un trabajador modelo, ésa será la imagen que perdurará de ti. No importa si posteriormente tu rendimiento decae y ya no eres tan trabajador modelo. En cambio, si la primera impresión es negativa, no importa lo mucho que mejores, la mayoría de tus compañeros siempre tendrán esa idea negativa de ti. Y eso funciona exactamente igual en la política. Una vez un votante se ha hecho una idea inicial sobre un candidato, es muy difícil modificarla. No importa qué argumentos se den, los votantes tenderán a escuchar sólo lo que quieren escuchar.

Es decir, hay que prestar especial atención a la hora de causar una inmejorable primera impresión.

J.D. Schramm, en su estudio “Una comunicación efectiva comienza con una buena primera impresión”, ahonda sobre la importancia de esa primera impresión en todas las facetas de nuestras interacciones con otras personas.

En el escrito, por ejemplo, menciona que una presentación nunca debe empezar con un “Buenos días, mi nombre es Francisco García. Soy el Presidente de la empresa Teléfonos de Costa Rica y hoy estoy aquí para…”

¿Por qué? ¿Ha dicho acaso algo que nos llamó la atención? ¿Mencionó algo intrínsecamente interesante? No. En realidad, perdió una buena oportunidad para capturar nuestra atención desde el inicio.

Antes de iniciar su presentación, piense en algo distinto, original, innovador. Algo que haga que toda su audiencia gire su
cabeza hacia usted y comience a prestarle “verdadera” atención. Cada año vemos decenas, cientos de presentaciones. ¿Recordamos algo especial de ellas? ¿Vimos o escuchamos algo que se quedara grabado en nuestras mentes? En la inmensa
mayoría de los casos la respuesta es no.

Y no olvide que las primeras impresiones no son sólo cuando usted se presenta en persona, sino también en una conversación
telefónica, videoconferencia o incluso en un email. En un mercado laboral tan difícil como el actual, cualquier detalle se convierte en una clara ventaja competitiva. No los desaproveche.

Tampoco olvide que el 80% de lo que usted comunica lo hace a través de su lenguaje corporal no verbal. La importancia del contenido concreto de su mensaje apenas llega al 20%.

Su expresión facial, la posición de su cuerpo, el contacto visual, las posiciones físicas abiertas o defensivas que usted
presente, su tono de voz. Esos factores marcan la parte más importante de su mensaje. Si lo que usted dice coincide con su lenguaje no verbal, su mensaje será aceptado como auténtico. Sin embargo, si sus palabras dicen una cosa y su cuerpo otra, su mensaje será rechazado como incoherente y no auténtico.

Hay muchos factores que inciden en que un mensaje sea percibido como auténtico o falso. Cómo nos expresamos, cómo nos vestimos, cómo nos comunicamos con nuestro cuerpo tienen una importancia vital. Por suerte o por desgracia, mucha gente sí juzga al libro por su portada.

Pablo Gato

CEO, Gato Communications

Para más información sobre Comunicación Efectiva, visite www.gatocommunications.com

Ahorra el centavo, gástate el dólar

April 23, 2011

Se cumple el primer aniversario de la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México. El accidente se cobró la vida de 11 personas y ocasionó un derrame marítimo de cinco millones de barriles de petróleo, el peor en la historia de EEUU.

Desde el punto de vista de relaciones públicas, resulta sorprendente como empresas tan importantes como BP reaccionaron de forma tan incompetente al desastre. De hecho, el caso de BP se toma ahora como manual de referencia respecto a todo lo que NO hay que hacer durante una crisis.

Antes del accidente, el entonces CEO de BP, Tony Hayward, había reducido el presupuesto de la empresa para relaciones públicas, dejándose asesorar por consultores que obviamente no estaban capacitados para ese trabajo. Y mucho menos para la crisis que se avecinaba. El resultado fue un enorme daño a la reputación de BP y, por lo tanto, también a su negocio. De paso, Hayward perdió su propio trabajo como CEO.

Una empresa que en el 2009 ganó 14 mil millones de dólares comenzó a ahorrar dinero en un terreno para ellos tan vital como son las relaciones públicas y al final pagaron su error. Es lo que se suele decir, ahorrarse el centavo para después acabar pagando el dólar.

Una decisión irresponsable y poco inteligente porque ciertamente una empresa petrolera sabe que, tarde o temprano, puede sufrir un accidente de este tipo y cuando eso sucede tiene que tener un equipo de relaciones públicas de primera categoría listo para bregar de forma inmediata y eficiente con esa crisis. Aunque cualquier empresa o gobierno puede sufrir una crisis por muchos motivos distintos, el mismo caso aplica especialmente para compañías que trabajan en áreas con un contenido especial de riesgo, como por ejemplo las aerolíneas o las  empresas químicas. Es sólo cuestión de tiempo que haya un accidente, por no hablar de un ataque terrorista. Y si esa crisis no se soluciona satisfactoriamente, podría ocasionar incluso el propio fin de la empresa.

Por eso sorprende que una corporación de la relevancia de BP fuera tan miope.

El otro incidente reciente que por desgracia nos recuerda la total falta de preparación frente a situaciones catastróficas es lo ocurrido en Japón.

Yo he estado en Japón varias veces. He tratado profesionalmente con japoneses y empresarios japoneses. Lo último que uno se imaginaría es que un país tan organizado y profesional como Japón no estaría preparado para algo que es completamente predecible.

Japón es uno de los países del mundo más sacudidos por terremotos. En esa zona, obviamente, los terremotos ocasionan tsunamis, con lo cual éste es un factor también completamente predecible. ¿Y es para alguien una sorpresa el potencial peligro que puede generar un accidente nuclear? El gobierno japonés y la empresa dueña de la planta nuclear deberían estar preparados para todo este tipo de situaciones, pero resulta claro que no lo estaban. Algo realmente imperdonable porque estamos hablando de situaciones en las que están en juego cientos de miles de vidas humanas.

Es cierto que la catástrofe fue de dimensiones mayúsculas y que cuando eso ocurre no es fácil reaccionar. Hay un shock psicológico colectivo. Sin embargo, repito, estamos hablando de situaciones completamente predecibles.

Al desastre físico y humano, se añadió el informativo. Hubo un total vacío de información fiable y precisa. El gobierno japonés falló completamente cuando la población más necesitaba de esa información fiable y precisa para tomar decisiones potencialmente de vida o muerte.

Nadie parecía saber cómo tratar con la prensa, qué información dar, qué recomendar. La información que recibía el público era incompleta, verdades a medias o completamente incorrecta. La prensa japonesa decía una cosa y la internacional otra distinta. La empresa dueña de la planta nuclear afirmaba algo y los  expertos independientes desmentían inmediatamente esa información. El gobierno japonés emitía un comunicado y el estadounidense contradecía lo dicho. A todo esto hay que añadir el escepticismo tradicional de muchos japoneses hacia lo que dicen algunas corporaciones de su país, conocidas por ser muy poco transparentes. El resultado fue un total caos informativo agravado por un ambiente de extrema tensión física y emocional. Una tormenta perfecta.

Conozco a personas con familia en la zona afectada de Japón. Me dicen que nadie sabía cuál era realmente el perímetro de seguridad alrededor de la central nuclear, qué hacer, adónde ir a refugiarse o dónde conseguir agua no contaminada o alimentos. No precisamente la imagen que alguien tendría de un país como Japón.

¿Qué ocurrió? ¿No tenía el gobierno japonés un plan de crisis para situaciones como ésas, de nuevo, completamente predecibles? Si lo tenía, ¿por qué no se ejecutó? ¿No realizó el gobierno japonés entrenamientos para su personal clave para saber cómo bregar con la prensa, conocidos como media training, especialmente en situaciones de crisis? Y si hizo esos cursos, ¿por qué actuaron de una forma tan pobre y peligrosa para la población?

