Archive for May, 2010

La burbuja de la Casa Blanca

May 30, 2010

Ningún presidente se libra. A todos, en algún momento de su Administración, les dicen que se han encerrado en la “burbuja de la Casa Blanca”. Es decir, que, inmersos en su trabajo diario y pasando el mayor tiempo aislados en la residencia presidencial,  se han alejado de lo que es la realidad del país. Que no entienden realmente lo que ocurre en la calle. Que han perdido la sensibilidad respecto a las preocupaciones diarias del ciudadano común. Ahora esas críticas son para el Presidente Obama. ¿El motivo? El derrame de petróleo en el Golfo.

La Casa Blanca está a la defensiva en este tema. En las primeras semanas de la crisis, las encuestas decían que el público veía un claro responsable del desastre, British Petroleum (BP), y aprobaba el manejo de la situación por parte del gobierno. Sin embargo, esa situación ha ido cambiando sustancialmente y la confianza en la labor de la Administración ha decaído de forma importante.

Muchos comentaristas criticaron al Presidente Obama por, aparentemente, no elevar esta crisis desde el principio al nivel de importancia que se merecía.  El accidente del 20 de abril ya ha provocado el mayor derrame de petróleo en la historia de Estados Unidos.

El Presidente respondió convocando una conferencia de prensa el jueves 27 de mayo y dijo que su Administración siempre ha liderado la respuesta a la crisis y que quien lo pusiera en duda, simplemente, “no conocía los hechos”.

Sin embargo, incluso reconocidos activistas demócratas como James Carville, residente en la zona afectada, se han enfrentado abiertamente a la Casa Blanca acusándolos de lentitud en la respuesta. Carville incluso añadió que si la crisis hubiese sido en las cosas de California o en las playas cercanas a la capital Washington, la respuesta hubiera sido completamente distinta: rápida, eficiente, contundente, coordinada. Carville, una persona clave durante la presidencia de Bill Clinton, se ha ido mostrando cada vez más agresivo contra la forma en la que la Casa Blanca está manejando la situación. Y lo hace en público, plenamente consciente del resentimiento que eso está creando en la Administración. Sin embargo, Carville no está solo. La senadora demócrata por Luisiana, Mary Landrieu, también afirmó que “El presidente no ha estado todo lo visible que hubiera debido en este tema y, desafortunadamente, va a pagar un precio político por eso”.

Los republicanos afirman que si en vez de al Presidente Obama, esto le hubiera ocurrido al ex Presidente Bush, los demócratas estarían criticándolo sin piedad durante las veinticuatro horas del día. Lo acusarían de incompetente y de no ser más activo en la crisis por lo que dirían son sus lazos con la industria petrolera.

El Presidente Obama insistió en la conferencia de prensa en que ésta es una clara prioridad para su gobierno y que desde el principio han volcado todo tipo de expertos y recursos para solucionar cuanto antes el vertido de petróleo. Según él, esto es lo primero que piensa al despertarse y en lo último al acostarse.

No vamos a poner en duda las palabras del Presidente con respecto a su esfuerzo, pero lo cierto es que muchos piensan que el gobierno no ha hecho lo suficiente y que ha dejado la iniciativa de un tema tan importante a BP. Esas personas califican este derrame como una crisis nacional y añaden que por lo tanto el gobierno hubiera tenido que tener una actitud de claro liderazgo. Según ellos, ese liderazgo o no ha existido o no se ha sabido comunicar al público estadounidense. Y como todos sabemos, en política la percepción es el noventa por ciento de la realidad.

Creo que esa conferencia de prensa del Presidente se produjo demasiado tarde. No fue proactiva, sino reactiva. Pienso que si el Presidente Obama nombró inmediatamente al almirante de la Guardia Costera Thad Allen como el  encargado de coordinar la respuesta federal al desastre, Allen tenía que haber estado desde el principio al lado del representante de BP en sus comparecencias diarias frente a la prensa. Igual que las autoridades locales y federales. Pero el público estadounidense veía solo a una persona: el representante de BP. Pienso que el Presidente no puede comparecer ante una conferencia de prensa sin antes haber sido informado de por qué una persona clave en este tema ha sido despedida o ha renunciado. Hablo de Elizabeth Birnbaum, ex directora del Servicio de Administración de Minerales y que respondía al Secretario del Interior, Ken Salazar. Ese es el departamento del gobierno que el mismo Presidente Obama criticó como responsable por permitir que la industria petrolera tuviera una influencia indebida en el área de control ambiental y de seguridad con respecto a las explotaciones petrolíferas.

