Archive for April, 2012

Politically Correct Photos

April 21, 2012

Several years ago I found a book in a flea market the likes of which I’d never seen before. It’s a collection of macabre photos of dead soldiers in the field of battle. They are a faithful representation of the reality of war.

The soldiers had died in the most horrible ways and their bodies were perfect reflections of their last suffering. Heads cut in half, bodies ripped apart, extremities abandoned in the battlefield, panic etched on their faces, uniforms drenched in blood.

This book could never be published nowadays. Nobody would dare to use these photographs in any publication. Today’s war photos have to be aseptic, politically correct. That is, they can’t convey the reality of war.

The book made a big impact on me, but far from thinking that it is inappropriate, I would actually suggest that it should be required reading for any person in favor of sending troops to a war zone. It may be a cliché, but I do believe that it’s often true that if those who declared war had to actually fight in one, without a doubt, there would be fewer wars.

This also applies to the general public. Wars must be the very last option for a nation; however, too often this has not happened. That is why it’s necessary that those who are in favor of going to war clearly see the human cost of these wars, because one thing is to know about it intellectually and a very different one is to see the shattered bodies in a photo.

I wish that those in favor of wars would go to those battlefields to see those corpses in person but, since that isn’t possible, at least they could see the consequences of the war in a photograph. That is the reality faced by the young and brave soldiers that are sent to fight in those conflicts. The least we can do for these patriots is to faithfully convey the extremely difficult situation they are faced with. This would also let us understand much better the problems they face when coming back to their lives after the war.

Sadly, sometimes war is unavoidable, although many times it isn’t and there are many people too eager to shout for war to solve a problem without having the least notion of its implications. Or without caring because neither they nor their relatives will have to fight. Their only contact with that war are the sterilized photos in newspapers and the politically correct videos broadcast in the news. No, we need books like the one I found at the flea market, a true visual slap in the face for readers so they truly understand that war isn’t a video game, but a true tragedy, the worst situation imaginable.

Even though the United States has lost many lives in different conflicts, it hasn’t suffered a war on its territory since its Civil War. The only exception is the Japanese attack on Pearl Harbor which led to the United States fighting in World War II. That is, many families have lost loved ones in the two World Wars as well as in conflicts such as Korea and Vietnam, but for the majority of the population, fortunately, these conflicts have not led to losses in their families. Unless it’s a family with members in the Armed Forces, this leads to the general population often seeing these wars as far off events, not directly affecting their daily lives and the lives of their families.

And now there is a controversy because The Los Angeles Times published photos of some US soldiers posing with the bodies of dead Taliban in Afghanistan. This is a different issue, since even the US Armed Forces have stated that this was inappropriate behavior. However, it also addresses the issue at hand about whether or not the images of war should be shown by the media sanitized or as they truly are.

As I said before, sometimes war is necessary. Diplomatic language and nice words would not have stopped Hitler during World War II. There had to be a war and its cost was enormous: over 50 million dead. Nevertheless, the nation was willing to make the sacrifice and there were millions of volunteers ready to fight and stop Hitler.

The people most opposed to going to war are generally those who have had to fight one previously. The reason is because they understand very well what it means. Sometimes war is necessary, but even if that is the case, I think it’s essential that the public understand as clearly as possible the implications of war for those who must die or be injured in the field of battle, and this doesn’t even address the psychological effects of having to live such a hellish experience. Hopefully every once in a while the photos shown by the media will reflect that reality.

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Fotos políticamente correctas

April 20, 2012

Hace unos años encontré en un mercado callejero, o flea market, un libro como nunca antes había visto. El libro era una colección de macabras fotos de soldados muertos en la guerra. Las fotos representaban fielmente lo que es cualquier conflicto armado.



Los soldados habían sufrido muertes horribles y los cadáveres reflejaban perfectamente ese último sufrimiento. Cabezas partidas por la mitad, cuerpos destrozados, extremidades abandonadas en los campos de batalla, rostros con el pánico grabado en su semblante, uniformes inundados de sangre. 


