Archive for October, 2010

Comedia y Periodismo

October 31, 2010

Fui al conocido Mall de Washington el sábado 30 de octubre para ver con mis propios ojos qué tipo de reacción popular tendría el llamado de los cómicos John Stewart y Stephen Colbert en su acto público llamado “ Para restaurar la cordura/Mantener vivo el miedo”. Por lo general, muchos medios periodísticos dicen que hubo “decenas de miles de personas”. La cantidad era sin duda mucho mayor que eso. El diario The Guardian de Londres estima la asistencia en alrededor de doscientas cincuenta mil personas. Eso creo que está mucho más cerca de la realidad. A pesar de que la guerra en Irak era un tema muy impopular durante el último período del Presidente Bush, ninguna manifestación contra el conflicto pudo, ni de lejos, atraer a tanta gente a Washington. Algunos van más allá y sitúan el número de asistentes al evento de Stewart y Colbert en medio millón de personas.

Para quienes no estén familiarizados con Stewart o Colbert, diremos que son los padres de los noticieros “falsos” y hechos a base de humor. Ambos trabajan en el canal humorístico Comedy Central. Tienen unos niveles de audiencia muy elevados, igual que otro cómico llamado Bill Maher, cuyo programa se ve en la cadena HBO.

Todos son en lo que EEUU se llama liberales o simpatizantes con el Partido Demócrata. Por lo general, los republicanos (y más recientemente el nuevo movimiento del “Tea Party”, aunque los cómicos dicen que ambos son lo mismo) son el centro de sus ataques e ironías. Sin embargo, también atacan a los demócratas. Un ejemplo lo dio Stewart cuando entrevistó el pasado 28 de octubre al Presidente Obama en su programa. Sí, como lo oyen, el Presidente Obama fue al programa cómico y se abrió a la ironía y el castigo de Stewart.  ¿Por qué un Presidente haría eso? Primero porque sabe que es una audiencia que simpatiza con él y segundo porque es muy consciente del poder de ese programa, especialmente entre los más jóvenes. Y eso significa votos.

Stewart  atacó a Obama diciendo, básicamente, que había defraudado a quienes  votaron por él porque no creó una reforma de salud lo suficientemente amplia y profunda. Que fue demasiado tímida. El Presidente respondió que “30 millones de personas con seguro de salud que antes no lo tenían no tiene nada de tímido”, pero el punto es que Stewart, un cómico, tiene el poder para conseguir que el Presidente vaya a su programa y que le hace preguntas con un nivel de irreverencia que periodistas seguramente no se atreverían a hacer.

Por supuesto, Stewart es un comediante y no un periodista. Un periodista no está para hacer chistes, sino para obtener información y después pasársela a su audiencia de una forma profesional y objetiva. No para dar su opinión. Dicho esto,  si cientos de miles de personas se presentan a un evento como el de Stewart y Colbert y millones más siguen casi religiosamente lo que dicen en sus “noticieros” por televisión, me parece claro que el fenómeno va mucho más allá de unos buenos chistes. Es un verdadero fenómeno sociológico.

Los comediantes dijeron que el evento en el Mall no era político. Eso es básicamente ridículo. Todo era política en ese evento y por supuesto era más fácil encontrar una aguja en un pajar que no a un republicano asistiendo al mismo. Sin embargo, ellos insistieron que ese evento no se hizo para apoyar a nadie en concreto, sino para traer de nuevo un clima de civismo en el discurso político del país. Ambos son muy críticos especialmente con los canales políticos televisivos de cable, que dicen, por lo general, no hacen más que envenenar la mente del público difundiendo odio, miedo y mucha información parcial o completamente falsa. Todo con un solo objetivo: aumentar sus índices de audiencia sin importarles las consecuencias que esa información imprecisa o falsa y ese clima de miedo y odio puedan tener en la nación. Sus críticas suelen centrarse en los canales conservadores, como la cadena Fox.  

Según los cómicos, muchos periodistas se centran en partes concretas de la realidad y las generalizan, dando una impresión equivocada de esa realidad. Añaden que el único objetivo es levantar debate, polémica, ataques, polarizar a la sociedad.

La audiencia de esos programas suelen ser personas progresistas y con un nivel de formación respetable. Los comediantes, entre los invitados a sus programas, incluyen a personas del más alto nivel académico, como economistas, políticos, ex presidentes, profesores universitarios o historiadores. Entre ellos, muchos conservadores.  Personas como Stewart dicen que muchas de los llamados expertos que salen opinando en los medios (tanto liberales como conservadores) no tienen la preparación necesaria para poder hablar con autoridad sobre los temas que tocan y que por lo tanto muchos programas políticos acaban convirtiéndose en una verborrea sin fin plagada de gritos y muy poca información objetiva.