El Presidente viajó el viernes una vez más a la zona afectada para ver en persona los efectos del desastre. Ahora el gobierno afirma que no son 5 mil barriles de petróleo diarios los que se vierten en el derrame, como se dijo durante semanas, sino 19 mil.

El Presidente Obama fue a una de las playas afectadas y luego se reunió con las autoridades encargadas de luchar contra el vertido. Tras la reunión,  se fue del estado. Se fue sin ni siquiera hablar con los pescadores y los habitantes de la zona. Es decir, los más directamente afectados por el desastre. Fue un viaje celérico. Teniendo en cuenta las críticas, justas o no, respecto a su actuación hasta el momento, ¿por qué no aprovechar el fin de semana largo de Memorial Day para quedarse dos o tres días más en el área y familiarizarse así de forma más profunda con la situación in situ? ¿Por qué no quedarse para escuchar de primera mano los testimonios de los afectados? ¿Por qué no quedarse y transmitir así el claro mensaje de que no hay prioridad más importante para él que ésa? Pienso que fue una gran oportunidad perdida para el Presidente y que eso ha acentuado aún más la percepción en Luisiana de que Washington realmente no entiende la gravedad de la situación para ese estado. Un estado ya muy resentido contra el gobierno federal por la respuesta en la desgracia de Katrina.

El Presidente Obama fue universalmente aplaudido por ser un maestro de  la relación con la prensa durante la campaña presidencial. Es sin duda un gran comunicador. Uno de los mejores. También pasó a la historia como el primero que supo movilizar un apoyo popular masivo para su campaña a través de las redes sociales. Algo que le permitió recaudar más dinero que nadie en la historia del país y con un promedio de contribuciones de cien dólares o menos. También ha demostrado que no tiene miedo a coger al toro por los cuernos. En apenas un año ha liderado la lucha por la reforma del seguro de salud, la reforma financiera y los significativos paquetes de estímulo económico.

El Presidente dijo en Luisiana que ha triplicado la ayuda para la crisis del vertido de petróleo. Barack Obama ha dado su teléfono en la Casa Blanca a las autoridades de las comunidades afectadas para que le llamen directamente en caso de que algo de todo lo prometido no se esté cumpliendo. Sus asesores confirman que  está siendo constantemente informado de todo lo que ocurre y que finalizar el vertido de petróleo es una de sus mayores prioridades. Que le ocupa muchas horas al día.

Sin embargo, lo cierto es que la percepción de que no ha habido suficiente liderazgo presidencial en este tema continúa entre muchos.  Hasta el día de hoy, muchos aún no saben quién realmente está a cargo de esta crisis.  Sí, el Presidente afirma que él es el último responsable, pero ¿quién es el responsable de la situación en el día a día?  ¿BP? ¿El almirante del Servicio de Guarda Costas? ¿El gobernador de Luisiana? ¿Las autoridades locales? ¿El Secretario del Interior, Ken Salazar? ¿Alguien en Washington?  ¿Quién?  Yo, que he seguido de cerca este tema, admito que tampoco lo sé.  La Administración aún no ha puesto una cara que todos podamos identificar como la persona responsable del tratamiento diario de la crisis. Algo fundamental para la percepción pública.

Y es que no basta con hacer cosas, sino que hay que saber comunicar con eficacia lo que se hace. Es difícil entender cómo una Administración como ésta, tan conocedora de la importancia de la opinión pública, haya permitido que se creara esa percepción en un asunto tan importante como éste. Ahora, además de solucionar el problema, van a tener que comunicar extremadamente bien todo lo que se hace para evitar que este desastre ecológico también se convierta en político para la Casa Blanca.

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The White House Bubble

May 30, 2010

Every president is a victim of it.  Each one, sometime during their Administration, hears that he has locked himself in “the White House bubble.”  This means that, immersed in his daily work, spending most of his time isolated in the Executive Mansion, he has distanced himself from the country’s realities.  That he doesn’t understand what’s happening on Main Street.  That he doesn’t understand any longer the daily concerns of the common citizens. These criticisms are now aimed at President Obama.  The reason?  The oil spill in the Gulf of Mexico.

The White House is on the defensive regarding this issue.  During the first weeks of the crisis, the polls stated that the public had decided on a clear responsible party for the disaster, British Petroleum (BP), and approved of the way the government was handling the situation.  However, opinions have been changing substantially since then and the confidence on the Administration has fallen significantly.

