España, el país más grande de Latinoamérica

July 31, 2014

La revista The Washington Diplomat es la publicación diplomática por excelencia en la capital de Estados Unidos, Washington, DC. Es muy popular y conocida entre ese segmento de profesionales. Uno tiene que asumir que una revista cuya audiencia es el mundo diplomático ha de tener un conocimiento muy superior al ciudadano medio sobre la comunidad internacional.

Cada mes dedica su portada a un embajador y a un país. El número de julio le tocó al embajador español ante la Casa Blanca, Ramón Gil-Casares.

El embajador hizo un excelente trabajo a la hora de recalcar los aspectos positivos de España para el inversor estadounidense. También a la hora de explicar las crecientes inversiones españolas en Estados Unidos.

Lo curioso llega cuando, al final del artículo, la revista pone la ficha técnica del país. En el apartado de “tamaño”, lo describe, prepárense, como “el más grande de Sudamérica”. Sí. Les advertí que se prepararan. Sin embargo, ahí no acaba la cosa. Hay un apartado que se llama “independencia” y ahí indica que la fecha de Independencia de España es “1492”.

Es muy grave que la revista por antonomasia de la comunidad diplomática de una capital tan poderosa e influyente como Washington ponga que España es el país más grande de Sudamérica. No importa si fue un error. Estoy seguro que esa publicación jamás hubiera cometido el fallo de, por ejemplo, decir que “Gran Bretaña es el país más grande de Asia” o de África, lugares donde tuvo muchas colonias.

Posteriormente, la página web de la revista rectificó y en el perfil finalmente se nos sitúa como un país en el sur de Europa.

España no sólo no está en Sudamérica, sino que el comentario también indica una ignorancia supina en cuanto al tamaño geográfico de España y el de los países de Sudamérica. Brasil es 17 veces más grande que España, Argentina cinco, Colombia, Perú y Bolivia dos y Venezuela también casi dos. Incluso Chile es apreciablemente más grande que España.

No obstante, a pesar de rectificar el tema del tamaño, lo que continúa en la ficha del país es que la fecha de independencia es 1492. Yo no soy un historiador, pero jamás he escuchado que España tenga una fecha de independencia oficial, como sí es el caso de los países latinoamericanos.

España tuvo un proceso de construcción y sin duda el reinado de Isabel y Fernando de Castilla fue histórico, pero de ahí a decir que la fecha de la independencia de España es la de 1492 va un océano. España ha sido invadida muchas veces y esas invasiones siempre fueron repelidas. Cierto que la invasión árabe fue larga, pero una más.

Lo que parece una mera anécdota expone tristemente el poco conocimiento que hay sobre España incluso entre aliados tan importantes como EEUU, con quien cada día tenemos más lazos de todo tipo.

¿Nombrar embajadores para la Marca España? Fantástico. ¿Visitas de Estado para resaltar el perfil del país? Fantástico. ¿Campañas de marketing y publicidad? Fantástico. Pero resulta obvio que hay que hacer mucho más para dar a conocer España al mundo.

El ex presidente Clinton dijo una vez “Yo repito un mensaje 10 millones de veces y cuando llego a la vez número 10 millones, entonces es cuando la gente me empieza a escuchar”. Y eso lo decía Clinton cuando aún era presidente del país más poderoso que haya existido jamás. Un César moderno.

No existe un pelotazo informativo que eleve el perfil de España a nivel público en la comunidad internacional. Hay que crear un mensaje efectivo, arremangarse y repetirlo millones de veces para que empiece a calar. También hay que entender el público hacia quien va dirigido ese mensaje.

Cuando sea imposible que alguien en una revista como The Washington Diplomat cometa un error diciendo que España está en Sudamérica, significará que estamos consiguiendo el objetivo.

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No aprendí nada en la universidad

July 27, 2014

Esta semana recibí una retahíla de mensajes electrónicos de personas molestas por un comentario que hice en la sección de La Contra del diario La Vanguardia de Barcelona el pasado miércoles 23 de julio.

El periodista Víctor Amela me preguntó qué había aprendido en la Universidad Autónoma de Bellaterra, en Barcelona, cuando estudié Periodismo. Mi respuesta fue “Nada. Cuanto más faltaba a clase, mejor nota tenía”.