¿Cómo es posible que corporaciones multimillonarias como BP o gobiernos tan desarrollados y ricos como el japonés hayan estado tan pésimamente preparados para este tipo de situaciones? ¿Cómo es posible que hayan cometido un error estratégico de semejante magnitud?

No cabe duda de que en desastres como de los que hemos hablado la principal prioridad de gobiernos y empresas es la seguridad física de las personas y del medio ambiente. Sin embargo, en esos momentos, el flujo de información fiable y correcta no es secundario sino también prioritario porque impacta directamente en esa seguridad de los seres humanos y del medio ambiente. Durante catástrofes saber comunicar con efectividad salva vidas.

Desgraciadamente, en el futuro ocurrirán más accidentes o desastres naturales. Vamos a ver si tanto BP como el gobierno japonés y otras instituciones y empresas han aprendido de estos errores o habrá que tropezar otra vez en la misma piedra.

Tucson: manejo exitoso de crisis

January 17, 2011

Cuando uno lee un editorial en The Washington Post del senador republicano John McCain titulado “Un discurso admirable del Presidente Obama”, queda claro que ese discurso tuvo que ser realmente memorable. El senador McCain, además, fue el candidato republicano en las últimas elecciones presidenciales. El rival directo de Barack Obama. En el editorial, McCain se refiere al discurso que el Presidente pronunció en el servicio conmemorativo por las víctimas del tiroteo en Tucson, Arizona, y, entre otras cosas, califica a Barack Obama de “patriota”.

El objetivo del discurso del Presidente era unir al país ante la tragedia. Es el deber de los presidentes en momentos como estos. Y el comentario general es que lo consiguió.

Obama criticó el ambiente de hostilidad política verbal que hay en Washington. El motivo es que los comentarios iniciales culparon a ese tenso clima político del ataque a la congresista Gabrielle Giffords en Tucson.

Muchos líderes, así como el Presidente, repitieron que tenemos que regresar a un escenario político en el cual se puede disentir activa y apasionadamente con otra persona, pero dentro de un marco de civismo.

Yo pienso que ese clima de ataque y contraataque políticos no es ni mucho menos un monopolio de los Estados Unidos. Eso ocurre en todos y cada uno de los países en los que he trabajado y vivido. Disentir agresivamente es algo inherente a la política. Es más, lo peligroso sería la falta de ese vivo debate, ya que significaría que no existe democracia.

Afortunadamente, y aunque todos recordamos dolorosas excepciones, en Estados Unidos esas disputas se resuelven en las urnas. Tucson fue una excepción. No queda ni siquiera claro si fue un intento de asesinato político contra una congresista basado en motivos ideológicos o simplemente la obra de un perturbado que se enfocó en la legisladora como se hubiera podido obsesionar con cualquier otra persona y por cualquier otro motivo. Todos los expertos coinciden en que el supuesto atacante, Jared Lee Loughner, sufre severos problemas mentales. De hecho, estudios del Servicio Secreto de Estados Unidos determinan que la gran mayoría de los así llamados “asesinatos políticos” en este país no tienen nada que ver con política. Tras muchas entrevistas con personas que han atentado, con y sin éxito, contra líderes políticos, los estudios concluyen que casi todos los atacantes sufren de problemas mentales y que ésa es la verdadera causa de los atentados. No la disensión política.

Hablando estrictamente desde el punto de vista comunicacional, lo que me parece claro es que la crisis se manejó magistralmente por todas las partes.

El país estuvo pegado a las pantallas de televisión durante varios días para informarse de todos los detalles de lo sucedido. La tragedia realmente impactó a la nación. Todas y cada una de las víctimas fueron pérdidas irreparables, pero el caso de la pequeña Christina-Taylor Green tocó sin duda de forma especial el corazón de los estadounidenses. Una niña de apenas nueve años nacida, paradójicamente, el 11 de septiembre del 2001. El día de los ataques terroristas contra las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York y el Pentágono. Una pequeña a quien le atraía la política y que quería ver y escuchar en persona a la congresista.

La tarea del Presidente de unir a la nación en su discurso no era fácil debido al clima de división política al que me he referido. Sin embargo, no sólo hizo eso bien, sino que manejó la crisis de forma magistral.

El Presidente reaccionó enseguida ante lo ocurrido. Emitió rápidamente un comunicado de prensa. Después, compareció frente a las cámaras de televisión para dar su pésame a los familiares de las víctimas y expresar sus deseos de pronta recuperación para los heridos. Obama incluso envió al propio director del FBI a Arizona a liderar la investigación y ofreció todos los recursos federales que fueran necesarios. Su siguiente paso fue desplazarse personalmente junto a la Primera Dama a Tucson y asistir al servicio conmemorativo. En todo momento se vio a un presidente muy activo y en tono con el dolor del resto del país.

La oposición política republicana, de igual forma, actuó sin partidismos y enfocándose en lo importante, las víctimas, y dejando de lado cualquier lucha partidista. Un ejemplo es el editorial por parte del senador McCain. Algo interpretado como un ejemplo de elegancia, clase, responsabilidad y liderazgo político de primer nivel por parte del senador republicano.

Alguien que sí levantó controversia fue la ex candidata a vicepresidenta por el Partido Republicano, Sarah Palin.  La ex gobernadora de Alaska, en un mensaje en video lanzado a través de su página en Facebook, usó un término históricamente interpretado como antisemita y que sin duda distrajo a su audiencia de su mensaje principal. Otros también la criticaron por hablar demasiado de política y de no centrarse más en las víctimas.

Algunos la habían acusado de crear un clima político propicio para la confrontación en lugares como Arizona. Los líderes políticos nacionales, tanto demócratas como republicanos, repitieron que el único responsable de una tragedia semejante es quien apretó el gatillo.

Muchos de los defensores de Palin dicen que ella no entendió el contexto de la frase que utilizó. Pocos se explican, de todas formas, cómo ninguno de sus asesores dio una señal de alarma al respecto. Algo que sólo echó aún más leña al fuego de las personas que la acusan de no tener la preparación intelectual necesaria para ser presidenta.

No obstante, la crisis fue en general, muy bien manejada por todas las partes involucradas.

La actuación del Presidente fue alabada hasta por sus más feroces críticos republicanos. La oposición republicana fue alabada por los demócratas. La clase política mostró una unión poco habitual en Washington. No se enfocaron en ellos sino en la tragedia en sí y urgieron a un tono político más respetuoso.

Los partidarios del uso de armas, a pesar de la tragedia, no perdieron terreno. De hecho tan sólo días después del tiroteo hubo una feria de armas en Arizona a la que acudieron miles de personas. Ellos insisten en que el problema no son las armas y que cualquier ciudadano tiene el derecho constitucional a tenerlas. Según ellos, el problema es controlar que criminales y personas desequilibradas mentalmente no tengan acceso a las mismas. Aunque el tema de las armas obviamente se tocó durante las coberturas periodísticas de la tragedia, el tiroteo no motivó realmente un profundo debate nacional sobre el uso de armas en Estados Unidos. Sin duda los grupos pro armas supieron también tratar con éxito esta crisis. Dieron su posición, pero respetando el dolor de las víctimas. Lograron evitar que se produjera un sentimiento popular en su contra que pudiera propiciar legislación federal significativa contra sus intereses.