Many pundits criticized President Obama for, apparently, not giving the crisis the importance it merits from the very beginning.  The April 20 incident has already become the largest oil spill in the history of the United States. 

The President responded by holding a press conference on May 27 and said that his Administration has always led the response to the crisis and that those who doubted this, simply “don’t know the facts.”

However, even well-known Democratic activists such as James Carville, who lives in the affected area, have directly confronted the White House, accusing it of responding to the crisis too slowly.  Carville even added that if the crisis had taken place on the coasts of California or on the beaches near the Washington, DC area, the response would have been completely different:  quick, efficient, forceful, well-coordinated.  Carville, a key advisor during the Clinton Administration, has grown more aggressive in his critique of the way the White House is managing the situation.  And he is doing this publicly, completely aware of the resentment that he is creating in the Administration.  Still, Carville isn’t the only one.  Louisiana’s Democratic Senator, Mary Landrieu, also stated “the President has not been as visible as he should have been on this and he is going to pay a political price for it, unfortunately.”

The Republicans state that if this had happened to former President George W. Bush, rather than to President Obama, the Democrats would be criticizing him mercilessly 24-hours a day.  They would accuse him of incompetence and of not being actively involved in the crisis because of his ties to the oil industry.

During the press conference President Obama insisted that this is a clear priority for his Administration and that from the onset they have devoted the necessary experts and resources to solve the oil spill as fast as possible.  According to him, this situation is first on his mind when he wakes and last when falling asleep.

We won’t put in question the President’s statements regarding his efforts, but the truth is that many people think that the government has not done enough and that they have let BP take the lead in dealing with such an important issue.  These people qualify the spill as a national crisis and add that, therefore, the government should clearly have a leadership role and attitude.  According to them, this leadership has either not been in place or has not been properly communicated to the American people.  And as we all know, in politics perception is 90 percent of reality.

I think that the President’s press conference took place too late.  It was not proactive but reactive.  I believe that if President Obama immediately named US Coast Guard Admiral Thad Allen to be in charge of the Federal response to the disaster, from the beginning Allen should have stood shoulder-to-shoulder with BP’s representatives during the daily press conferences.  This also applies to the local and state authorities.  But the US public only saw one person:  the BP spokesperson.  I think that the President cannot hold a press conference without being informed that a key player in the situation had been fired or had resigned.  This person is Elizabeth Birnbaum, the former director of the Minerals Management Service, an executive who answered to Interior Secretary Ken Salazar. This is the very government agency that President Obama criticized for its responsibility in allowing the oil industry to have improper influence in the environmental control area and security regarding oil rig accidents.

On Friday, May 28, the President once again to the affected zone to witness the effects of the disaster.  The government now asserts that instead of the five thousand barrels of oil it had previously stated were being spilled, the real number is 19 thousand.

President Obama went to one of the beaches suffering the effects of the crisis and later met with the leaders in charge of fighting the spill.  After the meeting, he left Louisiana.  He left without even speaking with the fishermen and citizens of the area.  Those clearly most directly affected by the disaster.  It was a flyover type of trip.  Taking into account the criticism, right or wrong, regarding his behavior up to then, why not take advantage of the long Memorial Day weekend to stay a couple of days in the area and become more deeply familiarized with the situation where it is happening?  Why not stay to listen to first-hand accounts from the victims?  Why not stay and convey the clear message that he doesn’t have a priority more important than this one?  I think that it was a great lost opportunity for the President and that this has highlighted even more Louisiana’s belief that Washington truly doesn’t understand what this situation means to the state.  A state already very resentful with the federal government for its response to Katrina.

President Obama was universally praised for being a master in his relations with the media during the presidential campaign.  He is undoubtedly a great communicator.  He’s also has left his mark in history by being the first who knew how to mobilize massive popular support for his campaign through social media networks.  Something that enabled him to raise more money than any other presidential campaign in history with an average contribution of $100 or less.  He also has shown that he is not afraid to “grab the bull by the horns.”  In just a year he has led the fight for health care reform, financial reform, and significant economic stimulus packages.

President Obama said in Louisiana that he has tripled the aid to deal with the oil spill.  He has even given his White House phone number to the local community authorities so that they can call him directly if something that has been promised is not taken care of.  His advisors confirm that he is constantly briefed about everything that is happening and that stopping the oil spill is one of his main priorities.  That this issue takes up many hours of his day.