Me gustaría dejar claro a qué me refería. En primer lugar, así es como lo veo. No creo que mi paso por la UAB me aportara nada especialmente relevante a nivel académico. Dicho esto, he de añadir que, primero, esa fue la situación vivida hace 30 y, segundo, que no fue un problema de profesorado. De hecho, tuve profesores excelentes. El problema era el plan de estudios.

¿Por qué digo que no aprendí nada? Porque ese plan de estudios estaba basado en memorizar. Para memorizar, nada mejor que un pen drive. La universidad no puede centrar su función en que el alumno memorice como si fuera una máquina carente de razonamiento. Por supuesto, la universidad tiene que aportar un sólido caudal de conocimiento al estudiante, pero su labor fundamental es otra muy distinta.

Lo que hay que potenciar es el pensamiento crítico, el análisis y la innovación, que son las que nos llevarán a ser realmente competitivos. España no va a convertirse en un país punta a base de memorizar. Eso es una aproximación medieval a la educación.

Por otro lado, el plan de estudios de la época no incluía una vertiente práctica efectiva para facilitar la inserción del alumno al mundo laboral. Mi especialización fue la televisión y, cuando comencé a trabajar en el medio, tardé varios años en comprender y dominar el formato televisivo, algo que hubiera podido aprender en la universidad. Ese conocimiento técnico, en su momento, me hubiera hecho mucho más competitivo y sin duda me hubiese ahorrado mucho tiempo.

Los países más ricos, prósperos y avanzados son aquellos que también tienen las mejores universidades. Una universidad pujante e innovadora y liderada por profesores capaces es vital para el futuro de nuestro país. Es necesario dedicarle los recursos que se merece. El futuro son la innovación y el conocimiento y las universidades, como es lógico, tienen que jugar un papel muy importante en ese terreno.

Dicho esto, por favor, que nadie se ofenda tanto por mis palabras. Apliquemos un poco más de humildad al tema y, sobre todo, más realismo.

Hay diversas organizaciones que miden el éxito académico y con diferentes resultados. Mencionemos algunas. Según The Times Higher Education, la primera universidad española que aparece en el ranking mundial lo hace en el número 164. Se trata de la Pompeu Fabra. La segunda es precisamente la UAB, ya en el número 226.

Según Academic Ranking of World Universities, la primera es la UAB en el lugar 201.

Según las últimas estadísticas aportadas por QS World Academic Rankings, la primera también es la UAB, en el número 176. Ya hay varias universidades latinoamericanas mejor posicionadas, como la Universidad de São Paulo (Brasil) en el lugar 139 y la Universidad Autónoma de México en el 146.

Aunque España tiene excelentes escuelas de negocios, los números dejan claro que nos encontramos a una distancia abismal de dónde deberíamos estar en cuanto a la calidad general de nuestras universidades. Sencilla y llanamente, nos falta mucho para estar a la altura de otros países a la hora de crear los profesionales que necesita la economía del presente y del futuro. No generamos la investigación, el conocimiento y la innovación necesarios. Según las Naciones Unidas, España es la economía número 13 del mundo. Parece obvio que nuestra excelencia académica no se corresponde con el peso de nuestra economía, así que creo que sería más efectivo centrarse menos en rasgarnos las vestiduras y, por el contrario, enfocarnos el resolver el problema. Tenemos excelentes profesionales. Aprovechémoslos. Aplaudamos lo que se está haciendo bien y potenciémoslo, pero, especialmente, enfoquémonos en mejorar esta situación.

Estupidez electoral en EEUU

November 1, 2012

Hoy fui a votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Al elegir a mi candidato, cuál fue mi sorpresa al ver que todo el proceso es electrónico y que no queda absolutamente ningún record en papel de lo que yo voté. Sólo se me ofreció la posibilidad de votar electrónicamente. Esto atenta contra el más básico sentido común. Una cosa es que sigamos un proceso electrónico para ser más rápidos y eficientes y otra muy distinta que confiemos completamente en ese sistema y no podamos contrastar los resultados finales con  ninguna otra fuente de información para garantizar que son fidedignos. Eso no sólo es ridículo, sino muy peligroso y hasta me atrevería a decir estúpido.

