Archive for July, 2014

España, el país más grande de Latinoamérica

July 31, 2014

La revista The Washington Diplomat es la publicación diplomática por excelencia en la capital de Estados Unidos, Washington, DC. Es muy popular y conocida entre ese segmento de profesionales. Uno tiene que asumir que una revista cuya audiencia es el mundo diplomático ha de tener un conocimiento muy superior al ciudadano medio sobre la comunidad internacional.

Cada mes dedica su portada a un embajador y a un país. El número de julio le tocó al embajador español ante la Casa Blanca, Ramón Gil-Casares.

El embajador hizo un excelente trabajo a la hora de recalcar los aspectos positivos de España para el inversor estadounidense. También a la hora de explicar las crecientes inversiones españolas en Estados Unidos.

Lo curioso llega cuando, al final del artículo, la revista pone la ficha técnica del país. En el apartado de “tamaño”, lo describe, prepárense, como “el más grande de Sudamérica”. Sí. Les advertí que se prepararan. Sin embargo, ahí no acaba la cosa. Hay un apartado que se llama “independencia” y ahí indica que la fecha de Independencia de España es “1492”.

Es muy grave que la revista por antonomasia de la comunidad diplomática de una capital tan poderosa e influyente como Washington ponga que España es el país más grande de Sudamérica. No importa si fue un error. Estoy seguro que esa publicación jamás hubiera cometido el fallo de, por ejemplo, decir que “Gran Bretaña es el país más grande de Asia” o de África, lugares donde tuvo muchas colonias.

Posteriormente, la página web de la revista rectificó y en el perfil finalmente se nos sitúa como un país en el sur de Europa.

España no sólo no está en Sudamérica, sino que el comentario también indica una ignorancia supina en cuanto al tamaño geográfico de España y el de los países de Sudamérica. Brasil es 17 veces más grande que España, Argentina cinco, Colombia, Perú y Bolivia dos y Venezuela también casi dos. Incluso Chile es apreciablemente más grande que España.

No obstante, a pesar de rectificar el tema del tamaño, lo que continúa en la ficha del país es que la fecha de independencia es 1492. Yo no soy un historiador, pero jamás he escuchado que España tenga una fecha de independencia oficial, como sí es el caso de los países latinoamericanos.

España tuvo un proceso de construcción y sin duda el reinado de Isabel y Fernando de Castilla fue histórico, pero de ahí a decir que la fecha de la independencia de España es la de 1492 va un océano. España ha sido invadida muchas veces y esas invasiones siempre fueron repelidas. Cierto que la invasión árabe fue larga, pero una más.

Lo que parece una mera anécdota expone tristemente el poco conocimiento que hay sobre España incluso entre aliados tan importantes como EEUU, con quien cada día tenemos más lazos de todo tipo.

¿Nombrar embajadores para la Marca España? Fantástico. ¿Visitas de Estado para resaltar el perfil del país? Fantástico. ¿Campañas de marketing y publicidad? Fantástico. Pero resulta obvio que hay que hacer mucho más para dar a conocer España al mundo.

El ex presidente Clinton dijo una vez “Yo repito un mensaje 10 millones de veces y cuando llego a la vez número 10 millones, entonces es cuando la gente me empieza a escuchar”. Y eso lo decía Clinton cuando aún era presidente del país más poderoso que haya existido jamás. Un César moderno.

No existe un pelotazo informativo que eleve el perfil de España a nivel público en la comunidad internacional. Hay que crear un mensaje efectivo, arremangarse y repetirlo millones de veces para que empiece a calar. También hay que entender el público hacia quien va dirigido ese mensaje.

Cuando sea imposible que alguien en una revista como The Washington Diplomat cometa un error diciendo que España está en Sudamérica, significará que estamos consiguiendo el objetivo.