Nevertheless, the truth is that the ongoing perception is that there hasn’t been enough presidential leadership on this matter.  To this day, many people still don’t know who is really in charge of this crisis.  Yes, the President stated that he is ultimately responsible, but, who is responsible on a day-to-day basis?  BP? The Coast Guard admiral?  The governor of Louisiana? The local authorities?  Secretary of Interior Ken Salazar?  Someone in Washington? Who?  I, who have been following this situation closely since it began, must admit that I have no idea.  The Administration has yet to put forth a face that we can all identify as the person responsible for the daily management of the crisis.  Something fundamental in terms of public perception is that someone specific is designated as being in charge.

And that it’s not enough to do things, but that you must know how to efficiently communicate what is being done.  It is difficult to understand how an Administration such as this one, so aware of the importance of public opinion, has allowed for this perception to spread regarding an issue as important as this one.  Now, in addition to solving the problem, they will have to communicate extremely well everything being done to prevent that this ecological disaster also becomes a political one for the White House.

BP: desastre de relaciones públicas

May 22, 2010

Estaba esperando para pedir un café en el Starbucks del supermercado Giant. La dependienta le dice al cliente que pide delante de mí que Giant tiene un nuevo acuerdo con la compañía Shell según el cual por cada cierto dinero gastado en el supermercado, puede conseguir gasolina gratis allí. El hombre se ríe y dice que en muy poco tiempo no hará falta comprar gasolina. Añade que lo único que necesitará es ir la playa de Virginia (estado donde vivo) con un cubo y recoger algo del petróleo del vertido de BP (British Petroleum). Luego añadió enfadado “nunca más volveré a comprar gasolina en BP”. El Golfo de México y el estado de Luisiana, donde ocurrió el accidente de BP, están a más de mil millas de Virginia.

No es ningún chiste. BP ha tenido un verdadero desastre de relaciones públicas con el vertido de petróleo en el Golfo de México. Ya le está costando muy caro, pero el precio final podría ser aún mucho mayor. La actitud del cliente del Giant es el ejemplo.

BP gana dos mil millones de dólares al mes. En los primeros tres meses de este año, generó seis mil millones de dólares en beneficios. Uno se pregunta cómo es posible que una empresa tan poderosa y con tantos medios haya manejado tan mal la vertiente de relaciones públicas de este desastre ecológico.

Esta catástrofe va a pasar a los libros de texto como todo lo que no se tiene que hacer durante una crisis.

Estados Unidos no es Corea del Norte. En Estados Unidos no se va a poder ocultar la información relacionada al accidente y a la respuesta de BP frente al mismo. Tarde o temprano, la verdad se va a saber. El Congreso ya lo está investigando. Y si la verdad se va a saber, ¿por qué no decir todo abiertamente desde el principio y dar una imagen de total transparencia frente a lo que ocurre? Como muy bien sabemos quienes vivimos en Washington, ahora la historia en la que se centra la prensa no es el vertido en sí, sino, especialmente, en el posible encubrimiento que BP ha hecho sobre el tema. Algo que podría acabar no ya en un desastre de relaciones públicas, sino en cargos criminales.

Lo primero que se enseña en una crisis de este tipo es que hay que ser transparente y decir lo que está ocurriendo. Intentar ocultar cosas es lo peor. Como dije, al final, de todas formas, todo se sabrá y si la empresa no es totalmente transparente y oculta información importante, dejará una impresión pésima entre el público.