Otro de los grupos que manejaron muy bien la situación fueron los médicos involucrados en la tragedia. Se hicieron siempre disponibles, dieron partes constantes de la evolución de los heridos, comunicaron con efectividad y de forma entendible todos los procedimientos médicos y mostraron clara simpatía con el sufrimiento de los familiares. Se manejaron con enorme profesionalidad en una situación ciertamente agotadora tanto física como mentalmente. Y frente a cientos de periodistas de todo el mundo.

Esto nos indica que una de los puntos principales para manejar con éxito cualquier crisis es prepararse para ella antes de que ocurra. Los médicos y el hospital sin duda lo hicieron. Algo así puede ocurrir desgraciadamente cualquier día y esa capacidad de comunicar efectivamente no se puede improvisar.

Este es un ejemplo de lo bien que se ha manejado una crisis, pero hay una larga lista de crisis muy mal manejadas a todos los niveles que han impactado muy negativamente en la reputación no sólo de los involucrados directamente en la crisis sino, por ejemplo, en líderes políticos al más alto nivel.  Si estudian con atención cómo se reaccionó en Tucson, sin duda podrán estar mejor preparados para las futuras crisis, que, sin duda, tendrán que afrontar algún día.

Entrevista: La Opinión A Coruña (7 de noviembre de 2010)

November 7, 2010

Periodista coruñés en EEUU premiado con dos EMMY por sus investigaciones

Pablo Gato: ´El gran problema de Obama es que no sabe vender lo que hace´

“Se habla del hispano Marco Rubio como rival presidencial en 2012, pero dependerá de lo que haga en temas como la reforma migratoria”

Hace dos años que abandonó el periodismo activo para dedicarse a asesorar a Estados y empresas que operan en EEUU, entre ellas cajas españolas. Es el periodista latino que cubrió más conflictos internacionales en la televisión estadounidense, ha trabajado para grandes cadenas como CNN y NBC y obtuvo dos EMMY y cuatro nominaciones de la academia de televisión por sus investigaciones

SANTIAGO ROMERO | A CORUÑA

-¿Por qué salió tan mal parado Obama en estas elecciones?

-Hay dos cosas. Un tema de fondo, que es la crítica al gasto público que genera la agenda ambiciosa de Obama y otro que, aunque es un tema de forma, es el que ha tenido más impacto en las urnas: Obama ha tenido un fracaso de comunicación enorme, no supo vender lo que está haciendo. Se comunicaron perfectamente bien a la hora de elegirlo como presidente, movilizaron al país de una forma impresionante, de hecho recaudó más dinero que nadie. Pero a la hora de gobernar descuidaron esa maquinaria de comunicación. Y Obama lo ha pagado.

-Da la impresión de que el voto latino le ha dado la espalda.

-El problema es la reforma migratoria. Obama la prometió en el primer año y no lo cumplió. Entonces, aunque ha habido cosas que los hispanos admiten que son buenas y que benefician a todo el mundo, el incumplimiento de esa promesa lo opaca todo en la comunidad latina. Lo otro pasa a ser secundario y hay mucha gente que está decepcionada. Esto le costó votos.

-¿Se verá Obama obligado a cambiar su agenda de gobierno?

-La va a tener que cambiar a la fuerza, o no conseguirá que se apruebe nada. Yo creo que va a cambiar tanto la agenda de los demócratas como de los republicanos. Si se paraliza todo también van a penalizar a los republicanos, no sólo a Obama. Ahora que son parte del gobierno no pueden seguir siendo el partido del no sin más.

-¿Estos resultados pueden ser extrapolables a una elección presidencial?

-Son distintas. Hay mucha gente que ha votado republicano no por ideología, sino para penalizar a los demócratas. Los mismos republicanos admiten que esto no es un voto de confianza para ellos, sino más bien una especie de segunda oportunidad. Y está limitada a dos años. Puede cambiar fácilmente en 2012.

-¿Será el hispano Marco Rubio el rival de Obama en 2012?

-Automáticamente ya se habla de él como candidato presidencial. Ahora bien, el tema es más complicado. Primero, para ser candidato presidencial no le basta con el apoyo hispano. Y también habría que ver si la mayoría de la comunidad hispana se siente cómoda con él como representante digamos oficial. No cabe duda de que va a ser un personaje a tener en cuenta, pero aún está por ver a dónde llega. Entre otras cosas, ahora va a tener que comprometerse en votos concretos. El apoyo de la población hispana dependerá de lo que haga y la clave será la reforma migratoria.

-Creo que es usted el periodista latino que ha cubierto más conflictos bélicos en Estados Unidos.

-Sí, porque en una época me interesó mucho. Entre eso y que nadie quería ir, era la combinación perfecta. He conocido a varios corresponsales de guerra españoles que desafortunadamente han muerto, por ejemplo Julio Fuentes, que fue asesinado en Afganistán y también conocí en la guerra de Irak a Julio Parrado un día antes de que lo mataran. Y al periodista de Antena 3 Ricardo Ortega, que murió en Haití. En España se dice que los gatos tienen siete vidas; en Estados Unidos, son nueve; pues yo he agotado las nueve. He podido morir varias veces, pero tuve suerte.

-Recibió una mención de honor de la academia de televisión por el 11-S. ¿Cómo lo vivió?

-Fue surrealista. Yo vivo cerca del Pentágono, en Washington. Iba conduciendo y vi la enorme nube de humo que salía del complejo militar, que duró días en extinguirse. Enseguida llamé a la redacción, sabían ya lo de las Torres Gemelas, pero no aún lo del Pentágono. Parecía el apocalipsis: coches en dirección opuesta, gente armada cruzando la autopista y de pronto se apagaron todos los teléfonos móviles mientras oías explosiones por todas partes, era el tendido eléctrico, pero había rumores de que había explotado un coche bomba en el Departamento de Estado. Se tenía la impresión de que Washington estaba siendo atacada en toda regla. Fue meterse en ese caos y trabajar sin parar en la redacción durante muchísimos días.

-Los episodios de Washington son los menos documentados del 11-S, por eso se agarran a ellos muchas teorías conspiratorias.

-Bueno? es sólo porque no hay un material visual tan claro como en Nueva York. Mi compañera Lori Montenegro estaba justo delante del Pentágono y vio perfectamente cómo se estrellaba el avión en el Pentágono. Ella lo vio, pero no hay un video donde se vea claramente como en Nueva York. Por eso han salido todas esas cosas.

-Conoció personalmente a varios presidentes en la Casa Blanca. ¿Cuál le impresionó más?

-Clinton, sin duda. Tiene el poder de hacerte sentir el centro del universo cuando hablas con él. Bush también es afable y chapurrea algo de español.

-Uno de sus trabajos premiados destapó algo poco conocido en Europa: la conexión del terrorismo islámico en Sudamérica.

-Sí, en la llamada triple frontera de Brasil, Argentina y Paraguay, que es la capital latinoamericana del contrabando. En esa zona hay una comunidad árabe muy fuerte y había acusaciones de que Hezbollah recaudaba allí dinero para Oriente Medio. Fuimos a comprobarlo y nos encontramos sorprendentemente con gente que confesaba sin tapujos su militancia islámica e incluso alguno que se declaró dispuesto a inmolarse en atentados suicidas si estuviese en Irak.

Comedia y Periodismo

October 31, 2010

Fui al conocido Mall de Washington el sábado 30 de octubre para ver con mis propios ojos qué tipo de reacción popular tendría el llamado de los cómicos John Stewart y Stephen Colbert en su acto público llamado “ Para restaurar la cordura/Mantener vivo el miedo”. Por lo general, muchos medios periodísticos dicen que hubo “decenas de miles de personas”. La cantidad era sin duda mucho mayor que eso. El diario The Guardian de Londres estima la asistencia en alrededor de doscientas cincuenta mil personas. Eso creo que está mucho más cerca de la realidad. A pesar de que la guerra en Irak era un tema muy impopular durante el último período del Presidente Bush, ninguna manifestación contra el conflicto pudo, ni de lejos, atraer a tanta gente a Washington. Algunos van más allá y sitúan el número de asistentes al evento de Stewart y Colbert en medio millón de personas.