Estos programas cómicos se hicieron muy populares por la guerra en Irak. Muchas personas los veían afirmando que eran los únicos lugares donde realmente se daba información completa de lo que ocurría en la guerra. No fueron pocos los que criticaron a los medios tradicionales por no ser más críticos con el gobierno en ese terreno. Tanto a la hora de investigar la veracidad de las acusaciones del gobierno contra Bagdad para ir a la guerra como, posteriormente, en el desarrollo de la guerra en sí. En especial, en el costo humano y material de la misma. Esas personas añadían que esos medios se habían impuesto una autocensura respecto a cuestiones importantes porque eran tiempos de guerra y no era popular criticar al gobierno cuando los soldados estaban muriendo por el país en los campos de batalla iraquíes.

Sean o no ciertas las acusaciones contra los medios tradicionales, lo cierto es que esos programas cómicos crearon una audiencia fiel y masiva. Y sean ciertas o no esas acusaciones, quienes los siguen piensan que viendo a los medios tradicionales no obtienen toda la información que necesitan para enterarse completamente de lo que está pasando en su país y en el mundo. Para eso, tienen que ver Comedy Central o HBO.

No es cierto que no haya lugares en Estados Unidos adonde una persona no pueda ir para ver información completamente seria y de primera categoría. Los noticieros  de las cadenas públicas de radio y televisión (NPR y PBS) son un ejemplo de ese periodismo serio y en profundidad. También es cierto que mucha gente critica las disputas verbales y el nivel de animadversión de los programas de cable, pero después son los primeros en verlos porque disfrutan con esas pugnas dialécticas.

Sin embargo, también es cierto que debería haber muchas más opciones que PBS y NPR para recibir noticias en una forma seria y profunda y que ése debería ser también el papel de los medios tradicionales. Está bien tener programas populares dentro de la programación de, por ejemplo, cualquier canal televisivo. No hay nada de malo en divertirse, además el éxito de esos programas es clave para la supervivencia general de esos canales, pero  también debería ser una obligación contar con un departamento de noticias cuyo objetivo principal no fueran los niveles de audiencia, sino el servicio público a sus televidentes.

Estamos hablando de temas muy serios, como las guerras en Irak o Afganistán o la crisis económica. Temas que afectan, de una forma u otra, a la vida de todas las personas de este país, por no hablar de las personas en los propios Irak y Afganistán, entre otros muchos lugares.

Yo soy un periodista y si nuestra profesión no es capaz de satisfacer la necesidad de información por parte del público hasta el punto de que millones de personas ven programas cómicos para enterarse de lo que está pasando, creo que tenemos un serio problema. Repito que esas personas no ven esos programas sólo para reírse, sino también para obtener información que no encuentran en otros lugares. Si una parte importante del público opta por un cómico en vez de un periodista como yo para enterarse de lo que está pasando, no creo que sea una buena señal para mi profesión.

Esos comediantes son brillantes, hacen unos chistes y unos análisis realmente graciosos. Sin embargo, si ellos se convierten en una fuente importante de información para el  público y no sólo de comedia, tenemos un serio problema en nuestra profesión.

¿Separamos suficientemente lo que es opinión de lo que es información? ¿Nos hemos convertido en activistas en vez de en periodistas? ¿No somos lo suficientemente agresivos a la hora de pedir cuentas a un gobierno o institución? ¿Han perdido muchos medios de comunicación su vocación de servicio público? ¿Se trata ya todo de únicamente de subir los niveles de audiencia? ¿Y se han convertido las  redacciones de los noticieros en otro simple brazo más para subir esos niveles de audiencia en vez de centrarse en informar sobre temas vitales para la población? ¿Por qué los políticos y las instituciones no exigen a los canales que tengan noticieros responsables si quieren obtener una licencia para, por ejemplo, tener un canal de televisión?

A mí me encanta reírme con un buen programa cómico. Sin embargo, me temo que el éxito de eventos como el del Mall en Washington tienen un ángulo preocupante: es una clara prueba de nuestra  incapacidad como periodistas para hacer bien nuestro trabajo. Y no por falta de profesionales dispuestos a hacerlo bien cada día. Hay muchos que a diario demuestran su valía como periodistas. Personas preparadas, con vocación y que trabajan interminables horas para informar a su público de lo que está pasando. Periodistas que, además, han tenido que enfrentarse a enormes desafíos para poder seguir entregando un material de calidad. El problema es que no les dan los medios necesarios para poder hacer bien su trabajo.  Como dije, me encantan los programas cómicos, pero espero que, al menos en lo que al relato de noticias se refiere, podamos ofrecer a la audiencia lo que necesitan y que Comedy Central se vea estrictamente para reírse de la realidad, no para informar sobre la misma.

