Archive for July, 2010

El periodismo en la sala de emergencias

July 24, 2010

Salvo honrosas excepciones, para mí, el periodismo está en claro declive. Cada vez menos relevante a la hora de ejercer sus funciones principales como mecanismo de control e investigación de temas vitales para la sociedad. El último ejemplo lo tenemos en el surrealista caso de Shirley Sherrod.

Surrealista, para empezar, porque el Presidente Obama la telefoneó dos veces, no pudo localizarla y ésta ni le devolvió la llamada hasta el día siguiente. ¿Cómo? ¿Qué me dice? ¿El Presidente Obama? ¿El mismo al que líderes internacionales cortejan constantemente y hacen todo tipo de esfuerzos y piruetas políticas para que los reciba fugazmente en la Casa Blanca? Sí, el mismo. Como lo oye. Y cuando al fin pudo hablar con ella, fue para pedirle perdón. Y éste es sólo el último de los giros de esta historia de casi periodismo-ficción.

¿Qué había originado esa disculpa presidencial? La señora Sherrod era una empleada del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. El pasado 27 de marzo, Sherrod pronunció un discurso frente a la organización NAACP, que defiende los derechos civiles de las minorías en Estados Unidos. Hace unos días, un bloguero y activista conservador, Andrew Breitbart, puso en YouTube un vídeo con parte de lo que la señora Sherrod dijo en ese evento.

En el vídeo, la mujer admitió que hace 24 años dudó sobre si ayudar a un granjero blanco quien acudió a ella para poder conservar su granja. ¿El motivo? Que era blanco. Sherrod, de aquella, trabajaba en el sur del país para una agencia sin ánimo de lucro establecida para ayudar a granjeros negros. La señora Sherrod es negra.

Cuando el vídeo llegó a los medios de comunicación, ardió Troya.  Un extraño y esquizofrénico virus se apoderó de los medios, la Administración y, todo hay que decirlo, también del propio público. Hasta un alumno de primero de periodismo de cualquier universidad se hubiera comportado de forma más profesional, ética y responsable que muchos de los periodistas que cubrieron esta noticia.

En especial los canales conservadores comenzaron a atacar ferozmente a Sherrod acusándola de racista. Como pólvora encendida, el vídeo invadió la Internet y los ataques aumentaron, hasta que el Secretario de Agricultura decidió despedirla de su trabajo. Es decir, se quedó en la calle y con la etiqueta de racista a cuestas. Algunos comentaristas han dicho que la Casa Blanca reaccionó de forma tan rápida y contundente por temor a que acusaran a la Administración de un presidente afroamericano de racismo contra los blancos.

Pequeño problema. Resulta que el vídeo que subieron a YouTube era un extracto muy concreto de lo que ella dijo en el acto de NAACP. En realidad la historia que contó Sherrod fue completamente contraria: de arrepentimiento, de reconciliación racial.

En el evento, Sherrod reconoció sus prejuicios de entonces, sus luchas interiores y afirmó que finalmente decidió que tanto el granjero como ella eran seres humanos y que no había diferencia entre ellos. Sherrod no sólo ayudó al granjero blanco a conservar su granja sino que forjó una sólida amistad con él. El granjero, Roger Spooner, y su familia confirmaron que todo lo que dijo Sherrod es verdad. Es decir, que ocurrió exactamente lo contrario a la imagen que el mundo recibió de la señora Sherrod. Sin embargo, allí estaba ella: despedida de su trabajo, calumniada y criticada constantemente por unos y otros.

Posteriormente, el bloguero conservador reconoció que el vídeo que subió a YouTube era en realidad una versión editada del discurso. Según él, los que se la pasaron nunca le dijeron que eran extractos seleccionados. Sea o no cierto, el daño ya estaba hecho y el periodismo en general sufrió un duro revés. Otros acusan al bloguero de saber perfectamente que se trataban de citas seleccionadas y que lo subió a YouTube de todas formas para crear controversia atacando a la Administración Obama y potenciar su blog.