BP tardó 23 días en ofrecer a los medios de comunicación 30 segundos de vídeo del pozo vertiendo petróleo en el fondo del Golfo de México. Eso, a pesar de que BP tenía cámaras en el fondo marino que recogían en vivo 24 horas al día todo lo que ocurría. La prensa los criticó duramente. BP exigió a los voluntarios que iban a limpiar el vertido que firmaran un documento eximiendo de cualquier responsabilidad por daños secundarios al limpiarlo. Es decir, ¿primero se vierte petróleo en las costas estadounidenses y luego se prohíbe a los voluntarios demandar ante posibles futuros efectos daños a la salud que pueda originar la limpieza del petróleo? La prensa criticó tan fuertemente a BP que la empresa tuvo que cancelar ese documento a carácter retroactivo. El presidente de BP dijo que se quedaría en Estados Unidos hasta que el problema se hubiera solucionado. Según la prensa británica, a pesar de la gravedad de la crisis, regresó a Londres para una reunión ejecutiva y para celebrar su cumpleaños. El mensaje es claro: tengo cosas más importantes que hacer que estar en persona en Estados Unidos para supervisar personalmente tanto la limpieza del vertido como el cierre del pozo. La prensa, por supuesto, machacó al presidente de BP. El mismo dijo en una entrevista que el daño ecológico del vertido sería “modesto”. Hoy en día ya vemos las capas de petróleo en las costas de Luisiana. El daño aún no puede ser calculado pero, al menos quienes lo están sufriendo allí, definitivamente no lo califican de modesto. Al momento de escribir este artículo los expertos calculan que ya se han vertido seis millones de galones de petróleo en el Golfo. Inicialmente BP repitió que se vertían cinco mil barriles de petróleo diarios, pero no permitió a científicos independientes verificar esos números. Ahora muchos científicos dicen que la cantidad de petróleo vertida es mucho mayor a la que dice BP. Algunos periodistas han dicho que BP no permitió acceso al video del petróleo saliendo del pozo para que los expertos independientes no pudieran refutar las declaraciones de BP diciendo que se vertían cinco mil barriles diarios.

El gobierno estadounidense tampoco ha quedado muy bien parado. Este no es un problema de BP, sino un problema nacional del país. Muchos no se explican por qué el gobierno no ha sido más activo en el proceso para detener el flujo de petróleo, en vez de dejar la iniciativa a BP.  Esta crisis también podría costarle caro a la Administración Obama.

Todos sabemos que los accidentes son inevitables. Las empresas de aviación, por ejemplo, se entrenan constantemente para la crisis que se va a originar cuando uno de sus aviones, desgraciadamente, tenga un accidente. Quizás eso nunca ocurra, pero una empresa aérea tiene que asumir que, tarde o temprano, algo así va a suceder. Esas empresas se preparan para esas crisis porque es de puro sentido común. Uno de los principios básicos en esas crisis, además de muchos otros, es la imperiosa necesidad de transparencia ante lo que ocurre. Hay vidas humanas involucradas, igual que en el caso de BP. Once personas murieron en el accidente de la plataforma petrolera. No se puede ocultar nada. Este caso es aún peor debido al daño ecológico causado por el vertido. Hay que ser proactivo y decir lo que está pasando antes de que sea la prensa la que lo haga.

Las compañías de petróleo también saben que los accidentes son inevitables en su área de trabajo. ¿Qué pasó con BP? ¿Olvidaron lo que ocurrió después del accidente del Exxon Valdez?  ¿No se entrenaron para una crisis? ¿No se entrenaron para tratar con los medios de comunicación en el evento de una crisis? Y si lo hicieron, ¿cómo es posible que la reacción fuera tan funesta? Para muchas compañías, tengan o no entrenamiento, la reacción natural es ocultar información. Sin embargo, al final lo único que eso provoca es un daño aún mayor. Es precisamente por eso el valor de los entrenamientos para situaciones de crisis.

El accidente ha causado un gran daño a BP, pero las consecuencias para su imagen pública van a ser todavía peores. Me temo que el cliente de Giant podría no ser el único que deje de poner gasolina en BP. Estoy seguro que las otras grandes compañías de petróleo han tomado muy buena nota de lo ocurrido. Al fin y al cabo, tan solo en el Golfo de México, hay otros cuatro mil pozos de petróleo activos como el del accidente de BP. De ahí viene el 30% del petróleo que consume Estados Unidos. Es sólo cuestión de tiempo que haya otro accidente en una instalación petrolera. ¿Caerá la siguiente empresa en los mismos fallos de BP?

BP: PR disaster

May 22, 2010

I was waiting in line to get my daily coffee at my neighborhood Giant Food’s Starbucks.  The barista told the customer in line ahead of me that Giant has a new agreement with Shell Oil – for every so many dollars you spend at Giant, you can get free gas at Shell.  The man laughed and said that in a very short while it won’t be necessary to go to the gas station to buy gas – the only thing that we’ll have to do is go to the Virginia shore (the state where I live) with a pail to get the oil from the British Petroleum (BP) spill.  He then added, rather upset, “I will never buy gas from BP.”  The Gulf of Mexico and Louisiana, where the spill happened, are more than a thousand miles away from Virginia.

It’s not a joke.  BP has had a real public relations disaster with the Gulf of Mexico oil spill.  They’re already paying for it, but the final tab could be even higher.  The reaction of my fellow shopper at Giant is a perfect example.