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Comedy and Journalism

October 31, 2010

I went to Washington, DC’s famous Mall on Saturday, October 30, to witness the reaction of participants to the call by comedians Jon Stewart and Stephen Colbert to their rally to “Restore Sanity/Keep Fear Alive.”  Most press coverage stated that “tens of thousands” attended the event.  The amount of people attending was, undoubtedly, much larger.  London’s The Guardian newspaper estimated attendance at around 250,000.  I think that amount comes closer to reality.  Despite the lack of support for the Iraq war during President George W. Bush’s last years in office, there never was a protest against the war that ever came close to bringing so many people to Washington.  Some go further and say that as many as 500,000 attended the Stewart-Colbert’s event.

For those who are not familiar with Stewart or Colbert, we can call them the fathers of “fake” news shows that are designed from a comedic point of view.  They both work on the basic cable channel Comedy Central.  Their audience levels are quite high, as are those of another comedian called Bill Maher, whose show is broadcast on pay-cable’s HBO.

In the United States, all three are what are known as liberals or sympathizers with the Democratic Party.  In general, the target of their attacks and ironic comments is the Republican Party (and more recently, the new Tea Party movement, although they say that both are the same).  However, they also attack Democrats.  A recent example was when Stewart interviewed President Obama during his October 28 show.  Yes, that’s right; President Obama went to the comedy program and let himself be the target of Stewart’s irony and chastisement.  Why would a President do this?  First of all because he knows that Stewart’s audience is a friendly one and secondly, because he is very cognizant of the show’s power, especially among young viewers.  And those viewers translate into votes.

Stewart confronted Obama by basically saying that he had disappointed those who’d voted for him because the health care reform had not been sufficiently wide reaching and encompassing.  That it had been too timid.  The President disagreed with the term timid and responded by stating that “you’ve got thirty million people that will be getting health insurance as a consequence of this.” But the point is that Stewart, a comedian, has the power to have the President as a guest on his show and that he asked him questions of a level of irreverence that journalists would surely not dare ask.

Of course, Stewart is a comedian, not a journalist.  A journalist is not there to make jokes, but to find out information and later share it with the audience in a professional and objective manner.  Not to give his or her opinion.  That being said, if hundreds of thousands of people attend an event such as the one held by Stewart and Colbert and millions more religiously follow what they say on their “newscasts” on TV, it seems to me that the phenomenon goes beyond some well-written and told jokes.  It is a true sociological phenomenon.

The shows’ audiences tend to be progressive and fairly well educated.  Their guests include academicians such as economists and historians, as well as politicians and former presidents.  Many of them are conservatives as well.  People such as Stewart say that many of the so- called experts featured on news shows (be they liberals or conservatives) aren’t qualified to speak authoritatively about the subjects they discuss and, therefore, many of the shows where political issues are discussed end up turning into an endless stream of consciousness full of screams where very little objective information is discussed.

These comedy shows became very popular because of the war in Iraq.  Many people watched them because they say these shows were the only place where they could truly get the real story of what was happening in the war.  Many criticized traditional news media because it was not more critical of the government.  Both when it came to finding out the truth about the government’s accusations against Baghdad as justification for the war, as well as, later, the development of the war itself.  Especially, the human and financial cost of the war.  These critics added that the media had censored itself regarding important issues because it was wartime and it was not popular to criticize the government when US soldiers were dying in the Iraqi battlefield.

Whether or not these charges against mainstream media are true, the reality is that these comedy shows built a loyal and massive audience.  And whether the accusations are true or not, those who watch the shows believe that watching mainstream media they do not get the whole story that they need to find out what is happening in their country and the world.  For that they have to go to Comedy Central or HBO.

It isn’t true that there is nowhere in the United States where someone can’t go to get first-rate and completely serious news information.  The news programs produced by public television and radio (PBS and NPR) are an example of this serious and in-depth news reporting.  It is also true that many people criticize the verbal disputes and the level of entertainment on cable television, but they are the same people who are first in line to enjoy those dialectic matches.

However, it is also true that there should be many more options than PBS and NPR to get news in a serious and in-depth manner and that should also be the role of the mainstream media.  It is fine to have popular programs as part of a channel’s schedule.  There is nothing wrong with wanting to be entertained, especially when the success of that type of programming is key to the general survival of those channels.  But it should also be an obligation to have a news department whose principal objective is not the audience levels, but to providing a public service to its viewers.