Para quienes no estén familiarizados con Stewart o Colbert, diremos que son los padres de los noticieros “falsos” y hechos a base de humor. Ambos trabajan en el canal humorístico Comedy Central. Tienen unos niveles de audiencia muy elevados, igual que otro cómico llamado Bill Maher, cuyo programa se ve en la cadena HBO.

Todos son en lo que EEUU se llama liberales o simpatizantes con el Partido Demócrata. Por lo general, los republicanos (y más recientemente el nuevo movimiento del “Tea Party”, aunque los cómicos dicen que ambos son lo mismo) son el centro de sus ataques e ironías. Sin embargo, también atacan a los demócratas. Un ejemplo lo dio Stewart cuando entrevistó el pasado 28 de octubre al Presidente Obama en su programa. Sí, como lo oyen, el Presidente Obama fue al programa cómico y se abrió a la ironía y el castigo de Stewart.  ¿Por qué un Presidente haría eso? Primero porque sabe que es una audiencia que simpatiza con él y segundo porque es muy consciente del poder de ese programa, especialmente entre los más jóvenes. Y eso significa votos.

Stewart  atacó a Obama diciendo, básicamente, que había defraudado a quienes  votaron por él porque no creó una reforma de salud lo suficientemente amplia y profunda. Que fue demasiado tímida. El Presidente respondió que “30 millones de personas con seguro de salud que antes no lo tenían no tiene nada de tímido”, pero el punto es que Stewart, un cómico, tiene el poder para conseguir que el Presidente vaya a su programa y que le hace preguntas con un nivel de irreverencia que periodistas seguramente no se atreverían a hacer.

Por supuesto, Stewart es un comediante y no un periodista. Un periodista no está para hacer chistes, sino para obtener información y después pasársela a su audiencia de una forma profesional y objetiva. No para dar su opinión. Dicho esto,  si cientos de miles de personas se presentan a un evento como el de Stewart y Colbert y millones más siguen casi religiosamente lo que dicen en sus “noticieros” por televisión, me parece claro que el fenómeno va mucho más allá de unos buenos chistes. Es un verdadero fenómeno sociológico.

Los comediantes dijeron que el evento en el Mall no era político. Eso es básicamente ridículo. Todo era política en ese evento y por supuesto era más fácil encontrar una aguja en un pajar que no a un republicano asistiendo al mismo. Sin embargo, ellos insistieron que ese evento no se hizo para apoyar a nadie en concreto, sino para traer de nuevo un clima de civismo en el discurso político del país. Ambos son muy críticos especialmente con los canales políticos televisivos de cable, que dicen, por lo general, no hacen más que envenenar la mente del público difundiendo odio, miedo y mucha información parcial o completamente falsa. Todo con un solo objetivo: aumentar sus índices de audiencia sin importarles las consecuencias que esa información imprecisa o falsa y ese clima de miedo y odio puedan tener en la nación. Sus críticas suelen centrarse en los canales conservadores, como la cadena Fox.  

Según los cómicos, muchos periodistas se centran en partes concretas de la realidad y las generalizan, dando una impresión equivocada de esa realidad. Añaden que el único objetivo es levantar debate, polémica, ataques, polarizar a la sociedad.

La audiencia de esos programas suelen ser personas progresistas y con un nivel de formación respetable. Los comediantes, entre los invitados a sus programas, incluyen a personas del más alto nivel académico, como economistas, políticos, ex presidentes, profesores universitarios o historiadores. Entre ellos, muchos conservadores.  Personas como Stewart dicen que muchas de los llamados expertos que salen opinando en los medios (tanto liberales como conservadores) no tienen la preparación necesaria para poder hablar con autoridad sobre los temas que tocan y que por lo tanto muchos programas políticos acaban convirtiéndose en una verborrea sin fin plagada de gritos y muy poca información objetiva.

Estos programas cómicos se hicieron muy populares por la guerra en Irak. Muchas personas los veían afirmando que eran los únicos lugares donde realmente se daba información completa de lo que ocurría en la guerra. No fueron pocos los que criticaron a los medios tradicionales por no ser más críticos con el gobierno en ese terreno. Tanto a la hora de investigar la veracidad de las acusaciones del gobierno contra Bagdad para ir a la guerra como, posteriormente, en el desarrollo de la guerra en sí. En especial, en el costo humano y material de la misma. Esas personas añadían que esos medios se habían impuesto una autocensura respecto a cuestiones importantes porque eran tiempos de guerra y no era popular criticar al gobierno cuando los soldados estaban muriendo por el país en los campos de batalla iraquíes.

Sean o no ciertas las acusaciones contra los medios tradicionales, lo cierto es que esos programas cómicos crearon una audiencia fiel y masiva. Y sean ciertas o no esas acusaciones, quienes los siguen piensan que viendo a los medios tradicionales no obtienen toda la información que necesitan para enterarse completamente de lo que está pasando en su país y en el mundo. Para eso, tienen que ver Comedy Central o HBO.

No es cierto que no haya lugares en Estados Unidos adonde una persona no pueda ir para ver información completamente seria y de primera categoría. Los noticieros  de las cadenas públicas de radio y televisión (NPR y PBS) son un ejemplo de ese periodismo serio y en profundidad. También es cierto que mucha gente critica las disputas verbales y el nivel de animadversión de los programas de cable, pero después son los primeros en verlos porque disfrutan con esas pugnas dialécticas.

Sin embargo, también es cierto que debería haber muchas más opciones que PBS y NPR para recibir noticias en una forma seria y profunda y que ése debería ser también el papel de los medios tradicionales. Está bien tener programas populares dentro de la programación de, por ejemplo, cualquier canal televisivo. No hay nada de malo en divertirse, además el éxito de esos programas es clave para la supervivencia general de esos canales, pero  también debería ser una obligación contar con un departamento de noticias cuyo objetivo principal no fueran los niveles de audiencia, sino el servicio público a sus televidentes.

Estamos hablando de temas muy serios, como las guerras en Irak o Afganistán o la crisis económica. Temas que afectan, de una forma u otra, a la vida de todas las personas de este país, por no hablar de las personas en los propios Irak y Afganistán, entre otros muchos lugares.

Yo soy un periodista y si nuestra profesión no es capaz de satisfacer la necesidad de información por parte del público hasta el punto de que millones de personas ven programas cómicos para enterarse de lo que está pasando, creo que tenemos un serio problema. Repito que esas personas no ven esos programas sólo para reírse, sino también para obtener información que no encuentran en otros lugares. Si una parte importante del público opta por un cómico en vez de un periodista como yo para enterarse de lo que está pasando, no creo que sea una buena señal para mi profesión.

Esos comediantes son brillantes, hacen unos chistes y unos análisis realmente graciosos. Sin embargo, si ellos se convierten en una fuente importante de información para el  público y no sólo de comedia, tenemos un serio problema en nuestra profesión.