BP earns two billion dollars a month.  During the first three months of 2010, its profits were six billion dollars.  It begs the question, then:  how is it possible that a corporation as powerful and with so many resources could manage so poorly the escalating public relations situation brought about by this ecologic disaster.

This catastrophe will be studied in years to come as what not to do during a crisis.

The US is not North Korea.  In the US it is impossible to cover up the information regarding the accident as well as BP’s response to it.  Sooner or later, the truth will come out.  The Congress is already on the hunt.  And if the truth will ultimately come out, why not be open from the beginning and demonstrate an image of total transparency?  As those of us who live in Washington well know, the story that the press is pursuing is not the spill itself but the possible cover-up by BP.  Something that not only has brought about a public relations nightmare, but possibly criminal charges.

The first lesson learned when dealing with this type of crisis is the paramount importance of transparency and of letting people know what is going on.  Trying to cover things up is the worst thing that can be done.  As I said before, in the end, no matter what, everything will come out in the open and if the company has not been completely transparent and has covered up important information, the public will be left with the worst opinion possible about it.

It took BP 23 days to give the press a 30 second-long video clip of the spewing oil well deep in the Gulf of Mexico.  This, despite the fact that BP had underwater cameras that recorded everything that was going on round-the-clock.  The media criticized them harshly.  BP then demanded that volunteers that would be helping to clean-up the spill sign a document absolving BP of any responsibility from any health-related damages brought about their clean-up work. Let’s see:  first, oil spills on US waters and then the volunteers helping to clean this mess up are prohibited from suing BP for any damages?  The press was up in arms and this led to BP retroactively cancelling the document.   BP’s president vowed to remain in the US until the situation was resolved.  However, according to the British press, and in spite of the seriousness of the matter, he returned to London to attend a business meeting and celebrate his birthday.  His message is clear:  I have other more important things to do than being in the US to personally supervise the clean-up and closing of the oil well.  The press, as was expected, pounded on him.  He also had stated during an interview that the ecological damage from the oil spill would be “modest.”  Nowadays we can see the oil slicked waters off Louisiana’s coast.  The damage can’t be determined yet, but at least for those living and suffering its effects on a daily basis do not deem it to be “modest.”  As I write this article, experts estimate that six million gallons of oil have already been spilled in the Gulf.  Initially, BP stated that five thousand barrels of oil were being spilled every day, but did not allow any verification of this number by independent scientists.  Now, many scientists state that the amount of oil spilled is much larger than BP’s estimates.  Some reporters have stated that BP did not give them access to the video of oil spilling from the well so that independent experts couldn’t refute BP’s statements regarding the five thousand daily barrels.

The US government hasn’t done a very good job either.  This isn’t just BP’s problem; it’s a national problem.  Many can’t understand why the government hasn’t been more proactive in the process to stop the flow of oil, instead of letting BP take the lead.  This crisis could also prove to be very costly for the Obama Administration.

We all know that accidents are inevitable.  The airline industry, for example, trains constantly about how to deal with the crisis that will be brought about when one of its airplanes, unfortunately, is involved in an accident.  This might never happen, but an airline has to assume that, sooner or later, some type of accident will take place.  These companies are ready for these crises because it is a given to do so.  One of the basic principles of these crises, among many others, is the vital need for transparency about what has happened.  There are human lives at stake, as was the case with BP.  Eleven workers died during the explosion on the oil platform.  Nothing can be hidden.  This situation is even worse because of the ecological damage brought about by the oil spill.  It is important to be proactive and say what is happening before the press does it for you.

Oil companies also know that accidents are inevitable in their line of work.  What happened to BP?  Did they not remember what happened after the Exxon Valdez accident?  Didn’t they get trained to deal with a crisis?  Did they not get trained to deal with the media in case of a crisis?  And if they did, how is it possible that their behavior has been so terrible?  For many companies, whether or not they have received crisis communication training, the first and natural reaction is to not share information.  However, the only thing that this causes is even more damages.  This is precisely why crisis communication training is so important.

This accident has caused a lot of damage to BP, but the effects to its public image are going to be even worse.  I am afraid that my fellow coffee drinker at Starbucks is not the only one who will stop buying gas at BP.  I am sure that the other oil companies have paid close attention to what has happened.  After all, there are another four thousand oil wells just in the Gulf of Mexico – 30% of US oil comes from them.  It’s only a matter of time before another accident takes place.  Will the next oil company make the same mistakes as BP?