EEUU insiste sistemáticamente a muchos países del mundo en que tenga unas elecciones transparentes y fiables, ¿pero lo son las estadounidenses? ¿Está totalmente descartado un fraude cibernético en Estados Unidos? ¿Podría incluso un simple error no intencional modificar los resultados? ¿Es el sistema de voto electrónico fiable al cien por cien? ¿Es posible pensar que en algún momento un presidente pueda llegar a la Casa Blanca debido a fallos en el sistema de voto electrónico y no por haber ganado legítimamente las elecciones?

Yo fui asesor de comunicación del Tribunal Supremo Electoral de Guatemala durante las elecciones presidenciales del 2011. En Guatemala se votó con papel, pero los colegios electorales enviaron la información electrónicamente al Tribunal Supremo Electoral para que los votos fueran tabulados más rápidamente y el pueblo guatemalteco supiera lo antes posible quién sería su próximo presidente. Sin embargo, tras enviar el recuento de votos electrónicamente, las papeletas fueron transportadas al tribunal para ser contadas una a una y verificar que la información electrónica fue correcta. La tarea se realizó frente a representantes de los distintos partidos políticos para garantizar la imparcialidad. Eso es un ejemplo de adaptarse a los tiempos y usar los medios cibernéticos de forma razonable e inteligente, pero, al mismo tiempo, conservando el sentido común.

Si estamos eligiendo al líder de los Estados Unidos durante los próximos cuatro años, ¿no es necesario tomar todas las medidas necesarias de precaución para asegurarnos de que el resultado refleje la voluntad de los votantes? ¿Por qué Guatemala puede usar votos de papel y después recontarlos y Estados Unidos no? ¿Cuál es el inconveniente para hacerlo y despejar así cualquier duda sobre un posible fraude o error? ¿Y no es eso especialmente importante cuando la realidad ha demostrado que una elección presidencial puede perderse en EEUU por apenas 537 votos, como ocurrió en la contienda entre Gore y Bush?

Este año la policía austríaca arrestó a un joven de quince años acusándolo de haber penetrado las operaciones cibernéticas de 259 empresas. Pero la lista es larga. Todo tipo de grandes empresas internacionales han sido penetradas por los llamados hackers, incluso las expertas en operaciones cibernéticas. Y la lista se amplía a gobiernos. El propio Pentágono ha admitido que ha sido penetrado cibernéticamente repetidas veces. Y si el Pentágono, con cientos de miles de millones de dólares de presupuesto y con una unidad de élite especializada específicamente en evitar que hackers logren penetrar al Departamento de Defensa, es penetrado, ¿por qué no sería factible poder alterar cibernéticamente los resultados de unas elecciones? ¿Y si fuera un gobierno extranjero enemigo de Estados Unidos el que quisiera hacerlo? Podría usar recursos ilimitados a tal fin.

En un tema tan importante como unas elecciones hay que usar el sentido común y, al final del día, es necesario contar votos en papel para asegurarse de que coinciden con la tabulación cibernética. Estoy completamente a favor de que se pueda votar electrónicamente por los motivos antes mencionados, pero el votante tiene que obtener un record en papel de lo que votó y dejarlo en el colegio electoral para que al final del día haya un recuento de votos fiable. No hay otra forma para que el votante se vaya tranquilo pensando que su voto realmente se contó bien. Es la legitimidad de las mismas elecciones la que está en juego. Es realmente increíble que el gobierno federal tenga un presupuesto de más de 3 billones (trillion) de dólares y que sin embargo no haya invertido una cantidad que sería irrisoria comparada al total en un sistema que despeje cualquier duda sobre la legitimidad del próximo presidente estadounidense.

Hoy fui a votar y cuando vi que no quedaba ningún record en papel de mi voto no pude dejar de pensar que las elecciones de Guatemala podrían ser más fiables que las de los EEUU.

Electoral Stupidity in the USA

November 1, 2012

Today I voted in the US presidential election. When I selected my candidate, I was surprised to see that the entire process was electronic and that there was absolutely no paper trail of my vote. I was only offered the option to vote electronically. This is an attack on the most basic common sense. One thing is to have an electronic process to ensure speed and efficiency and another very different one is that we blindly trust that system and can’t corroborate the final results with another source of information to confirm their legitimacy. This is not only ridiculous but very dangerous and I would even dare to say, stupid.