Ese libro jamás podría ser publicado hoy en día. Nadie osaría poner esas fotos en ninguna publicación. Hoy las fotos de las guerras tienen que ser asépticas, políticamente correctas. Es decir, no pueden reflejar lo que son las guerras. 
 


El libro me causó una gran impresión, pero lejos de pensar que es algo inapropiado, yo más bien lo sugeriría como lectura obligatoria para cualquier persona que esté a favor de enviar tropas a una guerra. Es un cliché, pero yo sí creo que, en muchas ocasiones, es cierto el dicho de que si quienes declaran las guerras tuvieran que lucharlas, sin duda habría muchas menos guerras. 


Lo mismo aplica para la población en general. Las guerras tienen que ser absolutamente el último recurso de un país y demasiadas veces vemos que ése no es el caso. Por eso es necesario que quienes están a favor de ir a una guerra al menos vean claramente el costo a nivel humano de las mismas, porque una cosa es saberlo a nivel intelectual y otra muy distinta ver los cadáveres destrozados en una foto.

Ojalá que quienes están a favor de una guerra pudieran ir a los campos de batalla a ver esos cadáveres en persona, pero ya que eso no es posible, al menos que puedan ver en una fotografía las consecuencias de esa guerra. Esa es la realidad a la que se enfrentan los jóvenes y valientes soldados que se envían a pelear esos conflictos. Lo menos que podemos hacer por esos patriotas es reflejar fielmente la extremadamente difícil situación a la que se enfrentan. Eso también nos permitiría comprender mucho mejor los problemas a los que posteriormente se enfrentan cuando regresan a la vida civil.

Por desgracia, las guerras a veces son inevitables, pero otras muchas veces no y hay demasiadas personas que cantan alegremente el grito de guerra para resolver un problema sin tener ni la más remota idea de lo que implica ir a una guerra. O sin importarles porque ni ellos ni su familia las van a luchar. Su único contacto con esa guerra son las fotos asépticas que ven en los diarios y los vídeos políticamente correctos que emiten los noticieros. No, necesitamos libros como los que encontré en el flea market que supongan una verdadera bofetada visual en el rostro de quienes los lean para que entiendan bien que una guerra no es un video juego, sino una verdadera tragedia, la peor situación imaginable.


Aunque Estados Unidos ha perdido a muchos soldados en diferentes conflictos, no ha sufrido una guerra en su propio territorio desde su Guerra Civil. La única excepción de un ataque fue el japonés a Pearl Harbor, que motivó la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, muchas familias han perdido a sus seres queridos en las dos Guerras Mundiales o los conflictos en Vietnam o Corea, pero para la mayoría de la población, afortunadamente, esos conflictos no han supuesto pérdidas de familiares. A menos que se trate de una familia con miembros en las Fuerzas Armadas, eso hace que muchas veces la población vea esas guerras como algo distante, no como algo que afecte directamente a sus vidas diarias y a las de sus familias. 


Ahora estamos en una polémica porque el diario Los Angeles Times publicó las fotos de unos soldados estadounidenses posando junto a cadáveres de talibanes muertos en Afganistán. Ese es un tema distinto, ya que las propias Fuerzas Armadas estadounidenses afirman que ése ha sido un comportamiento inapropiado. Sin embargo, también toca el tema de fondo de si las imágenes de la guerra deben ser enseñadas a través de los medios de comunicación de forma aséptica o bien real.


Como dije antes, a veces las guerras son necesarias. Unas diplomáticas y suaves palabras no hubieran servido para detener a Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Hubo que ir a la guerra y el precio a pagar fue enorme: más de cincuenta millones de muertos. No obstante, el pueblo estuvo dispuesto al sacrificio y había millones de voluntarios dispuestos a luchar y a morir para detener a Hitler.