We are dealing with very serious matters, such as the wars in Iraq or Afghanistan or the economic crisis.  Issues that affect, in one way or another, the lives of every person in this country, not to mention people in Iraq and Afghanistan, and many other parts of the world.

I am a journalist and if our profession isn’t able to satisfy the public’s need for information to the point where millions of people watch comedy shows to find out what is really happening, I think we have a very serious problem.  I reiterate that these people don’t only watch these shows to laugh, but to find out information that they say they can’t find out anywhere else.  I don’t think it’s a good sign for my profession if a large portion of the public chooses a comedian instead of a journalist like me to find out what is going on.

These comedians are brilliant, make jokes and analysis that are truly hilarious.  However, if they become an important source of information to the public, and not only a source of comedy, there is a truly serious problem for our profession.

Do we clearly differentiate opinion from information?  Have we become activists instead of journalists? Are we not sufficiently aggressive when it comes time to make governments or institutions accountable?  Have many media outlets lost their vocation of public service?  And, have newsrooms become another way to raise audience levels instead of focusing on informing the public about issues of vital importance to them?  Why don’t politicians and institutions make it a requirement that to be able to secure a broadcasting license a channel must have professional newscasts that are not ratings-driven in its programming?

I love to laugh watching a good comedy show.  However, I fear that the success of events such as yesterday’s on the Mall in Washington, DC has a worrisome angle:  they are clear proof of our inability, as journalists, to do our job well.  And this isn’t because of lack of professionals who are willing to do their jobs well on a daily basis.  There are many who, day-to-day, show their worth as journalists.  Well-educated people, for whom journalism is a vocation and who work endless hours to inform the public about what’s going on.  Journalists who, in addition, have had to face enormous challenges to be able to bring quality stories on air.  The problem is that they don’t have the necessary resources at hand to do their job well.  As I said before, I love comedy shows, but I hope that, at least regarding news reporting, we can offer our audience what they need and that Comedy Central can be watched to laugh at reality, not to inform about it.

De mineros a celebridades y pasando por la caja registradora

October 16, 2010

“Chile será recordado y reconocido no por Pinochet, sino como un ejemplo de unidad, liderazgo y coraje, fe y éxito”, declaró el Presidente de Chile Sebastián Piñera a The Times de Londres.

Chile ha escrito un capítulo que será muy difícil de superar en el terreno no sólo de los rescates en accidentes de minería, sino también en el campo de las  relaciones públicas.

Como dice el refrán chino, de toda crisis surge una oportunidad y las autoridades chilenas han realizado una tarea magistral durante esta crisis para posicionar a su país no sólo como una nación solidaria, valiente y luchadora, sino especialmente eficaz. Que sabe hacer las cosas bien. Un modelo a seguir. Ninguna campaña de relaciones públicas, incluso con un presupuesto ilimitado, hubiera podido conseguir jamás esos resultados. Ni de lejos.

Las labores de rescate en la mina San José de Copiapó fueron de manual. Rescatar a todos los mineros con vida ha sido sin duda un milagro, pero un milagro que se ha materializado gracias a una labor planeada al milímetro y ejecutada con un altísimo nivel de profesionalismo. Nada se dejó a la improvisación.

Hoy, después de esta epopeya, cualquier ciudadano común alrededor del mundo pensaría que Chile tiene uno de los sectores de minería más seguros del mundo. Estarían equivocados. Según CNN, el año pasado hubo 50 muertos en las minas de Chile. Aunque la minería representa el 40% de los ingresos del país, sólo es un 1% del mercado mundial. Y con un 1% del mercado mundial, Chile sufre el 8% de los accidentes. Es decir, Chile tiene un número claramente alto de accidentes mineros. El gobierno asegura que ese problema se centra en las compañías pequeñas y sin tantos recursos. CNN también apunta que en la zona del accidente hay únicamente tres inspectores del gobierno para 800 minas y que ese accidente nunca debió haber ocurrido porque la poca seguridad de la mina era algo conocido. La mina incluso había sido cerrada en el 2007. De hecho, una de las primeras cosas que hicieron los propios mineros tras ser rescatados fue pedir al Presidente que se tomen medidas inmediatas para evitar más accidentes de este tipo.

No obstante, la percepción es que el sector de minas chileno es excelente en el tema de la seguridad y, como todos sabemos, la percepción es a efectos prácticos el 90% de la realidad. Y eso el gobierno de Santiago lo ha conseguido, aparte de organizando este exitoso rescate, con un show mediático que ha bordado la perfección.