¿Nadie verificó que la historia y las acusaciones fueran correctas? ¿Dónde está la ética periodística? ¿Dónde está la objetividad, el sentido de equidad y justicia informativa? ¿Nadie se molestó en pedir la copia completa del discurso para ver si las citas reflejaban el espíritu de lo que se dijo? ¿O sería que, tal y como sucedió, esas citas estaban fuera de contexto? ¿Se contactó a alguien que fuera físicamente al evento para verificar la autenticidad de lo que se dijo? ¿Se consultaron diversas fuentes para contrastar la información? ¿Algún editor de experiencia repasó la noticia antes de ponerla al aire o imprimirla? ¿Nadie sospechó que una organización que pide la armonía social como la NAACP invitara una supuesta racista a hablar frente a ellos? ¿No levantó, ese simple hecho, señales de alarma? ¿Alguien se molestó en hablar con ella para que se defendiera de las acusaciones? ¿Alguien exigió que la historia no se hiciera pública hasta que todos los datos estuvieran confirmados, para no causar un daño irreparable en la reputación de una persona si las acusaciones no fueran ciertas? Madre mía, podría seguir escribiendo preguntas de este tipo todo el día. Estos puntos son los pilares básicos del periodismo.

Sin embargo, como dije, esto va más allá. ¿Cómo puede la Administración Obama despedir a alguien de su trabajo sin verificar que esas acusaciones son ciertas, basándose sólo en informes de la prensa? ¿Es que en el gobierno no saben que lo que sale en los medios no siempre es necesariamente verdad? Entonces, ¿es cierto, como insisten algunos, que el Presidente Obama nació en realidad en Kenia y que además no es cristiano sino musulmán? ¿Es cierto también que Elvis Presley estaba desayunando esta mañana en Las Vegas un suculento plato de huevos revueltos con jamón? ¿Y cómo es posible que la población en general también se deje influenciar de semejante forma por los medios sin mostrar el más mínimo espíritu crítico? ¿Dijo alguien, “un momento, ¿es esto cierto? ¿No se estará exagerando el tema? ¿No serán acusaciones falsas con motivación política? ¿Han dado oportunidad a que ella se defienda?”?  No, nadie dijo nada y la vida de una señora que luchó durante décadas por los derechos civiles de muchos, sin importar su color de piel, cambió radicalmente en apenas unos días. De repente, el país la consideraba una racista.

Cuando todos se dieron cuenta el enorme error cometido, surgió un gran sentimiento de vergüenza colectiva. El Secretario de Agricultura pidió perdón durante una conferencia de prensa y le ofreció otro trabajo. Algunos medios también pidieron excusas y el propio Presidente Obama la llamó para disculpar a su Administración.

Sin embargo, de nuevo, esto va mucho más allá del caso concreto de una persona. En este caso, la señora Sherrod. Esto es la consecuencia de lo que vemos en el periodismo de hoy en día. Por una parte, los medios despiden a una gran cantidad de periodistas muy experimentados para sustituirlos por recién graduados que cobran una tercera parte de salario, pero que, claro, no tienen ninguna experiencia. Las redacciones cada vez tienen menos profesionales y los que se quedan tienen un volumen de trabajo enorme. No se pueden concentrar debidamente en su trabajo. No es su culpa. Ahora uno tiene que hacer el trabajo de dos o tres, cooperar en la parte digital e incluso A VECES filmar y editar vídeo de los eventos que cubre. Con esas condiciones, es imposible realizar un buen trabajo como periodista.

Por otra parte, ha surgido la llamada blogosfera, que no es necesariamente periodismo. Muchas veces, todo lo contrario. Un extraño mundo donde vemos verdaderos profesionales, pero también un ejército de personas sin la más mínima preparación y que sin embargo se anuncian como periodistas serios. Eso, por supuesto, sin contar la catarata de lunáticos, activistas políticos que se hacen pasar por periodistas y personas que no tienen ni la más remota idea de lo que están hablando.  El resultado es que en la Web uno encuentra de todo, pero el lector no siempre sabe o puede distinguir qué es buena información o pura propaganda.