Las personas más reacias a entrar en una guerra son generalmente quienes las han vivido. El motivo es porque entienden muy bien lo que eso significa. A veces es necesario, pero incluso si ése es el caso, me parece necesario que la población entienda lo mejor posible lo que implica esa guerra para quienes tienen que mutilar su cuerpo o morir en los campos de batalla, por no hablar de los efectos psicológicos de estar expuestos a un infierno semejante. Ojalá que de vez en cuando las fotografías que enseñan los medios de comunicación reflejaran esa realidad. 


Clean Slate

April 12, 2012

Our firm specializes in crisis management and training spokespersons to efficiently convey their message to the media, or Media Training. However, if the Miami Marlins baseball team called on us to manage the crisis brought about by their manager, Ozzie Guillén, our answer would have to be: “Up till now you have handled the situation poorly. Regardless, we’re sorry but this situation is unfixable. The only solution is to clean the slate and, also, do it as quickly as possible.”

For those who may not be aware of it, Ozzie Guillén, a 48 year old US citizen born in Venezuela, told Time Magazine that “I love Fidel Castro… I respect Fidel Castro, you know why? A lot of people have wanted to kill Fidel Castro for the last 60 years, but that… is still here.” Guillén also used a profanity that was most inappropriate for someone who not only represents a professional sports franchise but also a city: Miami.

We’re in a country where freedom of speech is respected. Anyone has the right to say his or her opinion and defend it in public. However, it’s clear that praising Fidel Castro in a city like Miami, the capital of the Cuban diaspora, doesn’t precisely show great sensibility towards the city’s Cuban community.

On the other hand, just like Guillén can have an opinion, that’s also a right of Miami’s Cuban community. Especially if we take into account that it is the citizens of Miami who buy tickets to see the Marlins play. And that doesn’t take into account the $487 million in public funds spent to build their stadium which, likewise, were paid by taxpayers. Paradoxically, a stadium located in the very heart of Little Havana, one of the most emblematic places for Cuban exiles.

The Marlin organization distanced itself from his comments and suspended Guillén for five games, adding that his salary for those days would be donated to charitable organizations. Guillén held a press conference where he apologized and said that his comments were misunderstood.

Time Magazine isn’t a second-rate publication. It is one of the most important media organizations in the world. I just can’t believe that it’s reporters would publish something like this, knowing the controversy it would stir-up, if they didn’t have concrete proof of these having been Guillén’s exact comments. If they had distorted the manager’s comments, I assume that Time would be sued for millions of dollars for seriously damaging Guillén’s image and career.

In any crisis where an organization or a person have made a mistake, asking for forgiveness is the first step to beginning to resolve the crisis. However, in this case, I don’t think it will solve anything. First of all, Guillén apologized but never rectified his opinion of Castro. However, even if he said today that Castro is a dictator, his words would probably not be seen as credible by Miami’s Cuban community. They’d likely be perceived as an attempt to hold on to his job and his $10 million salary. Secondly, his body language during the press conference didn’t seem to match with what he was saying. It’s important to remember that 80% of someone’s credibility is conveyed by their body language and not the actual message.

On the other hand, the sanction imposed by the Marlins is probably hurting rather than helping them. It seems clear that Guillén has lost the Cuban community’s support, a fundamental fan base for the team. The longer they take to decide to get rid of this manager, the more damage it will do to their relationship with this Cuban community. Guillén has every right to give his opinion and the Marlins also have every right to fire him if they realize that they have lost the support of the community they represent.

 In circumstances such as this one, Media Training or crisis management have very limited value. Guillén also faces another problem because now he can’t make anybody happy. Not Miami’s Cuban community nor Fidel Castro’s supporters. The first because he offended them and the others because of his attempt to take back what he said.

Borrón y cuenta nueva

April 11, 2012

Nuestra empresa se especializa en manejo de crisis y cómo entrenar a representantes de organizaciones para transmitir con eficacia su mensaje a la prensa. Estos últimos son los llamados cursos de Media Training. Sin embargo, si el equipo de béisbol de Miami, los Marlins, nos llamara para manejarles la crisis que ha creado su entrenador, Ozzie Guillén, nuestra respuesta sería: “Hasta ahora han manejado mal la situación. Independientemente de eso, lo sentimos pero esto no hay quien lo arregle. La única solución es borrón y cuenta nueva y, además, hacerlo lo más rápido posible”.