¿Separamos suficientemente lo que es opinión de lo que es información? ¿Nos hemos convertido en activistas en vez de en periodistas? ¿No somos lo suficientemente agresivos a la hora de pedir cuentas a un gobierno o institución? ¿Han perdido muchos medios de comunicación su vocación de servicio público? ¿Se trata ya todo de únicamente de subir los niveles de audiencia? ¿Y se han convertido las  redacciones de los noticieros en otro simple brazo más para subir esos niveles de audiencia en vez de centrarse en informar sobre temas vitales para la población? ¿Por qué los políticos y las instituciones no exigen a los canales que tengan noticieros responsables si quieren obtener una licencia para, por ejemplo, tener un canal de televisión?

A mí me encanta reírme con un buen programa cómico. Sin embargo, me temo que el éxito de eventos como el del Mall en Washington tienen un ángulo preocupante: es una clara prueba de nuestra  incapacidad como periodistas para hacer bien nuestro trabajo. Y no por falta de profesionales dispuestos a hacerlo bien cada día. Hay muchos que a diario demuestran su valía como periodistas. Personas preparadas, con vocación y que trabajan interminables horas para informar a su público de lo que está pasando. Periodistas que, además, han tenido que enfrentarse a enormes desafíos para poder seguir entregando un material de calidad. El problema es que no les dan los medios necesarios para poder hacer bien su trabajo.  Como dije, me encantan los programas cómicos, pero espero que, al menos en lo que al relato de noticias se refiere, podamos ofrecer a la audiencia lo que necesitan y que Comedy Central se vea estrictamente para reírse de la realidad, no para informar sobre la misma.

Comedy and Journalism

October 31, 2010

I went to Washington, DC’s famous Mall on Saturday, October 30, to witness the reaction of participants to the call by comedians Jon Stewart and Stephen Colbert to their rally to “Restore Sanity/Keep Fear Alive.”  Most press coverage stated that “tens of thousands” attended the event.  The amount of people attending was, undoubtedly, much larger.  London’s The Guardian newspaper estimated attendance at around 250,000.  I think that amount comes closer to reality.  Despite the lack of support for the Iraq war during President George W. Bush’s last years in office, there never was a protest against the war that ever came close to bringing so many people to Washington.  Some go further and say that as many as 500,000 attended the Stewart-Colbert’s event.

For those who are not familiar with Stewart or Colbert, we can call them the fathers of “fake” news shows that are designed from a comedic point of view.  They both work on the basic cable channel Comedy Central.  Their audience levels are quite high, as are those of another comedian called Bill Maher, whose show is broadcast on pay-cable’s HBO.

In the United States, all three are what are known as liberals or sympathizers with the Democratic Party.  In general, the target of their attacks and ironic comments is the Republican Party (and more recently, the new Tea Party movement, although they say that both are the same).  However, they also attack Democrats.  A recent example was when Stewart interviewed President Obama during his October 28 show.  Yes, that’s right; President Obama went to the comedy program and let himself be the target of Stewart’s irony and chastisement.  Why would a President do this?  First of all because he knows that Stewart’s audience is a friendly one and secondly, because he is very cognizant of the show’s power, especially among young viewers.  And those viewers translate into votes.

Stewart confronted Obama by basically saying that he had disappointed those who’d voted for him because the health care reform had not been sufficiently wide reaching and encompassing.  That it had been too timid.  The President disagreed with the term timid and responded by stating that “you’ve got thirty million people that will be getting health insurance as a consequence of this.” But the point is that Stewart, a comedian, has the power to have the President as a guest on his show and that he asked him questions of a level of irreverence that journalists would surely not dare ask.

Of course, Stewart is a comedian, not a journalist.  A journalist is not there to make jokes, but to find out information and later share it with the audience in a professional and objective manner.  Not to give his or her opinion.  That being said, if hundreds of thousands of people attend an event such as the one held by Stewart and Colbert and millions more religiously follow what they say on their “newscasts” on TV, it seems to me that the phenomenon goes beyond some well-written and told jokes.  It is a true sociological phenomenon.

The shows’ audiences tend to be progressive and fairly well educated.  Their guests include academicians such as economists and historians, as well as politicians and former presidents.  Many of them are conservatives as well.  People such as Stewart say that many of the so- called experts featured on news shows (be they liberals or conservatives) aren’t qualified to speak authoritatively about the subjects they discuss and, therefore, many of the shows where political issues are discussed end up turning into an endless stream of consciousness full of screams where very little objective information is discussed.

These comedy shows became very popular because of the war in Iraq.  Many people watched them because they say these shows were the only place where they could truly get the real story of what was happening in the war.  Many criticized traditional news media because it was not more critical of the government.  Both when it came to finding out the truth about the government’s accusations against Baghdad as justification for the war, as well as, later, the development of the war itself.  Especially, the human and financial cost of the war.  These critics added that the media had censored itself regarding important issues because it was wartime and it was not popular to criticize the government when US soldiers were dying in the Iraqi battlefield.

Whether or not these charges against mainstream media are true, the reality is that these comedy shows built a loyal and massive audience.  And whether the accusations are true or not, those who watch the shows believe that watching mainstream media they do not get the whole story that they need to find out what is happening in their country and the world.  For that they have to go to Comedy Central or HBO.

It isn’t true that there is nowhere in the United States where someone can’t go to get first-rate and completely serious news information.  The news programs produced by public television and radio (PBS and NPR) are an example of this serious and in-depth news reporting.  It is also true that many people criticize the verbal disputes and the level of entertainment on cable television, but they are the same people who are first in line to enjoy those dialectic matches.

However, it is also true that there should be many more options than PBS and NPR to get news in a serious and in-depth manner and that should also be the role of the mainstream media.  It is fine to have popular programs as part of a channel’s schedule.  There is nothing wrong with wanting to be entertained, especially when the success of that type of programming is key to the general survival of those channels.  But it should also be an obligation to have a news department whose principal objective is not the audience levels, but to providing a public service to its viewers.

We are dealing with very serious matters, such as the wars in Iraq or Afghanistan or the economic crisis.  Issues that affect, in one way or another, the lives of every person in this country, not to mention people in Iraq and Afghanistan, and many other parts of the world.

I am a journalist and if our profession isn’t able to satisfy the public’s need for information to the point where millions of people watch comedy shows to find out what is really happening, I think we have a very serious problem.  I reiterate that these people don’t only watch these shows to laugh, but to find out information that they say they can’t find out anywhere else.  I don’t think it’s a good sign for my profession if a large portion of the public chooses a comedian instead of a journalist like me to find out what is going on.

These comedians are brilliant, make jokes and analysis that are truly hilarious.  However, if they become an important source of information to the public, and not only a source of comedy, there is a truly serious problem for our profession.

Do we clearly differentiate opinion from information?  Have we become activists instead of journalists? Are we not sufficiently aggressive when it comes time to make governments or institutions accountable?  Have many media outlets lost their vocation of public service?  And, have newsrooms become another way to raise audience levels instead of focusing on informing the public about issues of vital importance to them?  Why don’t politicians and institutions make it a requirement that to be able to secure a broadcasting license a channel must have professional newscasts that are not ratings-driven in its programming?

I love to laugh watching a good comedy show.  However, I fear that the success of events such as yesterday’s on the Mall in Washington, DC has a worrisome angle:  they are clear proof of our inability, as journalists, to do our job well.  And this isn’t because of lack of professionals who are willing to do their jobs well on a daily basis.  There are many who, day-to-day, show their worth as journalists.  Well-educated people, for whom journalism is a vocation and who work endless hours to inform the public about what’s going on.  Journalists who, in addition, have had to face enormous challenges to be able to bring quality stories on air.  The problem is that they don’t have the necessary resources at hand to do their job well.  As I said before, I love comedy shows, but I hope that, at least regarding news reporting, we can offer our audience what they need and that Comedy Central can be watched to laugh at reality, not to inform about it.