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No aprendí nada en la universidad

July 27, 2014

Esta semana recibí una retahíla de mensajes electrónicos de personas molestas por un comentario que hice en la sección de La Contra del diario La Vanguardia de Barcelona el pasado miércoles 23 de julio.

El periodista Víctor Amela me preguntó qué había aprendido en la Universidad Autónoma de Bellaterra, en Barcelona, cuando estudié Periodismo. Mi respuesta fue “Nada. Cuanto más faltaba a clase, mejor nota tenía”.

Me gustaría dejar claro a qué me refería. En primer lugar, así es como lo veo. No creo que mi paso por la UAB me aportara nada especialmente relevante a nivel académico. Dicho esto, he de añadir que, primero, esa fue la situación vivida hace 30 y, segundo, que no fue un problema de profesorado. De hecho, tuve profesores excelentes. El problema era el plan de estudios.

¿Por qué digo que no aprendí nada? Porque ese plan de estudios estaba basado en memorizar. Para memorizar, nada mejor que un pen drive. La universidad no puede centrar su función en que el alumno memorice como si fuera una máquina carente de razonamiento. Por supuesto, la universidad tiene que aportar un sólido caudal de conocimiento al estudiante, pero su labor fundamental es otra muy distinta.

Lo que hay que potenciar es el pensamiento crítico, el análisis y la innovación, que son las que nos llevarán a ser realmente competitivos. España no va a convertirse en un país punta a base de memorizar. Eso es una aproximación medieval a la educación.

Por otro lado, el plan de estudios de la época no incluía una vertiente práctica efectiva para facilitar la inserción del alumno al mundo laboral. Mi especialización fue la televisión y, cuando comencé a trabajar en el medio, tardé varios años en comprender y dominar el formato televisivo, algo que hubiera podido aprender en la universidad. Ese conocimiento técnico, en su momento, me hubiera hecho mucho más competitivo y sin duda me hubiese ahorrado mucho tiempo.

Los países más ricos, prósperos y avanzados son aquellos que también tienen las mejores universidades. Una universidad pujante e innovadora y liderada por profesores capaces es vital para el futuro de nuestro país. Es necesario dedicarle los recursos que se merece. El futuro son la innovación y el conocimiento y las universidades, como es lógico, tienen que jugar un papel muy importante en ese terreno.

Dicho esto, por favor, que nadie se ofenda tanto por mis palabras. Apliquemos un poco más de humildad al tema y, sobre todo, más realismo.

Hay diversas organizaciones que miden el éxito académico y con diferentes resultados. Mencionemos algunas. Según The Times Higher Education, la primera universidad española que aparece en el ranking mundial lo hace en el número 164. Se trata de la Pompeu Fabra. La segunda es precisamente la UAB, ya en el número 226.

Según Academic Ranking of World Universities, la primera es la UAB en el lugar 201.

Según las últimas estadísticas aportadas por QS World Academic Rankings, la primera también es la UAB, en el número 176. Ya hay varias universidades latinoamericanas mejor posicionadas, como la Universidad de São Paulo (Brasil) en el lugar 139 y la Universidad Autónoma de México en el 146.

Aunque España tiene excelentes escuelas de negocios, los números dejan claro que nos encontramos a una distancia abismal de dónde deberíamos estar en cuanto a la calidad general de nuestras universidades. Sencilla y llanamente, nos falta mucho para estar a la altura de otros países a la hora de crear los profesionales que necesita la economía del presente y del futuro. No generamos la investigación, el conocimiento y la innovación necesarios. Según las Naciones Unidas, España es la economía número 13 del mundo. Parece obvio que nuestra excelencia académica no se corresponde con el peso de nuestra economía, así que creo que sería más efectivo centrarse menos en rasgarnos las vestiduras y, por el contrario, enfocarnos el resolver el problema. Tenemos excelentes profesionales. Aprovechémoslos. Aplaudamos lo que se está haciendo bien y potenciémoslo, pero, especialmente, enfoquémonos en mejorar esta situación.