En primer lugar, y antes de ser rescatados, las autoridades dieron un entrenamiento a los mineros sobre cómo tratar con la prensa. Sí, como lo escuchan. Los mineros recibieron esa clase a 700 metros de profundidad. Y en segundo lugar, el gobierno brindó una cobertura televisiva de acceso completo a todo lo que estaba ocurriendo. Esa fue una decisión no sólo inteligente, sino también valiente porque el rescate fue un éxito, pero también hubiera podido ser un fracaso. Un fracaso con 2,000 periodistas y millones de televidentes como testigos.

Las cámaras estaban en todas partes y, lo que es más importante, todos los participantes en el rescate cooperaron al máximo en la cobertura. Se notaba claramente que los habían instruido para ese momento decisivo. Lo hicieron incluso los médicos, que gentilmente volvían a abrir la puerta del hospital de campaña para que los camarógrafos pudieran filmar mejor a los mineros que entraban en camillas.

Y cuando digo que las cámaras estaban en todas partes, es que estaban en todas partes, incluso, por increíble que parezca, en la propia mina. A 700 metros de profundidad. Uno veía a los mineros en vivo y también a los primeros rescatistas que bajaron a ayudarles. Eso permitió que el nivel de emoción subiera a niveles estratosféricos y que, por lo tanto, el mundo se enganchara a sus televisores y computadores para ver el milagro en directo.

También había cámaras en los cascos de los mineros, de forma que podía verse el ascender de la nave de rescate Fénix por el estrecho túnel hasta la superficie. Por supuesto también había cámaras ofreciendo las imágenes de las grúas y de los rescatistas en acción, de los emocionados familiares esperando y de chilenos por todo el país (y el mundo) llorando de emoción mientras ondeaban la bandera chilena con orgullo. Y, naturalmente, una cámara era testigo de las primeras imágenes de los mineros saliendo del Fénix y abrazando y besando a sus familiares para después fundirse también en abrazos con el Presidente, el Ministro de Minas y los rescatistas. Imposible no emocionarse.

Si el gobierno de Chile no hubiera sido tan inteligente y no hubiera proporcionado esas imágenes, el nivel de interés por la historia no habría sido ni mucho menos el mismo. A pesar de que todo eran imágenes del gobierno y no se permitió otras cámaras, lo cierto es que esas imágenes se brindaron a todo el mundo y todas las cadenas las pudieron utilizar. Aunque limitar el acceso a sólo las cámaras del gobierno nunca es el escenario perfecto porque puede haber parcialidad, también es fácil deducir que no puedes dejar entrar a la zona de rescate a 2,000 periodistas. Porque fueron 2,000 los periodistas que se desplazaron a cubrir este evento a esa remota parte de Chile. Hay un factor de seguridad y distracción que no se puede obviar.

Todo el mundo vivió en directo la odisea. Las palabras, las emociones, los abrazos, las lágrimas de alegría. Chile logró crear una conexión emocional con millones y millones de personas alrededor del planeta. Todos éramos chilenos y nos emocionábamos como si estuviéramos allí mismo, junto a ellos.

Sin embargo, ha habido muchos accidentes de minas que no han conseguido ninguna cobertura mediática. Al facilitar el gobierno esta cobertura, logró aprovechar una oportunidad de oro para conseguir apoyo a la operación y reforzar la imagen del país como un lugar donde las cosas se hacen bien. El rescate ha costado entre 20 y 30 millones de dólares y no hay que olvidar que un tercio será cubierto por donaciones.

Todos, menos posiblemente los dueños de la mina, han ganado en esta historia. Los mineros fueron rescatados y Chile es admirado en todo el mundo. Hasta el punto de que Laurence Golborne, el Ministro de Minas, tiene un 87% de popularidad y ya se especula que puede ser el sucesor del Presidente en las elecciones del 2013.

Esto nos enseña que hay que ser abiertos. Hay que ser transparentes. Hay que ayudar a la prensa a que pueda hacer su trabajo. Ocultar cosas, no proveer información es lo peor que se puede hacer. Entre otras cosas, porque al final los periodistas obtendrán la información de todas formas.