De mineros a celebridades y pasando por la caja registradora

October 16, 2010

“Chile será recordado y reconocido no por Pinochet, sino como un ejemplo de unidad, liderazgo y coraje, fe y éxito”, declaró el Presidente de Chile Sebastián Piñera a The Times de Londres.

Chile ha escrito un capítulo que será muy difícil de superar en el terreno no sólo de los rescates en accidentes de minería, sino también en el campo de las  relaciones públicas.

Como dice el refrán chino, de toda crisis surge una oportunidad y las autoridades chilenas han realizado una tarea magistral durante esta crisis para posicionar a su país no sólo como una nación solidaria, valiente y luchadora, sino especialmente eficaz. Que sabe hacer las cosas bien. Un modelo a seguir. Ninguna campaña de relaciones públicas, incluso con un presupuesto ilimitado, hubiera podido conseguir jamás esos resultados. Ni de lejos.

Las labores de rescate en la mina San José de Copiapó fueron de manual. Rescatar a todos los mineros con vida ha sido sin duda un milagro, pero un milagro que se ha materializado gracias a una labor planeada al milímetro y ejecutada con un altísimo nivel de profesionalismo. Nada se dejó a la improvisación.

Hoy, después de esta epopeya, cualquier ciudadano común alrededor del mundo pensaría que Chile tiene uno de los sectores de minería más seguros del mundo. Estarían equivocados. Según CNN, el año pasado hubo 50 muertos en las minas de Chile. Aunque la minería representa el 40% de los ingresos del país, sólo es un 1% del mercado mundial. Y con un 1% del mercado mundial, Chile sufre el 8% de los accidentes. Es decir, Chile tiene un número claramente alto de accidentes mineros. El gobierno asegura que ese problema se centra en las compañías pequeñas y sin tantos recursos. CNN también apunta que en la zona del accidente hay únicamente tres inspectores del gobierno para 800 minas y que ese accidente nunca debió haber ocurrido porque la poca seguridad de la mina era algo conocido. La mina incluso había sido cerrada en el 2007. De hecho, una de las primeras cosas que hicieron los propios mineros tras ser rescatados fue pedir al Presidente que se tomen medidas inmediatas para evitar más accidentes de este tipo.

No obstante, la percepción es que el sector de minas chileno es excelente en el tema de la seguridad y, como todos sabemos, la percepción es a efectos prácticos el 90% de la realidad. Y eso el gobierno de Santiago lo ha conseguido, aparte de organizando este exitoso rescate, con un show mediático que ha bordado la perfección.

En primer lugar, y antes de ser rescatados, las autoridades dieron un entrenamiento a los mineros sobre cómo tratar con la prensa. Sí, como lo escuchan. Los mineros recibieron esa clase a 700 metros de profundidad. Y en segundo lugar, el gobierno brindó una cobertura televisiva de acceso completo a todo lo que estaba ocurriendo. Esa fue una decisión no sólo inteligente, sino también valiente porque el rescate fue un éxito, pero también hubiera podido ser un fracaso. Un fracaso con 2,000 periodistas y millones de televidentes como testigos.

Las cámaras estaban en todas partes y, lo que es más importante, todos los participantes en el rescate cooperaron al máximo en la cobertura. Se notaba claramente que los habían instruido para ese momento decisivo. Lo hicieron incluso los médicos, que gentilmente volvían a abrir la puerta del hospital de campaña para que los camarógrafos pudieran filmar mejor a los mineros que entraban en camillas.

Y cuando digo que las cámaras estaban en todas partes, es que estaban en todas partes, incluso, por increíble que parezca, en la propia mina. A 700 metros de profundidad. Uno veía a los mineros en vivo y también a los primeros rescatistas que bajaron a ayudarles. Eso permitió que el nivel de emoción subiera a niveles estratosféricos y que, por lo tanto, el mundo se enganchara a sus televisores y computadores para ver el milagro en directo.

También había cámaras en los cascos de los mineros, de forma que podía verse el ascender de la nave de rescate Fénix por el estrecho túnel hasta la superficie. Por supuesto también había cámaras ofreciendo las imágenes de las grúas y de los rescatistas en acción, de los emocionados familiares esperando y de chilenos por todo el país (y el mundo) llorando de emoción mientras ondeaban la bandera chilena con orgullo. Y, naturalmente, una cámara era testigo de las primeras imágenes de los mineros saliendo del Fénix y abrazando y besando a sus familiares para después fundirse también en abrazos con el Presidente, el Ministro de Minas y los rescatistas. Imposible no emocionarse.

Si el gobierno de Chile no hubiera sido tan inteligente y no hubiera proporcionado esas imágenes, el nivel de interés por la historia no habría sido ni mucho menos el mismo. A pesar de que todo eran imágenes del gobierno y no se permitió otras cámaras, lo cierto es que esas imágenes se brindaron a todo el mundo y todas las cadenas las pudieron utilizar. Aunque limitar el acceso a sólo las cámaras del gobierno nunca es el escenario perfecto porque puede haber parcialidad, también es fácil deducir que no puedes dejar entrar a la zona de rescate a 2,000 periodistas. Porque fueron 2,000 los periodistas que se desplazaron a cubrir este evento a esa remota parte de Chile. Hay un factor de seguridad y distracción que no se puede obviar.

Todo el mundo vivió en directo la odisea. Las palabras, las emociones, los abrazos, las lágrimas de alegría. Chile logró crear una conexión emocional con millones y millones de personas alrededor del planeta. Todos éramos chilenos y nos emocionábamos como si estuviéramos allí mismo, junto a ellos.

Sin embargo, ha habido muchos accidentes de minas que no han conseguido ninguna cobertura mediática. Al facilitar el gobierno esta cobertura, logró aprovechar una oportunidad de oro para conseguir apoyo a la operación y reforzar la imagen del país como un lugar donde las cosas se hacen bien. El rescate ha costado entre 20 y 30 millones de dólares y no hay que olvidar que un tercio será cubierto por donaciones.

Todos, menos posiblemente los dueños de la mina, han ganado en esta historia. Los mineros fueron rescatados y Chile es admirado en todo el mundo. Hasta el punto de que Laurence Golborne, el Ministro de Minas, tiene un 87% de popularidad y ya se especula que puede ser el sucesor del Presidente en las elecciones del 2013.

Esto nos enseña que hay que ser abiertos. Hay que ser transparentes. Hay que ayudar a la prensa a que pueda hacer su trabajo. Ocultar cosas, no proveer información es lo peor que se puede hacer. Entre otras cosas, porque al final los periodistas obtendrán la información de todas formas.

En enero del 2006 cubrí el accidente de la mina Sago en West Virgina, Estados Unidos. Fue un desastre informativo. Los periodistas recibíamos la información con cuentagotas, pero eso se agravó cuando nos proporcionaron información errónea. Hasta el punto de que las autoridades informaron incorrectamente de que 12 mineros habían sobrevivido al accidente. Todos los medios dimos la noticia con entusiasmo. Tras la extrema tensión del no saber qué había pasado con ellos, las familias comenzaron a celebrar el milagro. Sin embargo, luego esa información fue desmentida. Sólo se había salvado un minero. No hace falta extenderse mucho en la reacción de las familias ante semejante noticia.

También viene a la memoria el accidente en Pasta de Conchos, México, en febrero del 2006. Se estima que 65 mineros quedaron atrapados bajo tierra. La compañía dijo que estaban a 150 metros de profundidad. El accidente se produjo el 19 de febrero. El 25 de febrero, la empresa dueña de la mina anunció que “no había posibilidad alguna de supervivencia tras la explosión del metano”. El día siguiente las autoridades anunciaron que la mina sería cerrada indefinidamente.