Los medios siempre han luchado por salir antes que la competencia con una noticia. Es la naturaleza del periodismo. Anticiparse. Sin embargo, con la llegada de la Web y los canales de noticias de 24 horas, ahora la lucha muchas veces es por salir tan solo segundos antes que esa competencia. La presión a salir primero es muy fuerte y, como vemos, no siempre se hace el trabajo adecuado antes de publicar esa noticia. La velocidad prima sobre la veracidad.

Un medio de comunicación tiene que ser un lugar donde hay periodistas de peso, verdaderos profesionales. Personas que dedican su vida a investigar y a informar de forma veraz y objetiva a sus lectores, televidentes o radioescuchas. Tiene que ser un lugar de referencia, en el que se pueda confiar. No puede ser un ejemplo del vodevil que hemos visto en el caso de la señora Sherrod. Yo admiro profundamente a los periodistas que se toman en serio su profesión. Son vitales para la sociedad. Una verdadera democracia no puede funcionar sin una prensa fuerte, independiente, veraz, preparada, valiente. No obstante, me parece que los periodistas que no están en ese grupo hacen un enorme daño a la sociedad y tenemos que protegernos de ellos.

Algunos considerarán este episodio una anécdota, pero el problema es que no lo es. Es una tendencia muy peligrosa. ¿Recuerdan la guerra en Irak? ¿Recuerdan las armas de destrucción masiva que supuestamente había en Irak? La prensa hizo un muy pobre papel en la cobertura previa a la guerra. ¿Y qué me dicen de la crisis económica que vivimos hoy en día? ¿Cómo es posible que los periodistas especializados no averiguaran el enorme problema que se estaba creando? Ahora sabemos que no fueron pocos quienes lo predijeron, pero, ¿dónde estaban esos periodistas para revelar esas preocupaciones, el peligro inminente de una catástrofe financiera? Seguramente, debido a la creciente falta de medios, esos periodistas estaban cubriendo varias historias al día y sin demasiado tiempo para hacer bien ninguna de ellas.

Desde mi punto de vista, sólo quedan contados medios con los recursos necesarios y el personal capacitado para realmente marcar una diferencia en el mundo periodístico actual. La mayoría está haciendo el trabajo varias personas o bien enfrascados en buscar el escándalo irrelevante más grande del día para subir el índice de audiencia de la cadena o el número de ejemplares que se venden de su diario. A muchos blogueros ni les importa si lo que dicen es verdad o mentira. Todo se centra en provocar escándalo y confrontación para obtener más entradas en su página. Y con ello, notoriedad. Fama. A otros con motivaciones políticas, tanto de la derecha como de la izquierda, ni siquiera les importa eso, sino dañar políticamente a su oponente. De nuevo, sin importar si las acusaciones sean verdad o una simple fabulación. Ya sabe, una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad.

Todo esto representa un gran peligro para la democracia y para el bien general de la sociedad. Las crisis provocan serios problemas económicos para millones de familias. Las guerras provocan muertos y enormes deudas. El público tiene el derecho a estar bien informado para tomar decisiones importantes. La misión del periodismo es proveer esa información. Siempre se decía que el periodismo “informa, educa y entretiene”. Desde mi punto de vista el periodismo actual informa poco, educa menos y cada vez entretiene más.

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Journalism on Life Support

July 24, 2010

With a few honorable exceptions, in my opinion, journalism is clearly declining.  Every day it becomes less relevant when it comes to exercising its primary function as an independent mechanism of oversight and investigation of the government and organizations regarding issues of vital importance for our society.  The latest example is the surreal case of Shirley Sherrod.

For openers, it is surreal because President Obama called her twice, couldn’t reach her and she didn’t even return his call until the following day.  What?  What do you mean?  THE President Obama?  The one that world leaders constantly court and go through hoops to hold fleeting meetings with at the White House?  Yes, the very same.  Just like you have read.  And when he was finally able to speak with her, it was to apologize.  And this is just the latest of the twists in this story of journalism-fiction.