The US systematically insists that many countries hold transparent and reliable elections, but are US elections held to the same standards? Is cyber fraud completely ruled out in the US? Could even a simple and unintentional mistake alter the results? Is the electronic voting system 100% reliable? Is it possible to think that in the future a US president will make it to the White House not because he or she won legitimately the election but because of imperfections in the electronic voting system?

I was a communications consultant to Guatemala’s Supreme Electoral Tribunal during the 2011 presidential elections. Guatemalans voted on paper ballots but the voting sites electronically transmitted the voting totals to the Supreme Electoral Tribunal so that the votes could be tallied more quickly and Guatemalan voters could know who would be their next president as soon as possible. However, after sending the tally electronically, the ballots were taken to the Tribunal to be counted one by one and to verify that the electronically-transmitted tallies were correct. This was done before representatives of the different political parties to guarantee the impartiality of the process. This is an example of adapting a process to the times and using cyber/electronic transmission systems in a reasonable and intelligent way, but at the same time using common sense.

If we are electing the US’ leader for the next four years, wouldn’t it be necessary to take all the necessary precautionary measures to ensure that the results reflect the voters’ choice? Why can Guatemala use paper ballots to tally and the United States not? What is so inconvenient about doing this to cast aside any doubt about the possibility of fraud or error? And isn’t this especially important when a presidential election in the US can be lost by 537 votes, as happened with Bush-Gore?

This year, Austrian police arrested a 15 year old and accused him of having breached the cyber operations of 259 companies. This is just an example of a long list. Every kind of international corporation has been breached by so-called hackers, including those companies that are experts in the matter. And add to that list government institutions. The Pentagon itself has admitted that it has been hacked several times. And if the Pentagon, with a budget in the hundreds of billions of dollars and a special elite division that specifically works to prevent hacking of the Department of Defense, is penetrated, how can it then not be possible to alter the results of an election in the same way? And if it were an enemy country of the United States who wished to do it? It could use its unlimited resources to achieve it.

When dealing with an issue as important as elections we must use common sense and, at the end of the day, it’s necessary to count paper ballots to ensure they match the electronically-transmitted results. I’m in complete agreement with electronic voting for the reasons outlined earlier, but voters should have a paper record of their vote to be able to turn it in at the voting sites so that there can be a reliable vote recount. There is no other way to ensure that the voter is certain that his or her vote truly counted. It’s the very legitimacy of the election that is at play. It’s truly incredible that the federal government has a budget of over three trillion dollars and that it hasn’t invested what would amount to a ridiculously small amount of money to have a system that would clear any doubt about the legitimacy of the election of the next US president.

I voted today and when I saw that there wasn’t a paper trail of my vote, I couldn’t help but think that the Guatemalan election could actually be more reliable than ours.

Politically Correct Photos

April 21, 2012

Several years ago I found a book in a flea market the likes of which I’d never seen before. It’s a collection of macabre photos of dead soldiers in the field of battle. They are a faithful representation of the reality of war.

The soldiers had died in the most horrible ways and their bodies were perfect reflections of their last suffering. Heads cut in half, bodies ripped apart, extremities abandoned in the battlefield, panic etched on their faces, uniforms drenched in blood.

This book could never be published nowadays. Nobody would dare to use these photographs in any publication. Today’s war photos have to be aseptic, politically correct. That is, they can’t convey the reality of war.

The book made a big impact on me, but far from thinking that it is inappropriate, I would actually suggest that it should be required reading for any person in favor of sending troops to a war zone. It may be a cliché, but I do believe that it’s often true that if those who declared war had to actually fight in one, without a doubt, there would be fewer wars.

This also applies to the general public. Wars must be the very last option for a nation; however, too often this has not happened. That is why it’s necessary that those who are in favor of going to war clearly see the human cost of these wars, because one thing is to know about it intellectually and a very different one is to see the shattered bodies in a photo.

I wish that those in favor of wars would go to those battlefields to see those corpses in person but, since that isn’t possible, at least they could see the consequences of the war in a photograph. That is the reality faced by the young and brave soldiers that are sent to fight in those conflicts. The least we can do for these patriots is to faithfully convey the extremely difficult situation they are faced with. This would also let us understand much better the problems they face when coming back to their lives after the war.