En Chile, también había gran pesimismo inicial sobre la situación de los mineros. El 12de agosto el Ministro de Minas dijo que las posibilidades de encontrar a los mineros con vida eran escasas. Hay que recordar que no hubo ningún contacto con los mineros hasta 17 días después del accidente. ¡Diecisiete! Sin embargo, las autoridades, a pesar de ese pesimismo inicial, prometieron no rendirse y no lo hicieron. Cumplieron con su palabra. Y el premio fue que finalmente hubo contacto y, tras 69 días de tensa espera, todos los mineros fueron rescatados con vida. Treinta y tres.

Sin dudar en ningún momento de la convicción y compromiso del gobierno chileno con este rescate sin importar si hubiera cobertura mediática o no, ¿alguien duda de que la presencia y el interés de la prensa ayudan a que en situaciones similares los esfuerzos prosigan sin descanso? ¿Qué pasaría en estos desastres si ninguna cámara llega al lugar y explica a través de las imágenes la lucha titánica para salvar con vida a esos mineros atrapados entre toneladas de piedras? Lo que pasa es que muchas veces el esfuerzo no es tan fuerte y por lo tanto bajan mucho las posibilidades de que se salven esas vidas. En el caso de México hubo mucha cobertura, pero no se puede comparar con el despliegue que hizo el gobierno de Chile. Los chilenos se convirtieron en maestros de la comunicación. La labor de la prensa es esencial en ese tipo de situaciones y el inteligente gobierno chileno lo entendió a la perfección. Y ahora la imagen de Chile en el mundo se ha reforzado de manera increíble.

Otra decisión muy inteligente fue dar entrenamiento a los mineros sobre cómo tratar con la prensa. En primer lugar por cuestiones psicológicas, en segundo por cuestiones prácticas.

¿Recuerdan el accidente en 1972 en el cual el avión de un equipo de rugby uruguayo se estrelló en la cordillera de los Andes? Tras otra épica histórica de cómo sobrevivir  en temperaturas bajo cero cuando habían sido dados por muertos, 16 personas sobrevivieron. Pues bien, algunos de esos supervivientes visitaron la mina en Chile para explicar a los mineros su experiencia tras el rescate. Pasar de de ser un minero anónimo a convertirse en famoso a nivel internacional  de un día para otro no siempre es una transición fácil.

Las autoridades chilenas les explicaron que había mucha prensa esperándolos, que todos querrían entrevistas y que serían muy insistentes para conseguir esas entrevistas. Que sus vidas serían aireadas públicamente, para bien o para mal. Ahora sabemos hasta quiénes son las amantes de los mineros. El entrenamiento les sirvió para al menos estar un poco más preparados para lo que les venía encima.

Pero hay otro ángulo, el del dinero. Los mineros cobraban 1,600 dólares al mes por su duro trabajo. No cabe duda de que este rescate se contará en libros, películas y que los mineros darán la vuelta al mundo explicando de primera mano qué ocurrió.

Los equipos de fútbol Real Madrid y Manchester ya los han invitado a ir a sus estadios. Una empresa minera griega también los ha invitado a pasar sus vacaciones en las paradisíacas islas de ese país. Y habrá muchas más invitaciones tanto de cortesía como pagándoles para que vayan. No cabe duda de que algunos medios les pagarán mucho dinero por ser entrevistados.

Los mineros dicen que llegaron a un acuerdo por el cual se repartirían cualquier dinero obtenido al contar sus experiencias en el accidente. Incluso si eso finalmente ocurre, ¿quién va a conseguir más dinero? Obviamente la persona que sepa explicar mejor todo lo ocurrido, que se exprese mejor, la que comunique más. Esa persona será la que viaje y dé conferencias, esa persona será la preferida de las cadenas televisivas para ser entrevistada. Aunque haya sido un entrenamiento muy básico por motivos obvios, entender un poco mejor cómo comunicar un mensaje de forma efectiva, es algo que puede marcar ahora una diferencia fundamental en las vidas de estos mineros. Si son hábiles ya no tendrán que trabajar más por el resto de sus vidas.

El periodismo en la sala de emergencias

July 24, 2010

Salvo honrosas excepciones, para mí, el periodismo está en claro declive. Cada vez menos relevante a la hora de ejercer sus funciones principales como mecanismo de control e investigación de temas vitales para la sociedad. El último ejemplo lo tenemos en el surrealista caso de Shirley Sherrod.

Surrealista, para empezar, porque el Presidente Obama la telefoneó dos veces, no pudo localizarla y ésta ni le devolvió la llamada hasta el día siguiente. ¿Cómo? ¿Qué me dice? ¿El Presidente Obama? ¿El mismo al que líderes internacionales cortejan constantemente y hacen todo tipo de esfuerzos y piruetas políticas para que los reciba fugazmente en la Casa Blanca? Sí, el mismo. Como lo oye. Y cuando al fin pudo hablar con ella, fue para pedirle perdón. Y éste es sólo el último de los giros de esta historia de casi periodismo-ficción.

¿Qué había originado esa disculpa presidencial? La señora Sherrod era una empleada del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. El pasado 27 de marzo, Sherrod pronunció un discurso frente a la organización NAACP, que defiende los derechos civiles de las minorías en Estados Unidos. Hace unos días, un bloguero y activista conservador, Andrew Breitbart, puso en YouTube un vídeo con parte de lo que la señora Sherrod dijo en ese evento.

En el vídeo, la mujer admitió que hace 24 años dudó sobre si ayudar a un granjero blanco quien acudió a ella para poder conservar su granja. ¿El motivo? Que era blanco. Sherrod, de aquella, trabajaba en el sur del país para una agencia sin ánimo de lucro establecida para ayudar a granjeros negros. La señora Sherrod es negra.

Cuando el vídeo llegó a los medios de comunicación, ardió Troya.  Un extraño y esquizofrénico virus se apoderó de los medios, la Administración y, todo hay que decirlo, también del propio público. Hasta un alumno de primero de periodismo de cualquier universidad se hubiera comportado de forma más profesional, ética y responsable que muchos de los periodistas que cubrieron esta noticia.

En especial los canales conservadores comenzaron a atacar ferozmente a Sherrod acusándola de racista. Como pólvora encendida, el vídeo invadió la Internet y los ataques aumentaron, hasta que el Secretario de Agricultura decidió despedirla de su trabajo. Es decir, se quedó en la calle y con la etiqueta de racista a cuestas. Algunos comentaristas han dicho que la Casa Blanca reaccionó de forma tan rápida y contundente por temor a que acusaran a la Administración de un presidente afroamericano de racismo contra los blancos.

Pequeño problema. Resulta que el vídeo que subieron a YouTube era un extracto muy concreto de lo que ella dijo en el acto de NAACP. En realidad la historia que contó Sherrod fue completamente contraria: de arrepentimiento, de reconciliación racial.

En el evento, Sherrod reconoció sus prejuicios de entonces, sus luchas interiores y afirmó que finalmente decidió que tanto el granjero como ella eran seres humanos y que no había diferencia entre ellos. Sherrod no sólo ayudó al granjero blanco a conservar su granja sino que forjó una sólida amistad con él. El granjero, Roger Spooner, y su familia confirmaron que todo lo que dijo Sherrod es verdad. Es decir, que ocurrió exactamente lo contrario a la imagen que el mundo recibió de la señora Sherrod. Sin embargo, allí estaba ella: despedida de su trabajo, calumniada y criticada constantemente por unos y otros.