En enero del 2006 cubrí el accidente de la mina Sago en West Virgina, Estados Unidos. Fue un desastre informativo. Los periodistas recibíamos la información con cuentagotas, pero eso se agravó cuando nos proporcionaron información errónea. Hasta el punto de que las autoridades informaron incorrectamente de que 12 mineros habían sobrevivido al accidente. Todos los medios dimos la noticia con entusiasmo. Tras la extrema tensión del no saber qué había pasado con ellos, las familias comenzaron a celebrar el milagro. Sin embargo, luego esa información fue desmentida. Sólo se había salvado un minero. No hace falta extenderse mucho en la reacción de las familias ante semejante noticia.

También viene a la memoria el accidente en Pasta de Conchos, México, en febrero del 2006. Se estima que 65 mineros quedaron atrapados bajo tierra. La compañía dijo que estaban a 150 metros de profundidad. El accidente se produjo el 19 de febrero. El 25 de febrero, la empresa dueña de la mina anunció que “no había posibilidad alguna de supervivencia tras la explosión del metano”. El día siguiente las autoridades anunciaron que la mina sería cerrada indefinidamente.

En Chile, también había gran pesimismo inicial sobre la situación de los mineros. El 12de agosto el Ministro de Minas dijo que las posibilidades de encontrar a los mineros con vida eran escasas. Hay que recordar que no hubo ningún contacto con los mineros hasta 17 días después del accidente. ¡Diecisiete! Sin embargo, las autoridades, a pesar de ese pesimismo inicial, prometieron no rendirse y no lo hicieron. Cumplieron con su palabra. Y el premio fue que finalmente hubo contacto y, tras 69 días de tensa espera, todos los mineros fueron rescatados con vida. Treinta y tres.

Sin dudar en ningún momento de la convicción y compromiso del gobierno chileno con este rescate sin importar si hubiera cobertura mediática o no, ¿alguien duda de que la presencia y el interés de la prensa ayudan a que en situaciones similares los esfuerzos prosigan sin descanso? ¿Qué pasaría en estos desastres si ninguna cámara llega al lugar y explica a través de las imágenes la lucha titánica para salvar con vida a esos mineros atrapados entre toneladas de piedras? Lo que pasa es que muchas veces el esfuerzo no es tan fuerte y por lo tanto bajan mucho las posibilidades de que se salven esas vidas. En el caso de México hubo mucha cobertura, pero no se puede comparar con el despliegue que hizo el gobierno de Chile. Los chilenos se convirtieron en maestros de la comunicación. La labor de la prensa es esencial en ese tipo de situaciones y el inteligente gobierno chileno lo entendió a la perfección. Y ahora la imagen de Chile en el mundo se ha reforzado de manera increíble.

Otra decisión muy inteligente fue dar entrenamiento a los mineros sobre cómo tratar con la prensa. En primer lugar por cuestiones psicológicas, en segundo por cuestiones prácticas.

¿Recuerdan el accidente en 1972 en el cual el avión de un equipo de rugby uruguayo se estrelló en la cordillera de los Andes? Tras otra épica histórica de cómo sobrevivir  en temperaturas bajo cero cuando habían sido dados por muertos, 16 personas sobrevivieron. Pues bien, algunos de esos supervivientes visitaron la mina en Chile para explicar a los mineros su experiencia tras el rescate. Pasar de de ser un minero anónimo a convertirse en famoso a nivel internacional  de un día para otro no siempre es una transición fácil.

Las autoridades chilenas les explicaron que había mucha prensa esperándolos, que todos querrían entrevistas y que serían muy insistentes para conseguir esas entrevistas. Que sus vidas serían aireadas públicamente, para bien o para mal. Ahora sabemos hasta quiénes son las amantes de los mineros. El entrenamiento les sirvió para al menos estar un poco más preparados para lo que les venía encima.

Pero hay otro ángulo, el del dinero. Los mineros cobraban 1,600 dólares al mes por su duro trabajo. No cabe duda de que este rescate se contará en libros, películas y que los mineros darán la vuelta al mundo explicando de primera mano qué ocurrió.

Los equipos de fútbol Real Madrid y Manchester ya los han invitado a ir a sus estadios. Una empresa minera griega también los ha invitado a pasar sus vacaciones en las paradisíacas islas de ese país. Y habrá muchas más invitaciones tanto de cortesía como pagándoles para que vayan. No cabe duda de que algunos medios les pagarán mucho dinero por ser entrevistados.

Los mineros dicen que llegaron a un acuerdo por el cual se repartirían cualquier dinero obtenido al contar sus experiencias en el accidente. Incluso si eso finalmente ocurre, ¿quién va a conseguir más dinero? Obviamente la persona que sepa explicar mejor todo lo ocurrido, que se exprese mejor, la que comunique más. Esa persona será la que viaje y dé conferencias, esa persona será la preferida de las cadenas televisivas para ser entrevistada. Aunque haya sido un entrenamiento muy básico por motivos obvios, entender un poco mejor cómo comunicar un mensaje de forma efectiva, es algo que puede marcar ahora una diferencia fundamental en las vidas de estos mineros. Si son hábiles ya no tendrán que trabajar más por el resto de sus vidas.