Sadly, sometimes war is unavoidable, although many times it isn’t and there are many people too eager to shout for war to solve a problem without having the least notion of its implications. Or without caring because neither they nor their relatives will have to fight. Their only contact with that war are the sterilized photos in newspapers and the politically correct videos broadcast in the news. No, we need books like the one I found at the flea market, a true visual slap in the face for readers so they truly understand that war isn’t a video game, but a true tragedy, the worst situation imaginable.

Even though the United States has lost many lives in different conflicts, it hasn’t suffered a war on its territory since its Civil War. The only exception is the Japanese attack on Pearl Harbor which led to the United States fighting in World War II. That is, many families have lost loved ones in the two World Wars as well as in conflicts such as Korea and Vietnam, but for the majority of the population, fortunately, these conflicts have not led to losses in their families. Unless it’s a family with members in the Armed Forces, this leads to the general population often seeing these wars as far off events, not directly affecting their daily lives and the lives of their families.

And now there is a controversy because The Los Angeles Times published photos of some US soldiers posing with the bodies of dead Taliban in Afghanistan. This is a different issue, since even the US Armed Forces have stated that this was inappropriate behavior. However, it also addresses the issue at hand about whether or not the images of war should be shown by the media sanitized or as they truly are.

As I said before, sometimes war is necessary. Diplomatic language and nice words would not have stopped Hitler during World War II. There had to be a war and its cost was enormous: over 50 million dead. Nevertheless, the nation was willing to make the sacrifice and there were millions of volunteers ready to fight and stop Hitler.

The people most opposed to going to war are generally those who have had to fight one previously. The reason is because they understand very well what it means. Sometimes war is necessary, but even if that is the case, I think it’s essential that the public understand as clearly as possible the implications of war for those who must die or be injured in the field of battle, and this doesn’t even address the psychological effects of having to live such a hellish experience. Hopefully every once in a while the photos shown by the media will reflect that reality.

Fotos políticamente correctas

April 20, 2012

Hace unos años encontré en un mercado callejero, o flea market, un libro como nunca antes había visto. El libro era una colección de macabras fotos de soldados muertos en la guerra. Las fotos representaban fielmente lo que es cualquier conflicto armado.



Los soldados habían sufrido muertes horribles y los cadáveres reflejaban perfectamente ese último sufrimiento. Cabezas partidas por la mitad, cuerpos destrozados, extremidades abandonadas en los campos de batalla, rostros con el pánico grabado en su semblante, uniformes inundados de sangre. 


Ese libro jamás podría ser publicado hoy en día. Nadie osaría poner esas fotos en ninguna publicación. Hoy las fotos de las guerras tienen que ser asépticas, políticamente correctas. Es decir, no pueden reflejar lo que son las guerras. 
 


El libro me causó una gran impresión, pero lejos de pensar que es algo inapropiado, yo más bien lo sugeriría como lectura obligatoria para cualquier persona que esté a favor de enviar tropas a una guerra. Es un cliché, pero yo sí creo que, en muchas ocasiones, es cierto el dicho de que si quienes declaran las guerras tuvieran que lucharlas, sin duda habría muchas menos guerras. 


Lo mismo aplica para la población en general. Las guerras tienen que ser absolutamente el último recurso de un país y demasiadas veces vemos que ése no es el caso. Por eso es necesario que quienes están a favor de ir a una guerra al menos vean claramente el costo a nivel humano de las mismas, porque una cosa es saberlo a nivel intelectual y otra muy distinta ver los cadáveres destrozados en una foto.

Ojalá que quienes están a favor de una guerra pudieran ir a los campos de batalla a ver esos cadáveres en persona, pero ya que eso no es posible, al menos que puedan ver en una fotografía las consecuencias de esa guerra. Esa es la realidad a la que se enfrentan los jóvenes y valientes soldados que se envían a pelear esos conflictos. Lo menos que podemos hacer por esos patriotas es reflejar fielmente la extremadamente difícil situación a la que se enfrentan. Eso también nos permitiría comprender mucho mejor los problemas a los que posteriormente se enfrentan cuando regresan a la vida civil.