Posteriormente, el bloguero conservador reconoció que el vídeo que subió a YouTube era en realidad una versión editada del discurso. Según él, los que se la pasaron nunca le dijeron que eran extractos seleccionados. Sea o no cierto, el daño ya estaba hecho y el periodismo en general sufrió un duro revés. Otros acusan al bloguero de saber perfectamente que se trataban de citas seleccionadas y que lo subió a YouTube de todas formas para crear controversia atacando a la Administración Obama y potenciar su blog.

¿Nadie verificó que la historia y las acusaciones fueran correctas? ¿Dónde está la ética periodística? ¿Dónde está la objetividad, el sentido de equidad y justicia informativa? ¿Nadie se molestó en pedir la copia completa del discurso para ver si las citas reflejaban el espíritu de lo que se dijo? ¿O sería que, tal y como sucedió, esas citas estaban fuera de contexto? ¿Se contactó a alguien que fuera físicamente al evento para verificar la autenticidad de lo que se dijo? ¿Se consultaron diversas fuentes para contrastar la información? ¿Algún editor de experiencia repasó la noticia antes de ponerla al aire o imprimirla? ¿Nadie sospechó que una organización que pide la armonía social como la NAACP invitara una supuesta racista a hablar frente a ellos? ¿No levantó, ese simple hecho, señales de alarma? ¿Alguien se molestó en hablar con ella para que se defendiera de las acusaciones? ¿Alguien exigió que la historia no se hiciera pública hasta que todos los datos estuvieran confirmados, para no causar un daño irreparable en la reputación de una persona si las acusaciones no fueran ciertas? Madre mía, podría seguir escribiendo preguntas de este tipo todo el día. Estos puntos son los pilares básicos del periodismo.

Sin embargo, como dije, esto va más allá. ¿Cómo puede la Administración Obama despedir a alguien de su trabajo sin verificar que esas acusaciones son ciertas, basándose sólo en informes de la prensa? ¿Es que en el gobierno no saben que lo que sale en los medios no siempre es necesariamente verdad? Entonces, ¿es cierto, como insisten algunos, que el Presidente Obama nació en realidad en Kenia y que además no es cristiano sino musulmán? ¿Es cierto también que Elvis Presley estaba desayunando esta mañana en Las Vegas un suculento plato de huevos revueltos con jamón? ¿Y cómo es posible que la población en general también se deje influenciar de semejante forma por los medios sin mostrar el más mínimo espíritu crítico? ¿Dijo alguien, “un momento, ¿es esto cierto? ¿No se estará exagerando el tema? ¿No serán acusaciones falsas con motivación política? ¿Han dado oportunidad a que ella se defienda?”?  No, nadie dijo nada y la vida de una señora que luchó durante décadas por los derechos civiles de muchos, sin importar su color de piel, cambió radicalmente en apenas unos días. De repente, el país la consideraba una racista.

Cuando todos se dieron cuenta el enorme error cometido, surgió un gran sentimiento de vergüenza colectiva. El Secretario de Agricultura pidió perdón durante una conferencia de prensa y le ofreció otro trabajo. Algunos medios también pidieron excusas y el propio Presidente Obama la llamó para disculpar a su Administración.

Sin embargo, de nuevo, esto va mucho más allá del caso concreto de una persona. En este caso, la señora Sherrod. Esto es la consecuencia de lo que vemos en el periodismo de hoy en día. Por una parte, los medios despiden a una gran cantidad de periodistas muy experimentados para sustituirlos por recién graduados que cobran una tercera parte de salario, pero que, claro, no tienen ninguna experiencia. Las redacciones cada vez tienen menos profesionales y los que se quedan tienen un volumen de trabajo enorme. No se pueden concentrar debidamente en su trabajo. No es su culpa. Ahora uno tiene que hacer el trabajo de dos o tres, cooperar en la parte digital e incluso A VECES filmar y editar vídeo de los eventos que cubre. Con esas condiciones, es imposible realizar un buen trabajo como periodista.

Por otra parte, ha surgido la llamada blogosfera, que no es necesariamente periodismo. Muchas veces, todo lo contrario. Un extraño mundo donde vemos verdaderos profesionales, pero también un ejército de personas sin la más mínima preparación y que sin embargo se anuncian como periodistas serios. Eso, por supuesto, sin contar la catarata de lunáticos, activistas políticos que se hacen pasar por periodistas y personas que no tienen ni la más remota idea de lo que están hablando.  El resultado es que en la Web uno encuentra de todo, pero el lector no siempre sabe o puede distinguir qué es buena información o pura propaganda.

Los medios siempre han luchado por salir antes que la competencia con una noticia. Es la naturaleza del periodismo. Anticiparse. Sin embargo, con la llegada de la Web y los canales de noticias de 24 horas, ahora la lucha muchas veces es por salir tan solo segundos antes que esa competencia. La presión a salir primero es muy fuerte y, como vemos, no siempre se hace el trabajo adecuado antes de publicar esa noticia. La velocidad prima sobre la veracidad.

Un medio de comunicación tiene que ser un lugar donde hay periodistas de peso, verdaderos profesionales. Personas que dedican su vida a investigar y a informar de forma veraz y objetiva a sus lectores, televidentes o radioescuchas. Tiene que ser un lugar de referencia, en el que se pueda confiar. No puede ser un ejemplo del vodevil que hemos visto en el caso de la señora Sherrod. Yo admiro profundamente a los periodistas que se toman en serio su profesión. Son vitales para la sociedad. Una verdadera democracia no puede funcionar sin una prensa fuerte, independiente, veraz, preparada, valiente. No obstante, me parece que los periodistas que no están en ese grupo hacen un enorme daño a la sociedad y tenemos que protegernos de ellos.

Algunos considerarán este episodio una anécdota, pero el problema es que no lo es. Es una tendencia muy peligrosa. ¿Recuerdan la guerra en Irak? ¿Recuerdan las armas de destrucción masiva que supuestamente había en Irak? La prensa hizo un muy pobre papel en la cobertura previa a la guerra. ¿Y qué me dicen de la crisis económica que vivimos hoy en día? ¿Cómo es posible que los periodistas especializados no averiguaran el enorme problema que se estaba creando? Ahora sabemos que no fueron pocos quienes lo predijeron, pero, ¿dónde estaban esos periodistas para revelar esas preocupaciones, el peligro inminente de una catástrofe financiera? Seguramente, debido a la creciente falta de medios, esos periodistas estaban cubriendo varias historias al día y sin demasiado tiempo para hacer bien ninguna de ellas.

Desde mi punto de vista, sólo quedan contados medios con los recursos necesarios y el personal capacitado para realmente marcar una diferencia en el mundo periodístico actual. La mayoría está haciendo el trabajo varias personas o bien enfrascados en buscar el escándalo irrelevante más grande del día para subir el índice de audiencia de la cadena o el número de ejemplares que se venden de su diario. A muchos blogueros ni les importa si lo que dicen es verdad o mentira. Todo se centra en provocar escándalo y confrontación para obtener más entradas en su página. Y con ello, notoriedad. Fama. A otros con motivaciones políticas, tanto de la derecha como de la izquierda, ni siquiera les importa eso, sino dañar políticamente a su oponente. De nuevo, sin importar si las acusaciones sean verdad o una simple fabulación. Ya sabe, una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad.

Todo esto representa un gran peligro para la democracia y para el bien general de la sociedad. Las crisis provocan serios problemas económicos para millones de familias. Las guerras provocan muertos y enormes deudas. El público tiene el derecho a estar bien informado para tomar decisiones importantes. La misión del periodismo es proveer esa información. Siempre se decía que el periodismo “informa, educa y entretiene”. Desde mi punto de vista el periodismo actual informa poco, educa menos y cada vez entretiene más.

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