Rusia-Georgia: ¿Quién ganó la guerra de la información?

Rusia ganó la guerra decisivamente a Georgia, pero, a nivel internacional, fue Georgia la que ganó la batalla de la información a Moscú. La acción militar fue apoyada por un gran segmento de la opinión pública rusa. Es decir, a nivel doméstico las autoridades del Kremlin salieron fortalecidas. Sin embargo, internacionalmente Rusia no organizó una campaña como cabría esperarse para defender su postura. Al menos eso fue lo que yo humildemente deduje viendo, desde Washington, la continua cobertura de la crisis. El resultado ha sido un serio daño a la imagen de Rusia, especialmente en países como Estados Unidos.

En el caso de Georgia, fue todo lo contrario. El joven presidente Mikheil Saakashvili enseguida supo que la batalla no se libraría únicamente con fusiles y tanques, sino también con micrófonos, así que pasó de inmediato a la acción. Saakashvili no sólo estudió en la ex Unión Soviética, sino también en Estados Unidos. Obtuvo un título en Derecho por la Universidad de Columbia, en Nueva York. Es decir, vivió en Estados Unidos varios años, entiende muy bien el poder de los medios de comunicación en este país y, además de otros idiomas, habla inglés perfectamente.

El presidente de Georgia no perdió tiempo y rápidamente se puso a disposición de todos los medios de comunicación estadounidenses que quisieran escucharlo. También dio entrevistas a periodistas de otras naciones, especialmente europeas. En un lenguaje sencillo y directo expuso su punto de vista. Habló de agresión, de campos de concentración, de abusos, de holocausto y de limpieza étnica por parte de las fuerzas rusas. Comparó a los líderes rusos con Stalin y dijo que la causa de Georgia era la de la democracia contra la dictadura. Una causa que todos debían respaldar. Un mensaje que repitió continuamente. Sin descanso. Todos los días. En vivo.

Rusia, en cambio, no entendió lo importante que es expresar su punto de vista con efectividad en el extranjero. Saakashvili prácticamente monopolizó el mensaje en los medios y también en internet. Organizaciones pro Saakashvili, igualmente, se movilizaron para expresarle su apoyo en la web. Posters, artículos, fotos, blogs.

Usaron de todo. El embajador ruso ante las Naciones Unidas sólo apareció de vez en cuando para hablar en nombre de Moscú. Un diplomático muy hábil y que se expresaba muy bien, pero cuyas apariciones frente a la prensa, repito, fueron muy pocas. Algún medio estadounidense también entrevistó a políticos rusos en Moscú, pero, igual que en el caso del embajador, fueron intervenciones esporádicas y muy escasas. Rusia nunca comprendió que tenía que haber puesto un ejército de funcionarios que hablaran inglés a continua disposición de la prensa de Estados Unidos, Europa y el resto del mundo para contrarrestar lo que decía el presidente de Georgia.

Moscú tenía que haber sido proactivo. Llamar continuamente a todos los medios de comunicación internacionales para darles su punto de vista sobre lo ocurrido, que era completamente diferente al que ofrecía Mikheil Saakashvili. Y no hacerlo fue un error grave. Porque el presidente de Georgia fue enormemente efectivo y, con sus continuas apariciones, consiguió que su mensaje fuera el que más se escuchara, por ejemplo, aquí en Estados Unidos. Resultado: su versión de los hechos fue, a nivel popular, la más aceptada. Los rusos brillaron por su ausencia. No supieron defender sus intereses.

Repito, esto no es una reflexión sobre quién tuvo la culpa de la guerra o quién la inició, sino sólo sobre cómo se manejó el mensaje por parte de ambos bandos. Desde mi punto de vista, Mikheil Saakashvili aprovechó hasta el último segundo que le brindó la prensa y promovió su causa con una gran eficacia. Rusia, en cambio, no supo reaccionar en el campo de la opinión pública internacional. No ofreció portavoces, no fue proactiva para distribuir su mensaje y, en el extranjero, nunca fue capaz de defender de forma eficaz y continuada el por qué de su decisión. Si hubo una estrategia de comunicación por parte del Kremlin, yo no la vi.

Es cierto que tanto Vladimir Putin como el presidente ruso Dmitry Medvedev afirmaron con gran articulación algunas veces frente a las cámaras que ellos sólo respondieron a una agresión por parte de Georgia. Sin embargo, la audiencia internacional no tiene la obligación de estar sentada frente a un televisor las 24 horas del día para poder escuchar las contadas intervenciones por parte de los líderes del Kremlin. Ese mensaje no se puede dar sólo dos o tres veces. Hay que repetirlo hasta la saciedad para asegurarse de que es escuchado. Georgia lo hizo, Rusia no.

En un mundo globalizado como el nuestro y con un tema tan importante, no basta con creer que uno tiene la razón sobre algo. Hay que saber comunicarlo. Las autoridades rusas se reivindicaron frente a su pueblo, pero perdieron la batalla para dar su punto de vista de forma eficaz a millones de ciudadanos comunes y corrientes de países como Estados Unidos.

Y eso tiene consecuencias negativas para Rusia. Ahora Europa habla de sanciones contra Moscú. Polonia firmó un tratado de misiles frente al que antes se mostraba muy reticente. Países de la ex Unión Soviética presionan para acelerar su entrada en la OTAN. Muchos políticos estadounidenses dicen que Rusia es una nueva amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y que hay que tomar medidas contra Moscú. ¿Cuánto de esto hubiera podido evitar Moscú con una campaña de relaciones públicas masiva y eficiente? ¿Manejó el Kremlin esta crisis?

Por: Pablo Gato, Gato Communications


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