From Miners to Celebrities… and All the Way to the Bank

October 16, 2010

 “Chile will be remembered and recognized not for Pinochet, but as an example of unity, leadership and valor, faith and success,” stated Chile’s President Sebastián Piñera to the Times of London.

Chile has written a story that will be very difficult to overcome not only in the field of mine disaster rescues, but of public relations.

As the Chinese proverb so well states, every crisis is an opportunity and the Chilean authorities have masterfully positioned their country during this crisis as not only an empathetic, brave and hard-working nation, but as an especially effective one.  That knows how to do things correctly.  A model to be followed.  No public relations campaign, not even one with an unlimited budget, would have been able to get these results.  Not by a long shot.

The rescue work at the San José de Copiapó mine was done by the book.  Rescuing all the miners was undoubtedly a miracle, but a miracle that became a reality thanks to a minutely planned strategy that was executed with the utmost level of professionalism.  Nothing was left to chance.

Today, after this epic rescue, any average observer from around the world would think that Chile has one of the safest mining industries in the world.  But they would be wrong.  According to CNN, last year 50 people lost their lives in Chile’s mines.  Even though mining represents 40% of the national income, it is only 1% of the world’s market.  And with this 1%, Chile contributes 8% of the world’s mining accidents.  That is, Chile has a clearly high number of mining accidents.  The government states that this is a problem limited to small companies which lack the resources to prevent them.  CNN also points out that the area where this accident took place only has three government inspectors for 800 mines, adding that this accident should never have happened because the safety issues at the mine were well-known.  The mine had actually been shut down in 2007.  And, one of the first things that the miners did after being rescued was to ask the President to take the necessary measures to prevent similar accidents from happening in the future.

Nonetheless, the perception is that Chile’s mining industry is excellent in terms of security and, as we all know, perception is for all practical purposes 90% of reality.  And this has been achieved by the Santiago government, apart from having organized a successful rescue mission, through a perfectly executed media show. 

First of all, and prior to their rescue, the authorities provided media training to the miners to teach them how to deal with the media.  Yes, you read it right.  The miners learned about how to deal with the media at 700 meters below the earth’s surface.  Secondly, the government provided full-access coverage to everything that was happening.  This was a decision that was not only intelligent, but also brave because the rescue mission was a success – it could have been a failure.  A failure covered by 2,000 reporters and millions of television viewers as witnesses.

TV cameras were everywhere and, most importantly, all the participants in the rescue cooperated 100% with the coverage.  It was clear that they had been told what to do.  Even the doctors at the hospital where the miners were being treated opened the doors over and over again so that the cameras could better film the miners on their gurneys. 

And when I say that the cameras were everywhere, I mean they were everywhere.  Even, as incredibly as this may seem, inside the mine: 700 meters below the surface.  Viewers could see the miners in real time, as well as the first rescuers who descended to help them.  This allowed for the levels of emotion to reach stratospheric heights and, therefore, had viewers all over the world glued to their television sets and computers to watch the miracle live.

There were also cameras on the miners’ helmets, which allowed us to view their ascent on the Phoenix rescue capsule over the narrow tunnel from the mine to the surface.  Of course, there were cameras following every move of the above-ground rescue equipment and rescuers, of the awaiting families and of Chileans all over the country (and the world) crying as they proudly waved the Chilean flag.  And, naturally, a camera witnessed the first moments when each miner emerged from the Phoenix, hugging and kissing their relatives and immediately after hugging President Piñera, the Mining Minister and their rescuers.  It was impossible to remain unmoved.

If Chile’s government had not been as intelligent and hadn’t provided those images, the level of interest about this story would not have been the same.  Even though all the images were provided by the government and no other cameras were allowed to transmit, the truth is that those images were made available to everyone.  Limiting access to only the government’s cameras is never the ideal situation, because it can be perceived as biased, it is easy to understand that it was impossible to allow 2,000 reporters direct access to the rescue zone.  It really was a total of 2,000 international reporters that traveled to that remote region of Chile to cover this story.  There is a factor of security and distraction that cannot be ignored. 

Everyone lived the odyssey live. The words, the emotions, the hugs, the tears of joy.  Chile was able to create an emotional connection with millions and millions of people all over the globe.  We were all Chileans at that time and we were moved just as if we were witnessing the rescue on site with them.