Por desgracia, las guerras a veces son inevitables, pero otras muchas veces no y hay demasiadas personas que cantan alegremente el grito de guerra para resolver un problema sin tener ni la más remota idea de lo que implica ir a una guerra. O sin importarles porque ni ellos ni su familia las van a luchar. Su único contacto con esa guerra son las fotos asépticas que ven en los diarios y los vídeos políticamente correctos que emiten los noticieros. No, necesitamos libros como los que encontré en el flea market que supongan una verdadera bofetada visual en el rostro de quienes los lean para que entiendan bien que una guerra no es un video juego, sino una verdadera tragedia, la peor situación imaginable.


Aunque Estados Unidos ha perdido a muchos soldados en diferentes conflictos, no ha sufrido una guerra en su propio territorio desde su Guerra Civil. La única excepción de un ataque fue el japonés a Pearl Harbor, que motivó la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Es decir, muchas familias han perdido a sus seres queridos en las dos Guerras Mundiales o los conflictos en Vietnam o Corea, pero para la mayoría de la población, afortunadamente, esos conflictos no han supuesto pérdidas de familiares. A menos que se trate de una familia con miembros en las Fuerzas Armadas, eso hace que muchas veces la población vea esas guerras como algo distante, no como algo que afecte directamente a sus vidas diarias y a las de sus familias. 


Ahora estamos en una polémica porque el diario Los Angeles Times publicó las fotos de unos soldados estadounidenses posando junto a cadáveres de talibanes muertos en Afganistán. Ese es un tema distinto, ya que las propias Fuerzas Armadas estadounidenses afirman que ése ha sido un comportamiento inapropiado. Sin embargo, también toca el tema de fondo de si las imágenes de la guerra deben ser enseñadas a través de los medios de comunicación de forma aséptica o bien real.


Como dije antes, a veces las guerras son necesarias. Unas diplomáticas y suaves palabras no hubieran servido para detener a Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Hubo que ir a la guerra y el precio a pagar fue enorme: más de cincuenta millones de muertos. No obstante, el pueblo estuvo dispuesto al sacrificio y había millones de voluntarios dispuestos a luchar y a morir para detener a Hitler.

Las personas más reacias a entrar en una guerra son generalmente quienes las han vivido. El motivo es porque entienden muy bien lo que eso significa. A veces es necesario, pero incluso si ése es el caso, me parece necesario que la población entienda lo mejor posible lo que implica esa guerra para quienes tienen que mutilar su cuerpo o morir en los campos de batalla, por no hablar de los efectos psicológicos de estar expuestos a un infierno semejante. Ojalá que de vez en cuando las fotografías que enseñan los medios de comunicación reflejaran esa realidad. 


Clean Slate

April 12, 2012

Our firm specializes in crisis management and training spokespersons to efficiently convey their message to the media, or Media Training. However, if the Miami Marlins baseball team called on us to manage the crisis brought about by their manager, Ozzie Guillén, our answer would have to be: “Up till now you have handled the situation poorly. Regardless, we’re sorry but this situation is unfixable. The only solution is to clean the slate and, also, do it as quickly as possible.”

For those who may not be aware of it, Ozzie Guillén, a 48 year old US citizen born in Venezuela, told Time Magazine that “I love Fidel Castro… I respect Fidel Castro, you know why? A lot of people have wanted to kill Fidel Castro for the last 60 years, but that… is still here.” Guillén also used a profanity that was most inappropriate for someone who not only represents a professional sports franchise but also a city: Miami.

We’re in a country where freedom of speech is respected. Anyone has the right to say his or her opinion and defend it in public. However, it’s clear that praising Fidel Castro in a city like Miami, the capital of the Cuban diaspora, doesn’t precisely show great sensibility towards the city’s Cuban community.

On the other hand, just like Guillén can have an opinion, that’s also a right of Miami’s Cuban community. Especially if we take into account that it is the citizens of Miami who buy tickets to see the Marlins play. And that doesn’t take into account the $487 million in public funds spent to build their stadium which, likewise, were paid by taxpayers. Paradoxically, a stadium located in the very heart of Little Havana, one of the most emblematic places for Cuban exiles.