What could have led to this Presidential apology?  Mrs. Sherrod was an employee of the US Department of Agriculture.  This past March 27, Sherrod made a speech at an event of the NAACP, an organization that defends the civil rights of minorities in the United States.  A few days ago, a blogger and conservative activist, Andrew Breitbart, uploaded on YouTube a video clip of Mrs. Sherrod’s remarks.

On the video, she admitted that 24 years ago she hesitated about whether or not to help a white farmer who came to her for assistance to save his farm.  The reason?  He was White.  At the time, Sherrod worked in the south of the United States for a non-profit agency established to help African-American farmers.  Mrs. Sherrod is African-American.

When the media got a hold of the video, all hell broke loose.  A strange and schizophrenic virus took over all media outlets, the Administration, as well as the public.  A first year journalism student would have behaved in a more professional, ethical and responsible manner than the reporters who covered this story.

Especially, the conservative media began to attack Sherrod furiously, accusing her of being a racist.  Like an out-of-control forest fire, the video spread throughout the Internet and the attacks increased, culminating in the Secretary of Agriculture’s decision to fire Mrs. Sherrod.  Some commentators have said that the White House responded so quickly and forcefully out of fear that the Administration of an African-American president would be accused of racism against Whites.

There’s a small problem.  It happens that the video uploaded to YouTube was a specifically edited clip of what Mrs. Sherrod said during the NAACP event.  The real story told by Sherrod was the complete opposite:  one of redemption and racial reconciliation.

At the event, Sherrod acknowledged her previously held prejudices, her inner struggles and stated that she finally decided that she and the farmer were human beings and that there were no differences between them.  She not only helped the White farmer to save his farm but a long-lasting friendship grew from their encounter.  The farmer, Roger Spooner, and his family confirmed that everything that Mrs. Sherrod said was true.  That is, the exact opposite of the image that the world built of Mrs. Sherrod was real.  However, there she was: fired from her job, slandered and constantly criticized by one and all.

Afterwards, the conservative blogger acknowledged that the video he uploaded to YouTube was actually an edited version of the speech.  According to him, the people who gave it to him never told him that the video was made up of selected clips.  Whether or not this is true, the damage was already done and journalism in general suffered a serious setback.  Others accuse the blogger of knowing exactly what he was uploading and that he did it anyway to create a controversy that attacked the Obama Administration and promote his blog.

Did no one verify to make sure that the story and the accusations were true? Where did journalistic ethics go? Where are objectivity, the sense of information equity and justice?  Did nobody bother to request a complete copy of the speech to find out if the quotes reflected accurately the spirit of what was said?  Or was it that, just like it happened, the quotes were taken out of context?  Did anyone find someone who actually attended the event to confirm the authenticity of the remarks?  Did anyone check with a variety of sources to verify the information? Did an experienced editor or producer review the story before printing or airing it? Was nobody suspicious that an organization such as the NAACP, which is on the forefront of calls for social harmony, would invite a supposedly racist speaker to their event? Did this simple fact not raise the alarm?  Did anyone bother to speak with Mrs. Sherrod to allow her to defend herself? Did anyone demand that the story not be made public until all the information had been verified, to ensure that irreparable damage to her reputation was not made if the accusations were not true? My goodness, I could go on and on all day writing this type of questions.  These are the basic tenets of journalism.

However, as I mentioned previously, this situation goes further.  How could the Obama Administration fire someone without verifying that the accusations were true, basing this decision only on press reports?  Is it that those in the government do not know that just because something is published by the media it is not necessarily true?  Then, is it true that, as some people insist, President Obama was actually born in Kenya and that instead of being a Christian is actually a Muslim?  Is it true then that Elvis Presley was having breakfast this morning in Las Vegas? And, how is it possible that the general population can also let itself be influenced in such a manner by the media without displaying the least interest in finding out whether or not this story was true?  Did anyone say, “Wait a minute, is this true? Could someone be making too big a deal out of this?  Couldn’t these be politically motivated falsities?  Has she been given the opportunity to defend herself?”?  No, no one said anything and the life of a woman who has fought during decades on behalf of others’ civil rights, regardless of their skin color, radically changed in a matter of days.  Suddenly, the entire country saw her as a racist.