However, there have been many mining accidents that have been completely ignored by the media. By facilitating coverage, the government was able to take advantage of a golden opportunity to receive support for the rescue operation and reinforce the country’s image as a place where things are done correctly.  The rescue mission has cost between 20 and 30 million dollars, a third of which will be covered by donations.

Everyone, with the possible exception of the mine’s owners, has come out a winner.  The miners were rescued and Chile is admired all over the world.  Such is the case of Laurence Golborne, the Mining Minister, who has an 87% approval rating and is already being touted as a possible successor to President Piñera in the 2013 elections.  

This story teaches us the importance of openness.  Of transparency.  We must help the media to do their job.  Hiding facts and not providing information is the worst thing to do.  Because, among other things, the media always finds out what it needs to find out.

In January 2006, I covered the accident at the Sago mine in West Virginia, USA.  It was an information disaster.  Journalists received information piecemeal, and then to make matters worse we were provided erroneous information.  The authorities even said, mistakenly as it turned out, that 12 miners had survived the explosion.  All the news outlets relayed the news enthusiastically.  After the tense hours of not knowing what had happened to their loved ones, the families began to celebrate the miracle.  However, the information was subsequently refuted.  Only one miner survived.  It is not difficult to imagine the families’ reaction once they found out the news.

I also remember the accident at the Pasta de Conchos mine in Mexico in February 2006.  It was estimated that 65 miners were trapped below ground.  The mining company said that they were 150 meters below the surface.  The accident took place on February 19.  On February 25, the company announced that “there was no chance of any survivors after the methane explosion.”  The next day the authorities announced that the mine would be closed indefinitely.

In Chile there was also great pessimism about the situation with the miners.  On August 22, the Mining Minister said that the possibilities of finding the miners alive were slim.  We have to remember that it wasn’t until 17 days after the accident that contact was made with the miners.  Seventeen days!  However, the authorities, despite the initial pessimism, promised not to give up and they didn’t.  They were true to their word.  And the prize was when the miners were heard from and, after a tense 69 days of wait, all the miners were rescued safe and sound.  All 33 miners.

Without putting into question the Chilean government’s conviction and compromise with the rescue mission, whether or not there was media coverage, does anyone put in doubt that the media’s presence and interest help in similar situations to ensure that full-blown rescue efforts continue?  What would happen in these disasters if no cameras reached the area to explain in images the titanic struggle to save the miners trapped under tons of stones?  What happens is that many times the effort is not as strong and the possibilities of saving those lives are greatly reduced.  In Mexico’s case there was quite a bit of coverage, but it cannot be compared with the Chilean government’s deployment. The Chileans became masters of communication.  The media’s work is essential in this type of situations and the intelligent Chilean government understood this perfectly.  And now, Chile’s image in the world has been incredibly strengthened.

Another very intelligent decision was to train the miners about how to deal with the media.  First of all because of psychological issues, and secondly because of practical matters.

Do you remember the accident in 1972 when a plane carrying the Uruguayan rugby team crashed in the Andes?  After another epic story of how to survive in below zero temperatures after they had been given for dead, 16 people survived.  Well, some of those survivors visited the mine in Chile to share with the miners their experiences after being rescued.  To go from being an anonymous miner to being known internationally practically overnight, is not always an easy transition.

The Chilean authorities explained to the miners that there were many reporters waiting for them, that all of them wanted to interview them and that they would be very persistent to get those interviews.  That their lives would be open to scrutiny, for better or worse.  We now even know the names of one of the miners’ mistress.  The training served to at least be a bit more ready for what was to come.

But there is another angle – the money.  The miners made $1,600 a month for their hard work.  Undoubtedly, this rescue will be told in books and movies, and the miners will travel the world telling their stories in person.

The Real Madrid and Manchester soccer teams have invited them to their games.  A Greek mining company has invited them to vacation in Greece’s paradisiacal islands.  And they will get many more invitations, both as prizes and paying them for their attendance.  Some outlets will even pay them a lot of money to interview them.

The miners said that they reached an agreement among themselves to share all their earnings from sharing their experiences about the accident.  Even if this does finally happen, who will make the most money?  Obviously, the person who best knows how to explain what happened, who best articulates the story, the one who communicates the most.  That person will be the one to travel and give speeches, that person will be preferred by television networks for interviews.  Even if the training they received was, for obvious reasons, very basic, knowing just a little better how to effectively communicate a message is something that can make a fundamental difference in the lives of the miners.  If they are skillful, they will never have to work another day in their lives.