The Marlin organization distanced itself from his comments and suspended Guillén for five games, adding that his salary for those days would be donated to charitable organizations. Guillén held a press conference where he apologized and said that his comments were misunderstood.

Time Magazine isn’t a second-rate publication. It is one of the most important media organizations in the world. I just can’t believe that it’s reporters would publish something like this, knowing the controversy it would stir-up, if they didn’t have concrete proof of these having been Guillén’s exact comments. If they had distorted the manager’s comments, I assume that Time would be sued for millions of dollars for seriously damaging Guillén’s image and career.

In any crisis where an organization or a person have made a mistake, asking for forgiveness is the first step to beginning to resolve the crisis. However, in this case, I don’t think it will solve anything. First of all, Guillén apologized but never rectified his opinion of Castro. However, even if he said today that Castro is a dictator, his words would probably not be seen as credible by Miami’s Cuban community. They’d likely be perceived as an attempt to hold on to his job and his $10 million salary. Secondly, his body language during the press conference didn’t seem to match with what he was saying. It’s important to remember that 80% of someone’s credibility is conveyed by their body language and not the actual message.

On the other hand, the sanction imposed by the Marlins is probably hurting rather than helping them. It seems clear that Guillén has lost the Cuban community’s support, a fundamental fan base for the team. The longer they take to decide to get rid of this manager, the more damage it will do to their relationship with this Cuban community. Guillén has every right to give his opinion and the Marlins also have every right to fire him if they realize that they have lost the support of the community they represent.

 In circumstances such as this one, Media Training or crisis management have very limited value. Guillén also faces another problem because now he can’t make anybody happy. Not Miami’s Cuban community nor Fidel Castro’s supporters. The first because he offended them and the others because of his attempt to take back what he said.

Borrón y cuenta nueva

April 11, 2012

Nuestra empresa se especializa en manejo de crisis y cómo entrenar a representantes de organizaciones para transmitir con eficacia su mensaje a la prensa. Estos últimos son los llamados cursos de Media Training. Sin embargo, si el equipo de béisbol de Miami, los Marlins, nos llamara para manejarles la crisis que ha creado su entrenador, Ozzie Guillén, nuestra respuesta sería: “Hasta ahora han manejado mal la situación. Independientemente de eso, lo sentimos pero esto no hay quien lo arregle. La única solución es borrón y cuenta nueva y, además, hacerlo lo más rápido posible”.

Para quien no esté al corriente de lo ocurrido. Ozzie Guillén, de 48 años y ciudadano estadounidense nacido en Venezuela, declaró a la revista Time que “Yo amo a Fidel Castro. Yo respeto a Fidel Castro. ¿Sabes por qué? Mucha gente ha tratado de matarlo durante los últimos sesenta años, pero ese… todavía está ahí”. Guillén añadió a la frase una expresión grosera y muy poco apropiada para una persona que representa no sólo a una institución deportiva de primera línea, sino también a una ciudad: Miami.

Estamos en un país donde se respeta la libertad de expresión. Cualquier persona tiene derecho a expresar su opinión y defenderla públicamente. Sin embargo, digamos que elogiar a Fidel Castro en una ciudad como Miami, la capital del exilio cubano, no es precisamente una gran muestra de sensibilidad hacia la comunidad cubana de esa ciudad.

Por otro lado, igual que Guillén puede dar su opinión, ése es un derecho del que asimismo gozan los cubanos de Miami. Especialmente si tenemos en cuenta que son los miamenses quienes compran las entradas para ir a ver a los Marlins. Es decir, quienes pagan el sueldo a Guillén. Eso sin incluir los 487 millones de dólares de dinero público usados por el equipo para construir su estadio que, igualmente, pagan los contribuyentes. Paradójicamente, un estadio en pleno corazón de La Pequeña Habana, uno de los lugares más emblemáticos del exilio cubano.

La organización de los Marlins se distanció de esas declaraciones y suspendió a Guillén por cinco partidos, añadiendo que su sueldo de ese período será dado a organizaciones de caridad.  Guillén realizó una conferencia de prensa donde se disculpó y dijo que sus palabras se habían malinterpretado.