Para quien no esté al corriente de lo ocurrido. Ozzie Guillén, de 48 años y ciudadano estadounidense nacido en Venezuela, declaró a la revista Time que “Yo amo a Fidel Castro. Yo respeto a Fidel Castro. ¿Sabes por qué? Mucha gente ha tratado de matarlo durante los últimos sesenta años, pero ese… todavía está ahí”. Guillén añadió a la frase una expresión grosera y muy poco apropiada para una persona que representa no sólo a una institución deportiva de primera línea, sino también a una ciudad: Miami.

Estamos en un país donde se respeta la libertad de expresión. Cualquier persona tiene derecho a expresar su opinión y defenderla públicamente. Sin embargo, digamos que elogiar a Fidel Castro en una ciudad como Miami, la capital del exilio cubano, no es precisamente una gran muestra de sensibilidad hacia la comunidad cubana de esa ciudad.

Por otro lado, igual que Guillén puede dar su opinión, ése es un derecho del que asimismo gozan los cubanos de Miami. Especialmente si tenemos en cuenta que son los miamenses quienes compran las entradas para ir a ver a los Marlins. Es decir, quienes pagan el sueldo a Guillén. Eso sin incluir los 487 millones de dólares de dinero público usados por el equipo para construir su estadio que, igualmente, pagan los contribuyentes. Paradójicamente, un estadio en pleno corazón de La Pequeña Habana, uno de los lugares más emblemáticos del exilio cubano.

La organización de los Marlins se distanció de esas declaraciones y suspendió a Guillén por cinco partidos, añadiendo que su sueldo de ese período será dado a organizaciones de caridad.  Guillén realizó una conferencia de prensa donde se disculpó y dijo que sus palabras se habían malinterpretado.

La revista Time no es un periodiquito de barrio. Es una de las organizaciones periodísticas más importantes del mundo.  Me cuesta mucho pensar que sus periodistas van a publicar algo así, conscientes de la controversia que va a despertar, si no tienen pruebas documentales de que eso fue exactamente lo que dijo Guillén. Si hubieran distorsionado las palabras del entrenador, asumo que Time recibiría una demanda millonaria por haber dañado seriamente la imagen y la carrera profesional de Guillén.

En cualquier crisis donde la institución o la persona hayan cometido un error, pedir disculpas siempre es el primer paso necesario para comenzar a resolver esa crisis. Sin embargo, en esta ocasión creo que no servirá para nada. En primer lugar, Guillén se disculpó, pero nunca rectificó su opinión sobre Castro. No obstante, aunque hoy dijera que Castro es un dictador, sus palabras seguramente no serían percibidas como creíbles por parte de la comunidad cubana de Miami, sino más bien como un intento por conservar su trabajo y su sueldo de diez millones de dólares. En segundo lugar, su lenguaje corporal durante la conferencia de prensa no parecía coincidir con lo que decían sus palabras. Hay que recordar que el 80% de la credibilidad de una persona está en su lenguaje corporal, no en el mensaje en sí.

Por otro lado, la sanción impuesta por los Marlins posiblemente está perjudicando más a la institución que no favoreciéndola. Parece claro que Guillén ha perdido el apoyo de la comunidad cubana, una base fundamental para el futuro del equipo. Cuanto más tarden en tomar la decisión de cambiar de entrenador, más daño se producirá en su relación con esa comunidad cubana. Guillén tiene todo el derecho del mundo a dar su opinión y los Marlins también a destituirlo si consideran que ha perdido el respaldo de la comunidad a la que representa.

En circunstancias como éstas, el Media Training o el manejo de crisis tienen un valor muy limitado. El problema adicional para Guillén es que ahora podría no quedar bien con nadie. Ni con la comunidad cubana de Miami ni con quienes simpatizan con Fidel Castro. A unos porque los ofendió y a otros porque ahora está intentando rectificar sus palabras.