When everyone finally realized the enormity of the mistake they had made, a great feeling of collective guilt took over.  The Secretary of Agriculture apologized during a press conference and offered her another job.  Some of news outlets also apologized and President Obama himself called her to apologize on behalf of his Administration.

However, once again, this case goes beyond this one situation affecting Mrs. Sherrod.  These are the consequences of what we see in journalism nowadays.  On the one hand, newspapers, television and radio stations fire a large number of experienced journalists to replace them with recently graduated one who are paid a third of the fired journalists’ salaries.  However, they clearly have no experience.  News bureaus have less and less true professional journalists on staff and those who are still around have an enormous amount of work.  They cannot properly do their job.  It is not their fault.  Journalists nowadays have to do the work of two or three people, support the online side of the news, as well as sometimes film and edit the stories they cover.  It is impossible to deliver good, solid work as a journalist under these conditions.

On the other hand, there is the emergence of the so-called blogosphere, which isn’t necessarily journalism.  Many times it is its very opposite.  A weird world where we come across true professionals, but also an army of lunatics and people without the most basic knowledge of issues or journalism but who sell themselves as “serious” journalists.  That, of course, without including the throng of crazed political activists who want to make themselves pass for journalists and don’t have a clue about what they’re writing about.  The result is that you can come across anything on the Web, but readers don’t always know or can’t distinguish between good information and blatant propaganda.

Media outlets always want to beat the competition to the punch when it comes to reporting news.  It is the nature of the business.  To be first.  However, with the arrival of the Web and 24-hour news cycles, the struggle is now down to beating the competition by mere seconds.  The pressure to be first is very strong and, as we can see from this example, the right steps are not always taken before publishing or going on air with a story.  Speed trumps the truth.

The media needs to be an institution where respected journalists and professionals come together and are able to inform the nation in an independent way. People who dedicate their lives to investigate and report the news objectively and truthfully to their readers, viewers, and listeners.  They have to be the point of reference for the public, where they can confidently go to get the news.  The media cannot be the circus sideshow that we just saw with Mrs. Sherrod.  I have profound admiration for journalists who embrace and take seriously their profession.  They are vital to our society.  A real democracy cannot function without a strong, independent, truthful, qualified and brave media.  In spite of this, I think that journalists who are not in this group do real damage to our society and we have to protect ourselves from them.

Many will view this episode as anecdotal, but the problem is that it isn’t.  It represents a very dangerous tendency.  Do you remember the Iraq War?  Do you remember the weapons of mass destruction that were supposedly being hidden in Iraq?  The media did a terrible job in its coverage prior to the war.  And what can be said about the current economic crisis?  How is it possible that financial sector journalists didn’t investigate the problem that was brewing?  Now we know that more than a few predicted something was going to happen, but where were those reporters to talk about these concerns, about the imminent danger of a financial catastrophe?  Surely, due to the decrease in newsroom budgets, these reporters were covering several stories a day and didn’t have the time to cover any of them properly.

From my vantage point, there are only a handful of news media outlets with the financial resources and professional staff to truly make a difference in today’s media world.  Most journalists are doing the work of several people or are deeply enmeshed in looking for the daily irrelevant scandal to increase viewership, ratings, and the number of newspapers or magazines sold.  Many bloggers don’t even care if what they write is true or a lie.  Everything is geared to creating a scandal to get the most hits on their page.  And with that, to increase their notoriety.  Fame.  Others, with political motivations, whether on the right or left, don’t even care about that; their concern is to politically hurt their opponents.  Again, without caring if their accusations are true or merely made-up.  As you well know, a lie told a thousand times becomes the truth.

All of this is truly dangerous for our democracy and for the overall well-being of our society.  Crises bring about serious economic problems for millions of families.  Wars bring about death and enormous debt.  The public has a right to be well-informed to be able to make important decisions.  Journalism’s mission is to provide this information.  It has always been said that journalism “informs, educates, and entertains.”  From my point of view, today’s journalism informs very little, educates even less, and entertains us more and more every day.

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