La revista Time no es un periodiquito de barrio. Es una de las organizaciones periodísticas más importantes del mundo.  Me cuesta mucho pensar que sus periodistas van a publicar algo así, conscientes de la controversia que va a despertar, si no tienen pruebas documentales de que eso fue exactamente lo que dijo Guillén. Si hubieran distorsionado las palabras del entrenador, asumo que Time recibiría una demanda millonaria por haber dañado seriamente la imagen y la carrera profesional de Guillén.

En cualquier crisis donde la institución o la persona hayan cometido un error, pedir disculpas siempre es el primer paso necesario para comenzar a resolver esa crisis. Sin embargo, en esta ocasión creo que no servirá para nada. En primer lugar, Guillén se disculpó, pero nunca rectificó su opinión sobre Castro. No obstante, aunque hoy dijera que Castro es un dictador, sus palabras seguramente no serían percibidas como creíbles por parte de la comunidad cubana de Miami, sino más bien como un intento por conservar su trabajo y su sueldo de diez millones de dólares. En segundo lugar, su lenguaje corporal durante la conferencia de prensa no parecía coincidir con lo que decían sus palabras. Hay que recordar que el 80% de la credibilidad de una persona está en su lenguaje corporal, no en el mensaje en sí.

Por otro lado, la sanción impuesta por los Marlins posiblemente está perjudicando más a la institución que no favoreciéndola. Parece claro que Guillén ha perdido el apoyo de la comunidad cubana, una base fundamental para el futuro del equipo. Cuanto más tarden en tomar la decisión de cambiar de entrenador, más daño se producirá en su relación con esa comunidad cubana. Guillén tiene todo el derecho del mundo a dar su opinión y los Marlins también a destituirlo si consideran que ha perdido el respaldo de la comunidad a la que representa.

En circunstancias como éstas, el Media Training o el manejo de crisis tienen un valor muy limitado. El problema adicional para Guillén es que ahora podría no quedar bien con nadie. Ni con la comunidad cubana de Miami ni con quienes simpatizan con Fidel Castro. A unos porque los ofendió y a otros porque ahora está intentando rectificar sus palabras.

Gato Communications en los sellos de correos

October 18, 2011
La empresa de asesoría en comunicación Gato Communications está estrenando un sello de correos. El sello ha sido diseñado especialmente para esa compañía y puede ser usado para enviar cartas a cualquier parte del mundo a través del servicio de correos de Estados Unidos, el USPS. El sello recoge el logo de Gato Communications.

Sellos de Gato Communications

Gato Communications es una empresa que asesora a gobiernos, instituciones, corporaciones, expertos y organizaciones sin ánimo de lucro a cómo comunicarse mejor para elevar su impacto, reputación e imagen. En el caso de las corporaciones, para aumentar su clientela y desarrollo de negocio. La especialidad de Gato Communications son los cursos de Media Training o  entrenamientos para aprender a construir mensajes eficaces y que tengan gran impacto público.

Gato Communications imparte estos cursos en español e inglés en todo el mundo. Para más información, por favor visítenos en www.gatocommunications.com.

“Este sello nos llena de alegría porque es una herramienta de marketing perfecta para continuar diseminando el nombre de la empresa. Nuestro logo estará a partir de ahora viajando por cartas que vayan a todos nuestros clientes en Latinoamérica,  Europa, Asia y África”, declaró Pablo Gato, CEO de Gato Communications.

Gato Communications on postage stamps

October 18, 2011

The consulting firm Gato Communications debuts a postage stamp. The stamp was designed especially for the company and can be used to mail letters anywhere in the world through the US Postal Service. The stamp depicts Gato Communications’
logo.

Gato Communications stamps

Gato Communications advises governments, institutions, corporations, experts and non-profit organizations how to communicate better to raise their impact, reputation and image. Regarding corporations, this assists them to increase their client base and further develop their business. Gato Communications specializes in Media Training where our clients learn how to build effective messages that result in greater public impact.

Gato Communications offers its media training courses in English and Spanish all over the world. For additional information, please visit us at www.gatocommunications.com.

 “We are thrilled with this stamp because it’s the perfect marketing tool to continue spreading our name nationally and internationally. From now on our logo will be traveling on letters to our clients in Latin America, Europe, Asia and Africa,” said Pablo Gato, CEO at Gato Communications.